Proyección de la película en el marco del FICCALI.

‘Siembra’ en el Distrito de Aguablanca

En la sección Descentralizados del FICCALI acompañamos al colectivo Cine Pál Barrio durante la proyección de la película colombiana 'Siembra', dirigida por Santiago Lozano y Ángela Osorio.

2016/11/14

Por Santiago Serna Duque

Se acabó Los Nadie en el parque de San Antonio, y la tarde también. Don Guillermo espera en su Daewoo Lanos modelo 96, para llevarme a ver cine en las calles del Distrito de Aguablanca. ¿Esos asentamientos, en su mayoría, son personas de dónde?, pregunto: “es gente que viene de la Costa y del Pacífico, desplazados por la guerra. En esos ‘cambuches’ que usted ve, no solo hay desplazados de primera generación, también están los de migración interna”. ¿Qué es eso?, “muchachos que nacen ahí, y cuando crecen quieren buscar su propio terreno a los costados de la misma invasión. La segunda generación de desplazados”.

El sol se esconde y Don Guillermo me dice que estamos llegando. El hombre, que antes tenía el pelo largo pero decidió cortárselo tras el asesinato de su hijo menor, conduce con calma adentrándose en el Distrito. “Listo llegamos”. La silletería está dispuesta para ver la película. Saludo a las personas y me siento. Un niño me pregunta quién soy y donde vengo. Respondo. Después le pregunto si le gusta el cine. Dice que sí, especialmente las películas de Dios que presentan en la escuela y la iglesia. Tras hablar unos minutos, él, Sebastián, revela uno de sus grandes anhelos y dolores.  

Está en un estado de confesión. Al niño de 10 años le vienen imágenes dispersas del atentado contra su hermano mayor. “Ahí -señala-, en esa esquina, él estaba relajado cuando le pegaron nueve balazos”: dos en la cabeza, dos en la mano derecha, y los restantes, repartidos al azar por el cuerpo. “Mi mamá me dijo que la cabeza le quedó como uno huevo gigante explotado”. Continúa, “a mi me gustaría que a mi hermanito le hicieran una película como esas que a veces vienen a presentar al barrio”. ¿Por qué?, “porque si”. No quiere que su hermano reviva, quiere que sea el protagonista de un largometraje. ¿Viste a tu hermano muerto?, “mi hermano no está muerto, está dando vueltas por ahí en una bicicleta”.

El niño mira a la pared donde se proyecta un video que se titula: Un día en mi barrio, corto documental realizado por jóvenes de Mojica, comuna 15 del Distrito de Aguablanca, que narra escenas opuestas a lo descrito por Sebastián. Es una alegoría audiovisual protagonizada por los habitantes del barrio, muestra una realidad tranquila donde la violencia es un espejismo mezquino que aparece en contadas ocasiones. Con la ayuda del colectivo Cine Pál Barrio los muchachos entienden al cine como un medio efectivo para narrar la cotidianidad de estas ciudades paralelas, donde reside el 40% de la población caleña en un estado de marginalidad ingrato.

Una niña le pregunta a Beto, que hace las veces de proyector y líder del colectivo Cine Pál Barrio, ¿esto para qué es?, “es un papel con el resumen de la película que vamos a ver. Es para que lo leas y se lo pases a tus vecinos”, a lo que ella responde: “yo si se leer pero me da pereza, mejor me veo la película”. Beto es quien avisa que la película Siembra, filmada en uno de los rincones de Mojica y del suburbio aledaño Brisas del Bosque, está por comenzar. De las cuadras van apareciendo algunos de los 20.000 habitantes, quienes curiosos se sientan alrededor de una tela de 3mts x 3mts que funge como pantalla. Sus pieles negras contrastan con el blanco lactoso de las sillas. Cuando todo está por comenzar un famélico caballo se atraviesa entre el público y el telar. Los asistentes, divertidos, gritan “¡quítate de ahí pana, no dejas ver!”. El equino mira a la gente y cansino continúa su paso. El cuchicheo de los espectadores se reduce, y los parlantes del picó al otro lado de la calle -en la zona de invasión-, suenan a salsa choque: la banda sonora de la periferia caleña.

“La sección Descentralizados del FICCALI lleva ocho años trabajando para traer el cine a los sectores más vulnerables de Cali –dice María Zabala, coordinadora del evento-. Vos estas aquí sentado, viendo esta película, gracias a los colectivos como Cine Pál Barrio y muchos otros. Ellos son quienes nos permiten acercarnos a la gente y hacer del cine un ejercicio verdaderamente plural”.

En la pantalla, el fibroso anciano protagonista del film levanta el cadáver de su hijo. Al mismo tiempo, tres motos alteran la concentración de los espectadores, pitando y lanzando pólvora porque al parecer el América de Cali ganó alguno de sus partidos en la categoría B del fútbol colombiano. Todos vemos cómo esas motos piratas, con banderas rojas del diablo, se pierden en las entrañas de los caseríos de madera. Por su lado, dos perros comienzan una pelea que levanta a los niños de los asientos, y un grupo de bailarines se enfrentan en un duelo de ‘break dance’ en la calle continua. Santiago Lozano, director de Siembra, es un lunar blanco en la mitad del público. Sentado atrás del ‘video beam’ le cuenta a su compañera cómo hizo la escena donde un torrencial levanta el zinc de los techos. Lo cierto es que en el Distrito de Aguablanca lo único que no parece ficción es la película.

Pasan lo créditos y el susurro de las personas es discreto. Poco a poco se paran y abandonan el espacio improvisado. Nadie aplaude, no hay admiración fingida, ¿a quién le importa que el director este ahí?. Aunque lo que acaban de ver es un testimonio de su realidad, cada uno tiene sus afanes. “Esperen no se vayan -dice Beto avergonzado- el ejercicio no ha terminando. Aquí está el director de la película para los que quieran hacerle preguntas”. Nadie habla. En la incomodidad del silencio Beto hace una pregunta obligada, seguida de la intervención de Jhon Faber, ‘The Big Father 20’, actor de la película, quien agradece a Lozano por “tomarse el trabajo de venir a hasta el barrio y revelar la cara de nuestra gente. Porque en el Distrito además de violencia hay personas correctas: artistas, madres de familia, jóvenes sanos, que por vías apacibles buscan un mejor futuro. Gracias por no contar cuantos muertos hubo, sino cuantos vivos buenos hay”.

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.