Star Wars: El despertar de la fuerza.

Episodio VII: un digno heredero

La nueva entrega de una de las franquicias cinematográficas más potentes del mundo es un enérgico homenaje a la trilogía ochentera que cautivó a toda una generación. Reseña.

2015/12/17

Por Christopher Tibble

El consenso ha sido universal, o casi: Episodio VII: El despertar de la fuerza, la más reciente entrega de la saga de La guerra de las galaxias, sació la enorme expectativa de millones de fanáticos y críticos alrededor del mundo. El aclamo es comprensible. La película no solo se desentendió de las desastrosas precuelas que George Lucas filmó entre 1999 y 2005 (episodios I, II, III) sino que le dio continuidad a la estética, el humor y los personajes que inmortalizaron la trilogía original. Se trata de un producto meticuloso, sin demasiados riesgos, consciente de que no debía extraviarse de lo que el público esperaba. Y cumple, con creces.

La película transcurre 30 años después de Episodio VI: el retorno del Jedi y tiene un guion similar a la cinta original, Episodio IV: Una nueva esperanza. Hay, nuevamente, dos bandos opuestos: los herederos del orden fascista del Imperio y los rebeldes, aliados con la Nueva República. Hay, también, un droide que, en apuros, debe cargar información sensible; un héroe improbable, perdido entre las dunas de un planeta desértico; un par de contrabandistas arrogantes, pero sensibles, cuyo camino se entrelaza con el de los protagonistas; una batalla espacial; una enorme explosión. También hay escenas que evocan la parafernalia de la primera cinta, guiños para los fanáticos, pero que no parecen faltos de creatividad, sino más bien homenajes bienintencionados.

De todas formas, más allá del sinfín de paralelos concretos, la principal similitud de Episodio VII con la trilogía original es su tono. La película, al igual que los Episodios IV, V, VI, emociona. Es una cinta de aventura en el mejor sentido de la palabra. La cámara, dirigida con maestría por J.J. Abrams, genera vértigo y expectativa. Los héroes visitan varios planetas, se enfrentan con un puñado de adversarios distintos y evolucionan a medida que sus aventuras empiezan a generarles recuerdos comunes. La fuerza vuelve a ser una entidad misteriosa, una energía espiritual, y los sables de luz recuperan su importancia: es decir, pasan a un segundo plano, y no son empleados con exceso para saciar la adrenalina del público adolescente.

La película también retoma la piedra angular de La guerra de las galaxias: el drama familiar. Pues, a pesar de todos los viajes a la velocidad de la luz y la profusión de alienígenas y dialectos, la saga siempre se ha tratado de la historia de una familia disfuncional, freudiana, cuyas relaciones parten de complejos edípicos, envidias y venganzas. En Episodio VII la familia, valga decirlo, es la misma: una nueva generación debe debatirse entre el bien y el mal, la luz y la oscuridad, el amor y el odio. La fórmula funciona, y en esta entrega es incluso más interesante, pues la nueva camada Skywalker ya no solo cuenta con un referente (el papá siniestro), sino con nuevas y distintas relaciones familiares.

Quizá el mayor acierto de Disney (los propietarios de Lucasfilm) fue haber involucrado de nuevo al guionista Lawrence Kasdan, responsable de escribir los episodios V y VI, así como de haber participado en la creación de Indiana Jones. Kasdan, junto a J.J. Abrams y Michael Arndt (Little Miss Sunshine), redactó un guion donde se aprecia una ingenuidad que difícilmente se encuentra en las películas de hoy. No una ingenuidad infantil, sino más bien nostálgica, que pertenece al cine de aventura clásico, de héroes y villanos, y que en buena parte fue la responsable del éxito de la trilogía original.

Si bien hay quienes dirán que El despertar de la fuerza toma demasiados elementos prestados de Episodio IV: una nueva esperanza, la película también tiene suficientes giros y personajes nuevos para tener vida propia. Quizá su única falla es que se acelera hacia el final, e intenta comprimir en media hora tanta información que digerirla resulta dificil. Su final, de todas formas, emocionará a cualquiera. Y quizás ese es otro homenaje a Una nueva esperanza: pues al igual que la conclusión de la película original, genera suficiente expectativa como para asegurar que el 26 de mayo de 2017 millones de personas harán enormes filas para ver Episodio VIII.

Vea aquí el especial completo sobre Star Wars.

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