La película abrirá el Festival de Cine Francés.

“Un joven se puede convertir al Islam radical en dos meses”

La actriz belga Astrid Whettnall, protagonista de la película 'Road to Istanbul', interpreta una madre desahuciada por la rebeldía de su hija, quien en acto de franqueza religiosa guiada por el Corán huyó a Siria. En el marco del decimoquinto Festival de Cine Francés, que se realiza entre el 21 de septiembre y el 31 de octubre, hablamos con ella.

2016/09/21

Por Santiago Serna Duque

¿Cómo llegó a ser la protagonista de esta película?

El proyecto es bastante viejo, llevaba ya cuatro años en el proceso de preproducción y fue realizado con la colaboración del escritor argelino Yasmina Khadra (seudónimo femenino de Mohammed Moulessehoul). Un mes antes de empezar a rodar el film, Rachid Bouchareb, el director de la película,  me vio actuando en En el nombre del hijo y quedó gratamente sorprendido. Me llamó para que nos encontráramos en un bar donde hablamos por tres horas sobre la situación política mundial con respecto al Medio Oriente. De golpe, me preguntó si quería trabajar con él. Sin ningún tipo de casting, llegué al papel.

La película, además de tratar el islamismo radical, profundiza en la relación sobreprotectora de una madre con su hija. ¿Hasta qué punto puede un padre intervenir en la vida y decisiones de sus hijos mayores de edad?

Ese es realmente el tema principal de la película. Más allá de todo lo que tiene que ver con el Islam radical, quizás lo más profundo del film sea el amor que une a la madre con su hija y cómo esta puede hacer todo, absolutamente todo, para recuperar a su niña extraviada. Desde un principio vemos una situación que no corresponde a los estereotipos: la madre es enfermera, vive en un ámbito rural; la niña va a la escuela, tiene amigos, practica deporte, convive en un medio sano, y de repente, escapa a Estambul guiada por el Corán. Todos estos factores, cruzados por lo religioso, muestran cómo la relación se va esfumando poco a poco. El director quiere insistir en los vínculos que hay que trabajar a diario entre padres e hijos, para evitar precisamente que ellos pierdan el rumbo y corran el peligro de caer, en este caso, en el radicalismo. 

Habló con familias en las que sus hijos entregaron su vida al Yihad. ¿Cómo fue el proceso de inmersión, qué le dijeron?

La mayoría de las veces que hablé con padres que experimentaron esta situación concluyeron que todo pasó muy rápido. Es decir, a partir del momento en el que su hijo adolescente entró en estado de conversión solo le tomó un estimado de 2 a 3 meses para caer en el absoluto radicalismo. Estamos hablando de una edad delicada y mágica, donde ellos quieren cambiar el mundo, luchar contra las desigualdades, contra las injusticias y encontrar la independencia ideológica para romper el cordón con los padres. Los caracteriza una vida pudorosa llena de secretos, son una especie de crisol que se rompe para dar el paso final y cambiar del todo su vida. 

¿Por qué tantos jóvenes europeos han optado por la conversión al Islamismo radical?

Los casos son muy distintos. Está el caso de una familia budista que inculcaron a su hijo valores de paz sin imponerle nunca nada. Este muchacho frente a la violencia y las injusticias que veía en su país buscó encontrar su identidad y entregarse a alguna causa humanitaria o ideológica, pero no encontró nada que lo motivara. En el pasado los jóvenes europeos descubrían pensamientos como el socialismo o el comunismo que les permitía participar del cambio, ahora esas corrientes parecen desaparecidas. Además, tenemos a políticos con unos márgenes de acción muy reducidos que no ofrecen repuestas que gusten. Son los grupos extremistas islámicos quienes mejor representan estos ideales de cambio, que transgreden el estatus quo. Saben trabajar este talón de Aquiles y tocan una fibra de identidad convincente para estos niños. Otra cosa es la segregación a las familia musulmanas que tiene hijos nacidos en Europa. Aquellos jóvenes no son integrados del todo por la sociedad y sufren una evidente estigmatización, por este motivo es mucho más fácil para ellos buscar en esta fortaleza religiosa: Islam. Para los radicales es fácil adoctrinarlos, les proponen una especie de combate legítimo. Es un problema de los países occidentales que viven en un marco capitalista muy violento. Los conversos necesitan que alguien los escuche, que les proponga una vía alterna, ni sus familias ni el estado están en capacidad de hacerlo. Un profundo problema para el que no tenemos respuestas claras. 

En Colombia estamos en un momento transicional y esperamos que los actos terroristas sean cosa del pasado. ¿En Europa cuán preparados están para afrontar el fenómeno terrorista?

No estamos para nada preparados. Los ataques fueron un tremendo impacto, no solo para la sociedad belga sino también para la francesa, alemana, española e inglesa. No creo que ahora podamos encontrar soluciones a estos hechos. En general nuestros dirigentes están más enfocados en hacer anuncios sin efecto, demagógicos, con el objetivo de ganar las próximas elecciones o mantener su vigencia. Faltan gobernantes que sepan tomar decisiones de fondo, cimentadas por expertos, en una especie de reflexión consensual, para intentar cambiar los pilares negativos de esta sociedad. Ver, por ejemplo, películas como Road to Istanbul ayuda a formar mentes menos crédulas y vulnerables, que no le temen a la diferencia, a lo ajeno, al extranjero. La mezcla de géneros y ‘razas‘ es vital para educar niños alejados de la cerrazón y la radicalización. 

El director Rachid Bouchareb en London River y Road to Istanbul ha profundizado en el dolor de las víctimas del terrorismo ¿Es una obligación del cine reflejar estas realidades?

Puede ser. Pero lo importante es, sobre todo, revelarle a la gente que las primeras víctimas son las familias. Estamos experimentando una situación en la que mezclamos por igual a los creyentes del Islam y a los terroristas radicales, una generalización bastante peligrosa. Esto consolida el imaginario de disputa entre los musulmanes contra los no musulmanes. Es común escuchar la afirmación: ‘todos los musulmanes son terroristas’, y no es así. El cine que muestra a las familias como principales víctimas puede ser un arma para denunciar ciertas verdades y revelarlas a los ojos de todo el mundo.

¿Qué hay de las familias victimas en Siria, en Libia, en Afganistán, que no tiene visibilidad mediática en occidente?

Precisamente lo que quiso Bouchareb fue escoger a una mujer belga, que podría ser cualquiera madre en el mundo: rusa, afgana, colombiana, india. Quiso proponer un enfoque no maniqueo del problema. De hecho, al final de la película el espectador no puede escoger entre un bando u otro. Las preguntas sobre el islamismo radical se ensanchan.

 

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