Ganadora a mejor guión y mejor actor principal en el Festival de La Habana.

‘Te prometo anarquía’: sexo, sangre y skaters

La más reciente entrega del guatemalteco Julio Hernández Cordón es una road movie dentro de la Ciudad de México, donde dos skaters homosexuales trafican con sangre y suplen sus deseos sexuales. En el marco del ‘Stoned Film Festival’ hablamos con su director.

2016/12/01

Por Santiago Serna Duque

Donde los meros machos son el arquetipo dominante, -“inadmitidos los ‘playos’ en México”, me dijo alguna vez un varón michoacano-, un guatemalteco se propuso hacer una película que rompe paradigmas: con una cámara que parece flotar por los corredores urbanos de Ciudad de México, Miguel y Johnny encuentran en sus patinetas el móvil ideal para traficar sangre en el mercado negro. Entre inhalación de pegamento, música popular y berrinches pueriles, el director Julio Hernández Cordón crea una película que ridiculiza y afronta una sociedad mexicana que se avergüenza de sus homosexuales. Como el cronista chileno Pedro Lemebel, Cordón sabe que “ser pobre y maricón en México es de lo peor” y que la mejor forma de soportarlo es a través de la crítica ácida y directa, ¿para qué?, para “darle un rodeo a los machitos de la esquina”.

Hablamos con el director, que presenta la película en el Stoned Film Festival en Bogotá, sobre la efectividad de la desfachatez para tolerar las diferencias, los castings por Facebook y sus memorias de rodaje.

Skaters homosexuales que trafican con sangre para narcotraficantes en México D.F, ¿Cómo surge la idea?

La historia está inspirada en un amorío muy fuerte que tuvo mi hermano, que es gay, acompañada de una profunda influencia del cine noir del que intenté adoptar ciertos rasgos. Dentro de esta apropiación, quería hacer una película que fuera casi toda en exteriores y que los personajes pudieran estar en la calle de manera orgánica. En esa búsqueda, el skate era el ejercicio ideal para grabarlos, pues podían rodar fluidamente en las entrañas de Ciudad de México. Los patinadores son los ciudadanos que se aprovechan de la calle en el sentido más puro, la disfrutan y descubren sus virtudes a medida que la recorren. Al unir estos elementos: skate y amor gay, atravesados por el tráfico de sangre en una sociedad de machos, el resultado iba a ser muy interesante. Es una trabajo bien recibido por la comunidad mexicana: entre viejos, jóvenes, heterosexuales y homosexuales.

¿Por qué seleccionó a los actores por Facebook?

En ese momento estaba viviendo en Guatemala, pero sabía que iba grabar la película en la capital mexicana. Tengo un amigo que dirige una revista de cultura callejera y le dije: "quiero hacer una película con skaters que se animen a tomarse de la mano y a besarse", él pensó sobre posibles jóvenes que pudieran asumir el papel y me mandó perfiles de Facebook. Revisé algunos, y seleccioné a los chicos por las fotos y videos que subían en su muro. Así fue que encontré a Eduardo "Pelukaz" Martínez (Jhonny) y a Diego Calva (Miguel). No me gusta el proceso de casting, me parece terrible darle trabajo a alguien por su físico y por impostar actitudes. Prefiero utilizar Instagram, Facebook o ir conociendo gente en la calle.

¿Cómo supo que ‘Pelukaz’ y Diego eran los indicados?

Antes debo decir que esta película la quise hacer primero en Guatemala, pero no pude porque los chicos skaters con los que hablé me decían que jamás le darían la mano a otro hombre, mucho menos un beso. Cuando viajé a México y conocí a ‘Pelukaz’, le dije: "quiero hacer una película de patinetos gays”, me respondió: "¡no hay pedo!, no soy homosexual pero a veces, en las fiestas, me beso con mis amigos”. Con ese tipo de testimonios descubrí que esa es la actitud de un gran porcentaje de jóvenes mexicanos, son sumamente tolerantes con la diversidad y alguien como ‘Pelukaz’ los representa fielmente.

¿Fue un casting de corazonadas?

De cierta manera. Suelo como enamorarme de mis personajes -osea, no se los digo-, pero cuando mi instinto me dice que son ellos, no me hago mayores preguntas. Me dejo guiar por esa corazonada, apegándome a sus actitudes espontáneas, como cuando vi los videos en Facebook de ‘Pelukaz’ patinando desnudo, una escena real llena de humor, la misma que repliqué en la película. Si él estuviera aquí y tu le dices: “Pelukaz, párate sobre esa silla, desnúdate y ponte a bailar", sin importarle lo haría, diciendo: "yo se que mi verga es pequeña pero me da igual, la se mover", y reiría.


De izquierda a derecha: Diego Calva (Miguel), Eduardo "Pelukaz" Martínez (Jhonny) y Julio Hernández Cordón en Locarno. Archivo particular.

¿Es la Ciudad de México ese pequeño oasis en un país radicalmente machista?

En Latinoamérica, junto con Sao Paulo, fueron las primeras ciudades en hacer leyes incluyentes para los homosexuales. Es un espacio ideal donde se puede vivir la homosexualidad a pleno.

Desde Gasolina, su opera prima, hasta Te prometo anarquía, sus actores han sido naturales, ¿por qué?

Porque me permite ahondar en un mundo al que no pertenezco, que no comprendo totalmente y me deja reflejarlo con honestidad. Lo que hago es integrar las características naturales a los personajes que escribo. Una vez que tengo los actores, reescribo el guión en base a las cosas que platico con ellos y uso algunas de sus expresiones espontáneas. Por ejemplo, en Te prometo anarquía, cuando están en la cama, y Jhonny (‘Pelukaz’) le explica a Miguel (Diego Calva) las diferentes figuras que se pueden hacer con las manos cuando aspiran pegamento -la Playboy, la Jordan, la Nike-, es una reproducción de algo que me comentó ‘Pelukaz’ cuando estábamos comiendo. Ellos me ayudan con el guión inconscientemente, es como una mezcla de la ficción con el documental. Siempre los estoy observando para alimentarme de sus acciones, se vuelven mis guías en mundos desconocidos.

Ciudad de México, con su estética cambiante, es es la tercera protagonista de la película...

Algo que me excita de las ciudades son las calles. En Ciudad de México, las paredes de una cuadra cambian cada cierta cantidad de metros. Es una ciudad que centraliza la cultura del país, donde las tendencias se renuevan constantemente: los peinados, las maneras de vestir, tienen una estética muy propia, resultado de las influencias pop con el mismo entorno mexicano. Pero no me refiero a los hipsters. Son los albañiles, los chicos de barrios periféricos, quienes imponen esas tendencias, algo increíble. Es una ciudad viva, cargada de sentido del humor y peligro, es salvaje. No te aburres. Uno de los mayores halagos que me pueden hacer es que la película retrata la verdadera capital.

Además del vestuario, los peinados y las calles, está el lenguaje coloquial, buena parte de la película es inentendible, ¿eso no le importa?

No, para nada, cuando vi La vendedora de rosas no entendí nada. Creo que en esta película no hay tanto diálogo, y lo que dicen da igual. Más bien la riqueza está en hacer real la atmósfera y mostrar esa relación de amor, que es patente, pero ellos no la verbalizan, nunca se dicen “te amo”. Desde que escribí el guión sabía que la película no iba a ser comercial, ni un hit, así que nunca me importó.

¿Algunas reminiscencias del cine de Xavier Dolan? Lo digo por varios planos secuencia acompañados de música popular, como la de El Tri.

No me gusta hacer cine sobre cine. El uso extenso de los temas es porque por primera vez tenía el presupuesto para comprar la canciones que quería, cada una de $5.000 dólares. Pagué mucho por ellas y las aproveché. Salvo la que tu mencionas en el metro, la de El Tri, que dura por lo menos 3 minutos, hay cinco secuencias con toda la duración de la canción.

¿Cómo funciona el tráfico de sangre?

Me gusta mucho estar investigando por Internet para hacer mis guiones. No sé por qué razón alguna vez escribí sangre, le di enter, y me empezaron aparecer varios títulos relacionados con el tráfico de sangre en estados de la República de México como Campeche y Tabasco. Después fui a un banco de sangre a preguntar cómo funcionaba eso y me dijeron que había ciertas vacas (humanos) que iban a ordeñarse varias veces al mes, porque hay una gran demanda de sangre en el país. Dentro de esta investigación me encontré con dos artículos inspiradores: uno sobre un operativo que hizo un comando de zetas contra una banda rival en Guatemala, iban un convoy de sesenta autos y uno de esos era una ambulancia totalmente adecuada, que por supuesto llevaba sangre comprada para los posibles heridos en el tiroteo, algo sumamente sofisticado y lógico.

El otro artículo tenía una foto de un grupo de indocumentados en la frontera entre México y Estados Unidos, en la que los ‘mojados’ aparecían con una cicatriz en el lado izquierdo de su abdomen porque habían vendido un riñón a cambio de que los pasaran al otro lado. Los cuerpos humanos en estos países son motivo de negocio, no solo por la sangre y para la trata de blancas. Ese tema convierte a esta película en un pieza única. No conozco el primer largo con influencia de cine negro que hable sobre tráfico sin que este sea el tema principal.

Finalmente, Te prometo anarquía es una crítica a la desaparición forzada y a la arrogancia de la clase alta mexicana...

Yo soy mexicano-guatemalteco, y al igual que en Colombia, el conflicto armado ha dejado muchos desaparecidos, la mayoría gente civil. En las guerras quienes pagan los platos rotos son los más jodidos, los pobres. En México, con toda la guerra en contra del narcotráfico liderada por Felipe Calderón, las cifras de desaparecidos se elevaron notablemente. Me inspiré para hacer la escena de los desaparecidos en un caso que ocurrió en el barrio Tepito, una zona comercial de la cual han salido muchos futbolistas y boxeadores. Hace cinco años, sin aparentes amenazas, una banda criminal sacó a varios chicos de una discoteca y los subieron en unos carros, después los mataron. Tras ver los videos de las cámaras de seguridad me impactó la pasividad de las víctimas al abordar los autos, ninguno intentó escapar. Por eso en la película, los que van a vender la sangre, se suben al camión sin mayor problema. Justamente dos semanas antes de iniciar el rodaje fue que desaparecieron a los 43 estudiantes en Guerrero. Nosotros sabíamos que estábamos hablando de un tema vital para México y se hace evidente en el filme.

En cuanto a las clases sociales, quise mostrar algo diferente. En los novelones o las películas, los ricos son los que le rompen la madre a los pobres. Aquí no, aquí la clase baja le da en madre al que lo tiene todo.

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La película se presenta el jueves primero de diciembre, a las 6:00 p.m, en Corferias. También está en la cartelera de Cine Tonalá.

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