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Misión rescate: un drama interplanetario

La más reciente película de Rildey Scott está situada en Marte, donde un astronauta debe luchar contra el ambiente enrarecido para sobrevivir. También es la más reciente versión de una fórmula probada: el dilema de tamaño galáctico que reúne a toda la humanidad.

2016/02/24

Hay quienes afirman que actuar a solas, sin un compañero en escena, es una de las tareas más exigentes para un actor. Por lo general, la presencia de alguien más facilita la tarea, permite al individuo concentrarse en su compañero, apoyarse en él. Y quizá ese es el mayor logro de Matt Damon en Misión Rescate (The Martian), la más reciente película de Ridley Scott, una ópera espacial que registra la cotidianidad de un astronauta abandonado por su equipo en Marte. El héroe, interpretado por Matt Damon, debe encontrar la manera de sobrevivir las inhóspitas condiciones del planeta rojo con un puñado de comida y sin comunicación con la Tierra.

Películas de este género, como El renacido o 127 horas, cuentan con una exigencia particular: deben sortear cómo mantener la tensión y el interés del público en situaciones donde, por su naturaleza solitaria, no existen recursos narrativos como el diálogo. En Misión Rescate, Ridley Scott encuentra la misma solución que Alejandro González Iñárritu en su más reciente película: intercalar las escenas de la cotidianidad del héroe con la de los personajes secundarios. En este caso, la historia de un grupo que prepara, desde la tierra y a bordo de una nave, una improbable misión de rescate.

La película, hay que decirlo, descansa cómodamente dentro de los confines del cine hollywoodense. Es un producto de taquilla, que no asume demasiados riesgos y que se preocupa por dejar bien librados a todos los involucrados. El largometraje no explora –y lo pudo haber hecho con facilidad– las secuelas psicológicas de quedar atrapado a solas en un planeta. En cambio, recurre al humor y a una serie de montajes tipo El día de la independencia, en las que aparecen personas en distintas plazas alrededor del mundo, para minimizar las implicaciones dramáticas de la situación del protagonista.

Eso no quiere decir, sin embargo, que la película no funcione. Privarla de un mensaje cifrado, de alguna connotación existencial, permite que El marciano se presente sin ínfulas como lo que es: una cinta de acción que, al mejor estilo de Hollywood, imagina una crisis mundial que por su magnitud une a toda la humanidad. Los países se consuelan, la gente se toma de la mano, los conflictos morales, económicos y políticos pasan a un segundo plano, así sea por un minuto.

Ahora, que Misión Rescate se merezca el Óscar a Mejor película, o siquiera la nominación en esa categoría, ese es otro asunto. Porque ni el tema ni la fórmula tienen nada de innovador. Resulta curioso, por ejemplo, que en los Golden Globe ganó Mejor película y Mejor actor, ¡en la sección dedicada a comedias y musicales! Un galardón de implicaciones dudosas. Su plato fuerte será, sin duda, la sección de efectos visuales, ejecutados de tal manera que cuesta no meterse de lleno en el rescate del valiente astronauta estadounidense. 

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