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Sin teta no hay Berlín

La película peruana La teta asustada entró a la historia del cine mundial al conquistar el Oso de Oro este año en el Festival de Berlín. El evento está entre los tres principales del mundo y asume cada vez más su cara política, con especial interés por el cine latinoamericano.

2010/03/15

Por Camila Moraes

El desafío del cine contemporáneo no se refleja solamente en salas y taquillas en busca de espectadores, sino también en los festivales, que —sin importar su tamaño— se ven obligados a especializarse para conquistar su público. Cannes, el más grande del continente europeo, asumió en los últimos años su lado glamoroso, de flashes fotográficos y alfombra roja para actores y directores aclamados mundialmente, aunque reafirme constantemente su interés en el llamado cine de autor. Berlín, a su vez el segundo más importante de Europa y tercero en el mundo, viene caminando hacia una clara postura política, seleccionando películas de cinematografías más conectadas a lo social y premiando realizadores muchas veces desconocidos, pero como decía Glauber Rocha, “con una cámara en mano y una idea en la cabeza”.

En la reciente 59ª edición del Festival de Berlín, esa tendencia quedó clara con un hecho que entró a la historia: en la primera participación de Perú en la competencia oficial del evento, una película peruana se llevó el Oso de Oro y, a la vez, el premio a mejor película otorgado por la Federación Internacional de los Críticos de Cine (Fipresci). El mérito lo tiene La teta asustada, la segunda película de la realizadora limeña Claudia Llosa, de 32 años, que contaba con un único largometraje en su currículo, Madeinusa (2006), exhibido en Colombia en 2007. Inesperado, pero no una coincidencia, el “susto” precede otras dos importantes victorias latinoamericanas en el certamen alemán: la de Tropa de élite, del brasileño José Padilha, en 2008, y la de Estación Central, de Walter Salles, otro brasileño, en 1998. Berlín —dicen los críticos y especialistas— se volvió un espacio, además de político, latinoamericano.

Pero más allá de una cinta de carácter político, La teta asustada es un retrato poético e intimista del conflicto interno en Perú. Realizada en coproducción con España, la película cuenta la historia de Fausta, una joven de la sierra peruana que lidia con las consecuencias de un miedo que carga por herencia —de ahí viene el título, que se refiere a un síndrome transmitido por la leche materna, según la creencia popular andina—. La madre de Fausta fue víctima de una de las tantas violaciones que ocurrían en Perú durante dos décadas de ataques terroristas de Sendero Luminoso (1980-2000), especialmente en los pueblos. Según Claudia Llosa, radicada en Barcelona hace seis años, La teta condensa su visión de cómo su país debe enfrentó esa dura realidad : “Quería referirme a la permanencia perpetua de la herida. Hablar de las heridas emocionales que son provocadas por una guerra civil, una guerra entre hermanos, y como eso se transmite de generación en generación”.

Además de realizadora, Llosa es también responsable del guión, escrito en un año y medio a partir de una idea inspirada por un libro de testimonios publicado por una universidad en Estados Unidos. Para ella, el mayor estímulo para la historia vino de “un pueblo sabio como el andino, que supo utilizar todos sus recursos —bailes, cantos, mitos— para poder hablar de lo que sucedió y reciclarse de forma inconsciente”. Pero afirma que “es el momento de la conciencia, de dejar claro que cantar hacia dentro no basta. Es hora de comenzar a cantar hacia fuera”.

La cultura andina fue también retratada a partir de una mirada femenina por Llosa en su primer largometraje, Madeinusa. Protagonizada por la misma actriz de La teta, la joven cantante de origen andino Magaly Solier, la película aborda una fiesta popular peruana en la cual el pecado es suprimido por tres días, y todos los actos están libres de culpa. Sobre la presencia de lo andino y de lo femenino en su trabajo, la directora explica que no se trata de adoptar un estilo. “Esas películas tienen que ver con un momento de mi vida, con cosas que están dentro de mí. A ratos uno siente la necesidad de hablar de ciertos temas, así que no busco un estilo”.

El nuevo cine peruano

Para Claudia, que es sobrina del escritor Mario Vargas Llosa y del cineasta Luis Llosa, es temprano para hablar de un “nuevo cine peruano” —del cual ella ya es considerada la principal representante—, aunque afirme que el clima en el país es de renovación: “Perú está viviendo un momento bonito, con muchas esperanzas económica y culturalmente”. Pero reconoce que todavía hay mucho que hacer: “Nuestra ley de cine tendría que ser revisada. Hay un único premio por el que todos compiten”.

No sólo en Perú, como en América Latina, a la realizadora le gustaría ver más películas que se dediquen a retratar cómo los pueblos de la región lidian con sus propias raíces. “Necesitamos más voces que enseñen otras facetas de nuestros países. Tenemos que romper con esa mirada estereotipada que ve en estas películas lo exótico o cree que queremos enseñar la miseria para vender”. En ello, Llosa coincide con la nueva cara de Berlín.

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