El actor Ben Foster interpreta a Lance Armstrong.

El fraude del ciclismo: la verdad sobre Lance Armstrong

‘The Program’, la nueva película de Stephen Frears, es un coctel de bicicletas, drogas y egos. Se estrena en el Festival Internacional de Cine de Santander, que va desde el 2 hasta el 6 de agosto.

2016/07/29

Por Matilde Acevedo

En los más recientes años los colombianos se han visto más involucrados en el ciclismo gracias, principalmente, a Nairo Quintana. Resulta que lo que Nairo es para el país ahora, lo fue Lance Armstrong para los estadounidenses a principios de siglo. El tejano ganó siete veces el Tour de Francia, sobrevivió al cáncer, logró hacer que todo el mundo contribuyera a su fundación contra el cáncer, Livestrong... Y luego admitió haberse dopado durante toda su carrera. Los triunfos, entonces, pasaron a ser de la eritropoyetina (EPO), de la testosterona y de las varias transfusiones de sangre que se hizo. La película británica-francesa The Program, dirigida por Stephen Frears (The QueenPhilomena), cuenta la historia del fraude más grande en la historia del ciclismo, desde sus primeros pasos hasta su naufragio.

La cinta inicia con un joven y aún no corrompido Armstrong, interpretado por Ben Foster, que solo quiere andar en su bicicleta. Es posible que el público llegue a sentir pena por su ingenua y endeble personalidad en los primeros momentos de su carrera: lleno de entusiasmo en un mundo sucio y competitivo. Pero Armstrong, fragil, decide incurrir en el uso de estupefacientes deportivos. También, en esas, sufre un cáncer testicular. Como es de esperarse, Armstrong tiene unas recaídas que ponen en duda el futuro de su carrera.

Es entonces cuando Michele Ferrari, un exitoso médico especializado en deportistas, seduce a un Armstrong recuperado y sediento de triunfo. Antes de las malas noticias, Ferrari le había dicho que para que él pudiera ayudarlo primero debía perder peso porque tenía mucho músculo. Armstrong se recupera y regresa a donde Ferrari lleno de energía, codicia y poco músculo. Y así empieza el festín con un coctel de drogas especialmente diseñado para que el estadounidense fuera tan rápido que hasta tuviera que frenar en las pendientes en subida.

Cuando ve que el apoyo de la EPO lo puede llevar lejos, el atleta consigue el patrocinio de un ciclista retirado –también tramposo– y arma el grupo US Postal, hecho a la medida de Armstrong, para protegerlo y ayudarlo a ganar. A la joven y discreta promesa del grupo, Floyd Landis, no le gusta ese falso protagonismo de Armstrong, pero una vez corrompido, una vez dentro de “el programa” (como lo llaman ellos), Landis se convierte en cómplice. 

Justo cuando el grupo de estadounidenses, arrogantes y detestables, creen que nadie los está viendo, el periodista británico David Walsh empieza a sospechar de sus capacidades físicas. Reportero de The Sunday Times, lleva siguiendo el ciclismo desde el debut de Armstrong y pone en duda su excesiva fuerza y rapidez. Sin embargo, ¿cómo confrontrar a una figura que representael triunfo de la voluntad, que tiene una fundación para el cáncer y que ha ganado con humildad varios Tours de Francia? 

De hecho, la película está basada en el libro Seven Deadly Sins: My Pursuit of Lance Armstrong de Walsh, que cuenta la persecución de Armstrong que llevó a cabo el periodista: las varias demandas por las que tuvo que pasar y el imperio de dopaje que el estadounidense había construido bajo su manga. En el libro, el deseo de Walsh por atrapar al pulpo del dopaje tiene tintes de odio y resentimiento. Pero, en la película, hay una relación de amor y odio con el ciclista. Simultáneamente lo retratan como un egoísta, un ególatra irrespetuoso, pero también como hombre que se extravió en el camino hacia la fama.

Vale la pena hacer la siguiente reflexión frente a esos dos Armstrongs que plantea la película: si todos se dopan, y yo quedo en desventaja si no lo hago, ¿está mal que me dope para al menos ponerme al día con los demás?

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