Antonio Banderas en 'Los 33'.

Un homenaje enterrado

Después de un lustro de rumores y adelantos, el 20 de agosto se estrenó en salas del país la historia de los mineros que sobrevivieron 70 días bajo tierra en una mina chilena. Una historia que daba para mucho más.

2015/08/21

Por Christopher Tibble

El episodio tenía todos los elementos para triunfar en el cine. Se trataba, en últimas, de la heroica hazaña de supervivencia de 33 mineros soterrados 700 metros bajo tierra durante más de dos meses; de cómo varios países cooperaron para ejecutar una operación de rescate que superó los 10 millones de dólares; de la manera en que un accidente conmovió al mundo entero y terminó por enarbolar el sentimiento patriótico de todo un país; de una serie de personajes entrañables, como Mario Sepúlveda, quien asumió el liderazgo del grupo y racionó la escasa comida de emergencia que se encontraba en el refugio, o Jhonny Barrios, cuya accidentada vida romántica alcanzó cobertura mundial durante el rescate de los mineros en 2010. Con todos estos factores resultaba casi imposible que fracasara Los 33, una cinta que además contaba con una producción internacional y un elenco de estrellas liderado por Antonio Banderas y Juliette Binoche. Los responsables, sin embargo, se las ingeniaron para crear una película de cajón que ni emociona ni conmueve. Y las razones son varias: desde el idioma hasta el ritmo, pasando por los personajes.

La posibilidad de que el largometraje no funcionara ya había sido señalada por el diario The Guardian. El 29 de julio, y a pesar de querer darle el beneficio de la duda, el periódico británico compartió el tráiler con la siguiente advertencia: “El largometraje tendrá uno de los diálogos más cursi jamás acuñado: ‘Eso no es una piedra, sino el corazón de la montaña, ¡y finalmente se rompió!’”. Si bien esa frase es de lejos la peor de Los 33, vale aclarar que las palabras murmuradas por Sepúlveda (Banderas) justo después del derrumbe no son en español. Son, como el resto de diálogo, en inglés. Y ese es el primer error de la cinta: pues si bien ya resulta exasperante la pretensión hollywoodense de grabar en inglés acentuado cintas que transcurren en otros países, en este caso la traducción cobra una nueva dimensión cuando se toma en cuenta que la película fue dirigida por una mexicana (Patricia Riggen) y que se trató de una coproducción entre Estados Unidos, Chile y Colombia.

Además de inverosímil, el inglés macheteado de los personajes solo termina por dificultar la inmersión del espectador. Pero el lenguaje no es el único problema de la película. Por otro lado, el derrumbe de la mina sucede casi de entrada, cuando la cinta apenas está empezando a esbozar la personalidad de los protagonistas. Ante la falta de información, cuesta trabajo involucrarse con los dramas personales de unos hombres que, valga decirlo, ya se sabe que van a ser rescatados. Como Banderas afirmó a USA Today, con el desenlace resuelto, la tensión de la cinta debía radicar en las historias íntimas de los 33, en su desespero, en su interacción. “Ya todos sabemos el comienzo y el final de la historia. Yo descubrí otra historia, una desconocida. Esa fue la que intentamos contar. Tratamos de ponerle una lupa al comportamiento humano que surge cuando la muerte está frente a ti”, afirmó el actor español.

La película, sin embargo, hace lo contrario. En vez de matizar y visibilizar el proceso interno que generaría una situación así de angustiante, la cámara se escapa a la superficie cada vez que las escenas dentro de la mina empiezan a tornarse interesantes. Como si Riggen no quisiera obligar al espectador a soportar por demasiado tiempo un escenario oscuro y sin muchas alternativas narrativas al diálogo, constantemente abandona la mina para mostrar, a veces en tono jocoso, la consternada cara del Ministro de Minas, el cubrimiento de los medios de comunicación o la interacción entre los familiares de los mineros. Así, la directora logra disolver cualquier ápice de tensión que podría surgir después de, por ejemplo, la última repartición de comida o la crisis psicótica de uno de los trabajadores. Riggen quizá tomó esa decisión porque quería mostrar todas las facetas del rescate. Pero al intentar resaltar la importancia mediática del evento, y cada parte de su engranaje, pierde su enfoque y termina por abreviar lo que realmente importa: la historia de supervivencia de los mineros.

Cuesta trabajo no comparar Los 33, en la que actuaron los colombianos Gustavo Angarita y Juan Pablo Raba, con Viven (1993), la producción estadounidense que retrató los estragos por sobrevivir de un equipo de rugby uruguayo después de que su avión se accidentara en una inhóspita cumbre de los Andes. Ambos episodios no solo transcurrieron en Chile, sino que además estuvieron basados en hechos reales. Pero sus adaptaciones cinematográficas se diferencian en un punto crucial. Viven triunfó donde Los 33 fracasó: la cámara –y la tensión– permaneció con los personajes.

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