El escritor, guinoista y periodista Ricardo Silva.

“Una película es buena cuando cumple lo que promete”

El escritor Ricardo Silva habló con Arcadia en el marco del taller que dictará del 11 al 27 de agosto en el edificio de Publicaciones Semana. A modo de invitación, conversó sobre Hitchcock, las características de los cinéfilos y las secuelas de ver demasiado cine.

2015/07/28

Por RevistaArcadia.com

¿Qué puede aprender alguien que asista al curso de cine de Obra Semana?

Yo soy alguien que escribe ficción, ese es mi trabajo. También he sido periodista desde 1998 y fui crítico de cine de la revista Semana durante 12 años. Empecé apenas me gradué de hacer una maestría en cine, con énfasis en guion. Soy alguien que conserva un afecto muy grande por el cine, así como por el fútbol. Esa pasión que uno puede tener por los equipos que le gustan y por ver los torneos que lo obsesionan, en ese nivel pienso hablar, y creo que lo haré como cuando era crítico de cine, sin presumir que la gente es experta. No voy a hablar desde una altura pues hablar de cine es como hablar de fútbol: uno habla de igual a igual porque todo el mundo ve lo mismo.

¿Qué tres directores y películas le recomienda a la gente que va a ir al curso?

De la historia del cine, a mí me parece que el mejor es, pero es por supuesto personal, Alfred Hitchcock, probablemente el mejor de lejos. Luego Billy Wilder, y para el tercero tendría muchos problemas porque quisiera encajar a muchos, desde Orson Welles hasta Martin Scorsese. Si me tocara elegir a uno escogería a Scorsese. En cuanto a las películas, elegiría La venta indiscreta de Hitchcock, me parece que es perversa, inteligente, paródica, y contiene una cantidad de elementos que uno puede explotar e interpretar con éxito. A mí me gusta mucho la trilogía del padrino, y ahí hay una trampa: las pegarías a las tres, incluso la tercera, que mucha gente la desprecia, pero que a mí me parece una gran película. Y la tercera en la lista me la jugaría por Sunset Boulevard, de Billy Wilder, que no aparece entre las mejores diez de la historia, pero si a veces entre las veinte.

¿En el engranaje de una película, cuál es la parte más importante?

Es difícil la respuesta porque una buena película es sobre todo un milagro. Es muy raro que haya una buena película porque puede fallar en muchos momentos. Si usted ya logró el primer gran reto que es tener un muy buen guion, que es realmente difícil, puede pasar que sufra de malos actores ese guion, y ahí se acabó. Es muy raro que una película tenga malas actuaciones y sobreviva. Usted puede tener un director convencional, simple, que simplemente se aproveche de su equipo y sale adelante, pero con actores malos eso no va a funcionar. O también puede pasar que falle algo en el momento del montaje. Si no falló en la producción, si no se dañó el tiburón en Tiburón, si no salió mal el clima en las grabaciones, puede pasar que cuando ya está todo filmado, en la sala de edición fracase, que se vea que nada funciona, que se borre algo o que se queme, como antes pasaba. Quizá una de las mejores películas colombianas es El embajador en la India, porque es el retrato del colombiano más colombiano que usted puede hacer. Pero está interpretada por grandes actores pero con actrices muy malas, y es lamentable ver como esa película falla ahí.

Hay gente que ve el cine como entretenimiento y otra como cultura. ¿Usted cómo lo ve?

En el más estricto de los sentidos, toda ficción es en el fondo entretenimiento. Es un juego de cierto modo, cualquier ficción o novela, por más James Joyce o Marcel Proust que sea, o cualquier película por más Andréi Tarkovski o David Lynch que sea, todas están presentando un enigma que el espectador tiene que descifrar. Es un juego que se propone, en el que se finge la realidad y se le está dando sentido para que se interprete y se discuta con ello. Hay gente que trata de partir el cine en cultura y en espectáculo. En cierto modo tienen propósitos diferentes. El de cine club, el de autor, pretende expresar lo mismo que un novelista o un poeta: un mundo particular, una manera de organizar el mundo de forma personal. Pero ahí se corre el riesgo de pensar que ese cine es mejor necesariamente. Las salas pequeñas del mundo están llenas de películas aburridísimas hechas por autores. Fallidas, y complejas para mal. Hay películas comerciales extraordinarias como El Padrino, Volver al futuro o Groundhog Day.

Entonces si no tiene que ver con si es comercial o no, ¿para usted cuál es el secreto de una buena película?

Creo que una película no es buena por ser de ninguno de esos equipos, sino porque cumple lo que promete. Y esa promesa la hace la película al principio, en sus primeras escenas, algo que se puede decir de cualquier ficción. Ahí se propone un tono, una historia, y advierte de quién es y qué se debe esperar. Una comedia romántica promete una comedia romántica, que uno sabe que va a acabar bien, pero que intenta proponer que no va a acabar bien. Y una película como el Sexto sentido, por ejemplo, arranca con un bombillo que se va encendiendo trémulo y desde ahí nos está diciendo que va a ser sobre el borde entre lo que vemos y no vemos. Hay películas que prometen un montón de cosas pero nunca las cumplen. Esas son las que no funcionan. Las comedias románticas malas son las que uno ve que no hay líos o problemas que las justifique. O películas de desastres realmente malas. Desastrosas no por el contenido sino por la ejecución.

¿Qué caracteriza a un cinéfilo?

Creo que un cinéfilo se parece mucho a un futbolero. Porque tiene ocupado gran parte de su disco duro por datos inútiles, muchos datos inútiles como quien fue el director de fotografía de Doctor Zhivago o quien hace la música de Desayuno en Tiffany’s, cosas similares a pensar quienes hicieron los goles de Colombia en el 4-4 con Rusia. Datos que otra gente recopila en materias mucho más importantes como la historia, o la ciencia. El cinéfilo y el futbolero parecen resignados a que la vida sea eso: un juego o una diversión, parece ser gente que da por hecho que aquí en la vida lo único que hay que hacer es reírse o divertirse porque no hay mayor cosa que se vaya a lograr. Yo no sé porque hay tantos cinéfilos gordos, mucho gordo de estar tanto sentado, y siempre están como manchados de comida, porque comen a oscuras. Eso no está bien. Gente como barbada, parecen echados a la pena pero en verdad están disfrutando mucho. Hay mucha gordura en el cinéfilo, eso habría que analizarlo en algún ensayo. Usualmente es gente muy pacífica, como los metaleros. Son dulces y con vocecitas. Son tipos que cada lunes están pendientes de cómo quedó la taquilla en Estados Unidos y la discuten con preocupación. Es gente a la que es fácil tenerle cariño. Yo iba cuatro veces por semana a cine con cinéfilos cuando era crítico y era gente muy dulce, y formaban una especie de curso de colegio donde no había matón porque todos eran nerds.

¿Y usted se considera un cinéfilo?

Sí, porque hay algo que caracteriza a los cinéfilos. Y es que el amor por ver la película es todo. Es decir, puede ser mala pero no pasa absolutamente nada. Esa es la mayor característica. Lo que hace que un futbolero vea un partido del fútbol mexicano frescamente. Y la gente se pregunta que por qué está perdiendo su vida en eso. O, peor aún, que vea un partido de fútbol colombiano, y sufra por Millonarios como es mi caso. Hay algo muy infantil allí, como una reconstrucción de una emoción que se sentía cuando era niño. Como una renovación de esa emoción a la manera de un rito, y eso pasa con las películas. Uno las ve cuando son malas para reírse y cuando son buenas para no poderlo creer. Y yo en esa medida sí lo soy.

Yo creo que todo cinéfilo tiene una primera película, un primer momento en el que dice: listo, esto es lo que me gusta. ¿Cuál fue esa película para usted?

Yo creo que cuando yo fui consciente de que quería seguir viendo películas debió ser en el año 82, y creo que tuvo que ver con una película de la serie de La guerra de las galaxias llamada El imperio contraataca. Es una película del año ochenta, yo tenía cinco años y la fui a ver. Mi personaje favorito era por supuesto Han Solo, porque Luke está muy hecho en la vida, todo le va a salir bien. Es como lo que pasa con Mickey Mouse y el Pato Donald, uno tiene que ir por el segundo porque al primero no le va a pasar nada grave. Esa experiencia fue muy fuerte y luego pensaría que ver E.T. tuvo muchos efectos. Creo que solo la música afecta tanto como el cine. Cuando una película funciona uno siente exactamente eso: como si tuviera cinco o seis años.

¿Alguna vez ha considerado hacer una película?

Pues estudié guiones y he escrito algunos, casi siempre porque un amigo actor le entran ganas de que los escribamos. Los hemos escrito y los productores siempre han estado muy entusiasmados, pero siempre ha sido iniciativa de alguien más. Yo difícilmente tengo ideas para hacer una película. A mí se me ocurren libros, pero películas nunca. Hay una adaptación que hicimos con mi amigo de un cuento que yo escribí, que lo tiene un director en sus manos.

¿Y qué tipo de película haría si se le ocurriera una?

A veces pienso que sería muy interesante hacer algo con política. Han pasado muchas cosas acá que dan para película, como los robos de elecciones, por ejemplo. El robo de elecciones de 1970 es una gran película, que supongo alguien la hará, pero no suelen salir muy bien esas cosas históricas. Otra película que me suena interesante sería el consejo de ministros precedido por Belisario Betancur durante la toma del Palacio de Justicia, sin salir de esa sala, como en 12 hombres en pugna.

¿Qué experiencia decepcionante ha tenido como espectador?

Se me acaba de ocurrir que me salí de El lado oscuro del corazón, pero no sé si fue una decepción porque no le tenía mucha fe a la película. Pero me acuerdo de salirme de Austin Powers, creo que no le capté la gracia y tenía muchas cosas que hacer. Fue culpa mía. Lo que pasa es que soy muy leal con los directores que me gustan, entonces casi nunca reconozco que hagan algo malo. Si hay una menos buena de Woody Allen, no me voy a sentir decepcionado, sino divertido. Para decepcionarse hay que tenerle mucho afecto a algo.

¿Ha tenido algún trauma con el cine?

He tenido muchos. Según la situación de la película. Por ejemplo, cualquiera que haya visto El resplandor tiene una cantidad de imágenes que le hacen sentirse incómodo en un pasillo de hotel solo. No es un buen momento. O, por ejemplo, entrar a un baño público solitario si uno ha visto una película del 85 que se llama Testigo en peligro, que arranca con una escena en un baño en la que asesinan a un tipo. Para mi no es nada cómodo ir a baños públicos después de eso.


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