RevistaArcadia.com

Una cinematografía en proceso

Del 20 al 26 de octubre se celebrará en todo el país la segunda semana dedicada al cine colombiano. A cinco años de la Ley del Cine y de un comentado boom de nuestra cinematografía con el que muchos no están de acuerdo, David Melo, director de cinematografía del Ministerio de Cultura, hace un balance.

2010/06/30

Por Redacción Arcadia

En una casona de las pocas de arquitectura moderna del barrio La Merced de Bogotá se concentra buena parte de la actividad cinematográfica de Colombia. Por los anchos corredores se pasean decenas de funcionarios dedicados al difícil oficio de buscar, desde el Ministerio de Cultura, que nuestro cine sea rentable y que la Ley del Cine, creada en 2003, sea una alternativa para directores y creadores en nuestro país. David Melo, está a la cabeza de esa dirección.

¿Qué ha pasado desde hace cinco años cuando apareció la Ley del Cine?

Las dos apuestas de la ley de cine han sido buscar nuevas películas y un modo de producción que haga sostenible el cine en Colombia. En términos de calidad, se puede hablar de una transición que es tal vez menos notoria que la que se ha publicitado. Hemos hecho una presencia importante en festivales internacionales. Hemos estado en Sundance, con Perro come perro, que es todo un símbolo del cine independiente. Además, tenemos un documental de Miguel Salazar y Margarita Martínez, con subsidios de ese festival. Pero además hemos estado en Cannes en dos ocasiones consecutivas. Películas como Apocalipsur, Paraíso Travel y otras han viajado a diversos festivales. Por dos años consecutivos guiones como Los viajes del viento y La sociedad del semáforo han estado en la Quincena de realizadores en Cannes y la presencia de Andy Baiz allí mismo como joven promesa, quiere decir algo.

En estos cuatro años se han estrenado 44 películas, de esas apoyadas por nosotros han sido unas 35. Eso es bueno aclararlo: no todo lo que sale ha sido apoyado por el fondo del Ministerio. Hay casos como el de La milagrosa, Entre sábanas o La ministra inmoral, que no son películas que entran al fondo, aunque sí se benefician de la exención tributaria. De todos modos no se trata solo de cifras, sino de construir indicadores con base en la respuesta del público. Hemos tenido entre el 13% o 14% de la taquilla de la torta del cine que se exhibe en Colombia.

Ese es un punto polémico, aunque algunas películas alcanzan 300.000 espectadores, muchas no llegan a los 20.000 ¿Cómo no asustar a los inversionistas con experiencias que no pasan de pocos espectadores y pocos días de estreno?

Creo que el cine en todas partes tiene niveles de riesgo. Del conjunto de películas que se hacen, en general, solo un pequeño porcentaje es muy taquillera. En ese sentido el cine colombiano no es una excepción. Eso señala, de todos modos, que quienes quieran invertir en cine deben cuidar muy bien su inversión.

Pero eso podría indicar, como lo señalan muchos críticos en el país, que la calidad de nuestro cine y nuestras historias aún no es madura...

La labor de los críticos ha sido muy importante. Es fundamental que cada película tenga miradas especializadas. Hay casos como Yo soy otro, relativamente bien valorada por los críticos, pero que no duró mucho en salas. Entiendo que en su conjunto la mirada sea irregular. Creo que nuestra apuesta ha sido buscar una diversidad: esas películas que a lo mejor no reciben muy bien los críticos, tienen buena respuesta en el público.

Entonces ¿No le da la impresión de que hay una crisis de guionistas?

Parte de lo que ha pasado es que hay múltiples caminos. Hay un cine más comercial, como el del caso de Bluff, por ejemplo, y hay varios de los guiones que logran conexión con el público que demuestran que somos capaces de construir historias bien estructuradas. Eso también puede verse en términos de lo experimental.

Carlos Sorín, el director de cine argentino, dijo hace poco que la televisión terminaba por dañar al cine... ¿Nuestro cine no es muy televisivo?

Desde una perspectiva más autoral, como la de Sorín, la televisión genera niveles de producción que a estos autores más intimistas no les interesan. Pero yo sí creo que una persona como Luis Alberto Restrepo le imprime una estética cinematográfica a la televisión que tiene más valor que el estándar de la telenovela típica. Pero además el mismo Restrepo hace un cine de autor, como el caso de La primera noche, así que no se puede generalizar.

Pero ustedes no pueden tener una injerencia para que se haga un cine personal, menos industrial, menos televisivo...

No solamente no podemos, sino que nos parece que cada propuesta estética tiene que encontrar sus públicos y sus caminos.

Mucha gente se pregunta por qué se siguen proyectando tan malos cortometrajes en las funciones de cine comercial, si la evidencia muestra que hay gran calidad...

Ahí vuelve a jugar el criterio: el criterio de un programador es pensar en términos de su público. Por eso quizá se eligen temas más elementales para las grandes salas. Pero en pequeñas salas, en donde se muestra cine independiente, los cortometrajes van por ese mismo camino. Aunque es cierto que tenemos que pedir más calidad, también lo es que Colombia es uno de los pocos casos en los que los exhibidores muestran cortos. Sí creemos que hay que buscar propuestas más arriesgadas buscando un equilibrio entre públicos especializados y cine de entretenimiento.

En la última convocatoria de cinematografía se premiaron muchos documentales, ¿para qué premiarlos si no hay en dónde exhibirlos?

El documental es una de las apuestas del Ministerio de Cultura. Siempre apoyamos la producción más allá de su éxito comercial. Y lo es porque el documental es el escenario ideal para la reflexión. Pero cada formato tiene su especificidad, eso no debemos olvidarlo. Canales como CityTV que tiene una franja de documental, Señal Colombia y, en menor medida, los canales comerciales comienzan a mostrarlos, así que no se puede decir que no tienen lugar de exhibición, lo que pasa es que son canales distintos de exhibición.

¿El supuesto boom del cine colombiano sí da para más?

Esa es una advertencia que siempre hemos tenido en cuenta. Sabemos que los procesos son de perseverancia, de acciones permanentes por parte del Estado, para acompañar una actividad que sabemos que es frágil. Hemos sembrado apenas los primeros árboles y para que crezcan no los podemos dejar solos. Así que debemos fortalecer tanto los modos de producción como en los modos de distribución y de consumo. Aún no sabemos si se va a consolidar este momento pero se trata de acompañar al cine colombiano y esa ha sido nuestra convicción.

Para terminar: ¿qué responsabilidad le cabe al Ministerio ante la mediocre calidad de nuestros festivales de cine?

Tengo que decir que en toda la discusión sobre el cine colombiano nosotros tenemos que ser muy cuidadosos de los créditos. Esto ha sido un trabajo de mucha gente, de los exhibidores, distribuidores, productores, directores, técnicos y un sinnúmero de personas que no podemos desconocer. Y también son los festivales. No es poca cosa que los dos festivales más grandes del país estén acreditados a nivel internacional, como es el caso de Cartagena y Bogotá. Y hay otros festivales muy interesantes como el Festival de Santafé de Antioquia. A todos ellos los acompañamos. Y nuestra responsabilidad va hasta allí. Estamos pidiéndoles que nos reporten indicadores de gestión, porque los apoyamos financieramente, entonces en ese sentido queremos que crezcan y mejoren. Son esfuerzos que están un poco solos, en relación con los aportes locales de los departamentos, pero poco a poco, en la medida en que crezcan esos apoyos, van a mejorar.

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.