Sher nació en 1959 en San Francisco.

“‘Romeo y Julieta’ representa una tragedia social”

Bartlett Sher produce la ópera de Charles Gounod basada en la famosa obra de William Shakespeare, en salas de Cine Colombia el sábado 21 de enero. Hablamos con él sobre el significado que tiene la ópera en la era de Trump.

2017/01/19

Por Ana Gutiérrez

Bartlett Sher suena cansado pero satisfecho por teléfono. El estadounidense de 57 años lidera la producción del Metropolitan Opera de Romeo y Julieta de Charles Gounod, basada a su vez sobre la magistral obra de teatro de William Shakespeare. Se puede ver en salas de Cine Colombia el sábado 21 de enero. La versión que presenta Sher reúne una serie de nombres famosos, no solo detrás de las escenas sino sobre el escenario, los papeles principales son interpretados por la legendaria soprano de coloratura Diana Damrau y el tenor lírico Vittorio Grigolo. Para Sher, la obra es universal, pero ha cobrado un significado particular en tiempos de Donald Trump.

¿Cómo diseñó la producción?

Es una obra del renacimiento que convirtieron en una ópera en el siglo XIX. Yo le cambié el ambiente, influenciado la película Casanova de Fellini, la puse en el siglo XVIII que le da un trasfondo más decadente. Quería darle el trasfondo del auge del capitalismo, la decadencia que lo rodea y el crecimiento del individualismo de la época. Ocurre en un solo lugar para que tuviera la velocidad de la obra de Shakespeare, sin cambiar el plato para que la acción siga y no se pierda impulso. Pasa mucho en la ópera, ha pausas continuas entre escenas para cambiar el decorado. Quise construir algo que tuviera una dinámica onírica, que fuera poderoso.

¿Es abrumador enfrentarse a una historia tan icónica como Romeo y Julieta?

No, en realidad es un placer porque las mejores historias disfrutan de muchas iteraciones; se pueden ver de muchas maneras. Cuando algo es tan bien hecho como Romeo y Julieta, no hablo solo de la obra sino de la ópera, uno tiene la oportunidad de demostrar sus habilidades y de reflejar el tiempo en el que vive. No siento miedo de ‘ay, lo voy a hacer mal‘ sino emoción, es mi turno de interpretar la historia y ver cómo nos relacionamos a ella hoy.

Es un momento muy particular para su país, Donald Trump se posesiona como presidente el 20 de enero...

Siendo estadounidense y viendo esta obra, lo que veo es una tragedia social. Dos horribles bandos están en guerra y no son capaces de llegar a un acuerdo y acaba por destruirlos. Pierden a sus hijos, a su inocencia. Entonces es más conmovedor ahora que nunca, entrando en este nuevo ciclo político después de ese periodo de elección con tanta amargura y rencor. Daba la sensación de que estamos destruyendo nuestros propios ideales.

Tiene dos nombres muy grandes, Damrau y Grigolo, para representarlo. ¿Cómo es trabajar con ellos?

Es un gran placer. Para poder llevar esta obra a su máxima expresión emocional se necesita tener gente que sea completamente convincentes en su papel además de ser excelentes cantantes. La química y el poder entre ellos es increíblemente realista y logran ser muy humanos, emotivos y además sexy [risa]. Es un grandísimo alivio tenerlos. Construimos todo juntos, todos habíamos trabajado juntos antes. Son dedicados, se respetan mucho y sacan lo mejor uno del otro.

¿Y trabajar con una casa de ópera tan famosa como la del Metropolitan?

Trabajar en ópera es muy duro, una nunca tiene suficiente tiempo, tiene mucha gente y uno debe ir muy rápido y estar preparado para hacer cambios apurados con eficiencia. Eso si es abrumador [risa]. Pero tengo la suerte que ya he escenificado esta ópera y me ayudó a estar listo y cumplir con el ritmo que exigen.

¿Qué diferencia esta producción de Romeo y Julieta a otras que ha hecho?

Estos dos principales son magníficos. Tampoco le había dado el sentido que le damos esta vez. Lo que me brindó haberlo hecho antes, tanto la obra de Shakespeare como la ópera, antes es que conozco bien la pieza entonces puedo trabajarla mejor. Creo que es la mejor versión que he hecho. Las actuaciones de Diana y Vittorio, el poder de la música de Gounod, la fuerza del texto original de Shakespeare se unen para crear algo profundamente satisfactorio.

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