Fotogramas de Medianeras, Whisky y El Custodio, tres de las películas producidas por Rizoma presentes en el Biff.

Rizoma, la antiproductora

Esta casa productora argentina se fundó en 2001 y desde entonces han producido cerca de 30 películas. El Biff le rinde homenaje a su trayectoria con 8 películas en exhibición, entre ellas 'Medianeras', 'Whisky' y 'El Custodio'.

2016/10/11

Por Sergio Rodríguez

Hernán Musaluppi y Natacha Cervi se conocieron a finales de 2000 cuando trabajaban en algunos proyectos culturales con el Gobierno de Buenos Aires. Al comienzo de 2001 decidieron crear una productora en función de un par de proyectos: Los guantes mágicos de Martín Retjman y No sos vos soy yo, la primera película de Juan Taratuto. Así nació Rizoma. 15 años después, el Bogotá International Film Festival le rinde homenaje a una de las productoras más importantes de Latinoamérica.

En Argentina el cine es industria. No es raro que se produzcan al año cerca de 150 películas. No todas buenas, no todas malas, no todas con buena salida al mercado, no todas llegan a festivales internacionales. En sus 15 años de trabajo Rizoma ha producido cerca de 30 películas, que han ayudado a configurar el Nuevo cine argentino.

Gracias al apoyo del Estado argentino, que tiene un sistema de fomento bastante amplio, han podido trabajar en dos frentes: el cine comercial y el de autor. Muchas de estas películas inicialmente fueron “muy modestas desde la producción pero pudieron recorrer festivales de cine de todo el mundo y nos abrieron, en ese momento, las puertas a las coproducciones internacionales y el financiamiento a través de fondos de ayuda. Un poco jugando y un poco intentando profesionalizar la actividad es que surgió la productora”, cuenta Musaluppi.

En los primeros años de Rizoma, Cervi y Musaluppi se vieron en la necesidad de poner dinero de sus propios bolsillos para costear los gastos fijos de la compañía y gracias a un contrato con una empresa chilena entraron en el mundo de la publicidad, que los llevó a trabajar para varias firmas europeas a las que les vendían sus servicios de producción. Al mismo tiempo producían sus propias películas, esas que no les daban dinero, o por lo menos no el suficiente. Pero no se quedaron en la publicidad: son una productora fundada por cineastas, cinéfilos obsesivos cuya máxima es: “la película está por encima del hecho económico”, dice Musaluppi. Los dineros que conseguían los reinviertían en la producción de sus películas, esas películas de amigos, las que les gustan.

Un negocio como el cine -porque es un negocio al fin de cuentas- es muy intuitivo- “Somos una antiproductora, hay mucho de intuición, confiamos mucho más en ella que en consideraciones más serias”, afirma Musaluppi. Hacer cine es un acto de fe y Rizoma tuvo suerte: sus películas funcionaron. No sos vos, soy yo se convirtió en una de las películas más taquilleras en Argentina y Whisky se llegó a estrenar en todo el mundo. Ambas les trajo más inversión y los fue posicionando en el mercado. Pueden ufanarse de haber recibido el Oso de Plata en Berlín, el León de Oro en Rotterdam, la Gran Coral de la Habana y Un Certain Regard en Cannes. Hoy trabajan con financiamiento mixto: argentino y europeo, por lo general, aunque también han producido películas (grandes o pequeñas) con casi todos los países de la región. Unen esfuerzos con quien pueden, con quien quieren, para llevar un poco más lejos el cine latinoamericano y el argentino en particular.

Rizoma se diferencia de otras productoras porque, desde el inicio, se la han jugado por producir, mínimo, una ópera prima al año. “Hacer una ópera prima es mucho más riesgoso que producir una película de un director consagrado. Son películas que tienen mucha más energía”, dice Musaluppi, para quien el cine son los directores por encima de todo, sin obviar que es un trabajo de engranajes en los que todos deben estar aceitados para que las películas salgan adelante. Como dice Musaluppi, “hoy tenemos la posibilidad de trabajar con quien queramos, pero hay algo en el espíritu de la ópera prima que es irremplazable”.

Al ser cineastas de formación académica saben la importancia de profesionalizar el oficio y del proceso de creación, es por esto que no solo se quedan en producir películas, sino que también se involucran en la revisión del guión, las reescrituras, la selección de elenco, el montaje, la distribución. “Creemos que -afirma Musaluppi- el cine es un equipo de trabajo y se debe generar confianza. En general lo logramos con las películas que hacemos, pero hay mucho trabajo, son muchas horas de trabajo”.

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