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Un corazón que late violento

Diego García-Moreno es, desde hace años, uno de los documentalistas más interesantes de Colombia. Acaba de terminar un nuevo proyecto en donde el corazón es el hilo conductor: del Sagrado Corazón al corazón de un soldado, destrozado por una esquirla.

2010/02/09

Por Juan Guillermo Ramírez

Si la historia del documental colombiano tiene una figura importante en el nombre de Marta Rodríguez, Diego García-Moreno ha comenzado a ocupar un lugar a su lado. Sus documentales tienen oficio, mirada, pasión, rigurosidad en la investigación, creatividad y originalidad temática. García-Moreno eligió el documental como medio de expresión porque está dispuesto a transmitir lo que la vida contiene; en lo universal y en lo particular, en lo percibido y en lo ideado, en lo material y en lo inmaterial; porque está interesado en recorrer la realidad colombiana desde lo ordinario a lo secreto, de lo real a lo irreal.

En 1999, García dictó en Pasto un taller de fotografía audiovisual a jóvenes sin ninguna experiencia. García les pidió que no sacaran ninguna cámara fotográfica. Durante el taller lo único que les pedía a sus alumnos era caminar y mirar, sentir las calles y los andenes, oler y dejarse acariciar la piel por el viento y el frío de la ciudad. La anécdota sirve para explicar el método que él mismo aplica cuando se ubica detrás de una cámara: García primero se involucra con el tema, con los personajes y con la realidad que recrea. Por eso, al ver sus documentales se siente que han sido depurados por el tiempo y la investigación. En El corazón, es evidente por la manera de articular el relato: el telón de fondo es su propia voz que explica por qué Colombia está consagrada al Sagrado Corazón, y los diferentes relatos tienen sentido en el epígrafe del documental, de René Guénon: “El símbolo del corazón está situado en el corazón del mundo de los símbolos”.

El corazón, un documental de 52 minutos que se estrenará en noviembre en la Muestra Internacional de Documental de Bogotá, es una memoria en movimiento, y lo es en varios sentidos: las imágenes se acompañan las unas a las otras y en esa alternancia se construye el todo. El relato es el de un soldado herido en el corazón por una esquirla de una mina antipersonal y a quien un cirujano cardiovascular le salva la vida. El soldado es expulsado del ejército y su único estímulo es el amor a su esposa y el hijo que ésta espera: el soldado comienza a oír el corazón de su hijo a través de la piel de su mujer. A este relato, se suma el de la esposa del cirujano a quien se le diagnostica una arritmia cardíaca. El pulso de los dos personajes dibuja el electrocardiograma de un país que fue consagrado al Sagrado Corazón, hace un siglo, con el objeto de salvarlo de la guerra.

No es la primera vez que García, un hombre de unos cincuenta años, nacido en Medellín, demuestra que un tema abstracto y general puede convertirse en un relato poderoso de lo que somos. Lo demostró al regresar a Colombia, después de haber estudiado en Francia en la Escuela Nacional de Cinematografía Louis Lumiére de París: realizó los documentales La balada del mar no visto, Manrique mi viejo barrio y El oro de María del Pardo, retratos de realidad y vida que le sirvieron como aterrizaje definitivo en temáticas colombianas en los que ya se evidenciaba que su estilo y su oficio eran dejar que la vida se colara tal cual es. Fundó la compañía productora Alucine, desde donde realizó documentales para canales regionales; fue profesor de cine de la Universidad Nacional en Medellín; escribió guiones de largometrajes; hizo fotografía y cámara para Luis Ospina, Catalina Villar, Luis Alberto Restrepo, Gonzalo Justiniano y Sergio García y fue asistente de dirección de Víctor Gaviria en Rodrigo D.

García-Moreno, que además de director y productor de cine también ha sido actor de teatro, ornitólogo, poeta, cine-clubista y aviador comercial, ha indagado en temas de apariencia simple para buscar una probable entraña nacional. De ello es prueba Colombia elemental, una trilogía compuesta por La arepa, El trompo y La corbata, en los cuales, por medio de objetos cotidianos cuenta historias de vida particulares. Después del encuentro con la música estadounidense Sally Station, viajó a Chicago y allí nació From Chicago to Medellín, con el que ganó una beca del Consejo de Artes de Illinois y una Beca Nacional de Colcultura. En 1995 Diego García-Moreno regresó a Colombia y el nacimiento de su hijo inspiró Colombia horizontal: la cama, la hamaca, la estera, la acera y el ataúd, quizás uno de sus trabajos más personales e interesantes en donde rastrea la vida de los colombianos por medio de una mirada que comienza con el sueño y termina con la muerte.

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