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Spotlight: los periodistas de la vida real

La historia del mayor escándalo de pederastia al interior de la Iglesia Católica se convierte, gracias al trabajo del director Tomas McCarthy y el de sus actores, en una película fundamental sobre lo que implica el buen periodismo.

2016/02/26

Por Redacción Arcadia

El 6 de enero de 2002 el periódico The Boston Globe publicó un reportaje que demostraba el abuso sexual y sistemático por parte de sacerdotes a menores de edad en la ciudad de Boston, Massachusetts. El equipo de periodistas a cargo de la investigación recibió el Premio Pulitzer por este trabajo que dejó en evidencia cómo la  Iglesia, al tanto de los casos y las denuncias, contaba con un sistema para que los abusadores acusados por las familias simplemente se retiraran, tomaran licencias y fueran trasladados de parroquia en parroquia, abusando de más niños en otras comunidades.

Los periodistas recopilaron pruebas contundentes que acusaban a la institución de hacer uso de su enorme músculo de poder para lograr que las víctimas, las conciliaciones e indemnizaciones permanecieran durante años bajo total silencio público y judicial.

A raíz de estas investigaciones se descubrió uno de los mayores escándalos que enfrenta  la Iglesia Católica por pederastia. Una vez publicado el artículo, las denuncias de más casos llegaron del resto de Estados Unidos y de todos los continentes.

Esa es la historia alrededor de Spotlight, la película dirigida por Thomas McCarthy y protagonizada por Mark Ruffalo, Michael Keaton, Rachel McAdams,Liev Schreiber, John Slattery y Stanley Tucci. Corrida de cualquier lugar común, la película va más allá y profundiza en ciertos fenómenos, revelando el sistema de creencias y rituales de esa religión que derivan en los abusos, en su repetición y en su silencio.

Aún con todo lo anterior el valor de la película es otro. Spotlight es un tratado contundente y sensible sobre el periodismo, sobre el buen ejercicio del oficio. Cuando todo debate y discusión en torno a la ética y a los límites de los medios de comunicación parecen agotados, McCarthy y sus actores arrojan una tremenda lección sobre la mesa. Sobre la pantalla.  Porque además el director se esmera en la fotografía, en la música, en componer planos que van condensando la narración, sumando capas de lectura. 

Spotlight se ocupa de retratar las historias individuales de todos los involucrados en la investigación. Se interesa más por las batallas personales y las luchas externas que afrontaron los periodistas.  De cómo cada uno de ellos supo moverse del lugar cómodo, de su status de profesional avezado, para entregarse con arrojo a una misión por la justicia que dependía de su buen trabajo.

Ese buen trabajo –queda claro en la película- que siempre esta coaccionado por poderes e intereses, que debe enfrentar y darle la cara a las víctimas, que debe acatar órdenes de arriba, que debe luchar día a día contra monstruos de mil cabezas como son, por ejemplo, los propios prejuicios. O como uno de los periodistas del equipo que acepta las limitaciones que tuvo en algún momento cuando el caso, con todos los hechos, pasó por delante de sus ojos y el no pudo o no quiso verlo. Spotlight también deja una alerta sobre el peligro de la miopía para el periodista.

Sin la grandilocuencia de otros presupuestos millonarios o el despliegue de efectos visuales y sonoros de la competencia, probablemente Spotlight pierda el Óscar ante El Renacido,  Marte: Operación rescate o Mad Max.

Una lástima, pues es sabido el enorme valor que el público da a estas distinciones a la  hora de elegir qué ver y ésta es una película necesaria. Para aquéllos que tienen la responsabilidad de comunicar e informar y en particular para todos, en un mundo que exige cada vez más valentía para asumir ciertas verdades y sobre todo para contarlas.

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