El cineasta iraní Jafar Panahi

Una silla vacía en Cannes

Catalina Gómez, nuestra blogger de Medio Oriente, hace un perfil del extraordinario director iraní Jafar Panahi quien se encuentra encarcelado en Irán por su actividad política. Por esta razón no pudo viajar a Cannes.

2010/05/19

Por Catalina Gómez Ángel

Mientras en las calles de Cannes se extienden tapetes rojos para que desfilen las grandes estrellas y se destapan botellas de champaña por doquier, Jafar Panahi se enfrenta a una realidad totalmente opuesta: la vida en prisión. Este premiado director iraní, conocido internacionalmente por películas como El Círculo, El globo Blanco y “Offside”, había sido designado para ser uno de los jurados que tienen la responsabilidad de decidir quiénes son los ganadores de esta versión número 63 de uno de los festivales de cine más importantes del mundo. Pero ni la presión internacional del gobierno francés, ni el llamado de decenas de famosísimos directores de cine que piden su liberación han logrado que el gobierno iraní cambie de opinión. Al día de hoy Panahi permanece en una pequeña celda de la cárcel de Evin en Teherán mientras una silla vacía lo espera en Cannes.

El calvario de Panahi, 49 años, comenzó el primero de marzo cuando un grupo de agentes vestidos de civil entraron a su casa en su casa de Teherán donde se encontraba con su familia y un grupo de amigos. Después de inspeccionar cada rincón de la vivienda y tomar todos los documentos y computadores, los oficiales arrestaron a casi todos los presentes, incluido a su mujer e hija de 15 años. Horas después sólo Panahi permanecía preso bajo el cargo, según publicó en su momento el diario francés Le Figaro, de estar realizando una película sobre el movimiento de protesta que se dio en Irán después de las elecciones presidenciales del 12 de junio de 2009. La oficina del fiscal de Teherán, sin embargo, aseguró en su momento que su detención no tenía nada que ver con motivos políticos. Esta afirmación suena un poco descontextualizada si se tiene en cuenta que otro director iraní muy cercano a Panahi, Mohammad Rasulof, también está preso debido a la vinculación con este proyecto.

A esto se suma que para nadie es un secreto que Panahi no comulga con el gobierno del Presidente Mahmoud Ahmadienyad. Al fin y al cabo, siempre mostró su simpatía con el movimiento verde iraní del cual se ha hablado tanto desde el año pasado cuando decenas de miles de personas empezaron a protestar en Irán por la reelección del Presidente Ahmadineyad, la cual argumentan fue ilegitima. Ese fue el comienzo del conocido movimiento verde que ha terminado por cambiar la vida de muchos iraníes, incluidos artistas y activistas por derechos humanos y derechos de la mujer que en muchos casos han tenido que abandonar el país. Según cifras que se manejan entre organizaciones no gubernamentales más de 4.000 personas han pasado por la prisión desde entonces. Y un informe publicado hace unos días por la organización Political Prisioners Watch asegura que actualmente hay 472 presos políticos, entre ellos el jurado ausente de Cannes.

Panahi tiene un largo historial con las autoridades de su país que no ven con buenos ojos su manera de hacer cine en el que toca abiertamente problemáticas de la sociedad iraní como la prostitución o la exclusión de las mujeres en ciertos ambientes de la sociedad. A esto se suma que, al igual que muchos de los cineastas independientes iraníes, Panahi no sigue las reglas que impone el gobierno iraní para los cineastas. Trabaja con actores no profesionales y graba en la calle sus películas sin su autorización. Tanto él como los otros directores asumen el riesgo de antemano porque saben que es muy difícil que sus películas sean exhibidas dentro del país. Abbas Kierostami, el director más reconocido de esta generación con quien Panahi ha trabajado desde joven, se quejaba hace poco de que sus películas nunca podían ser vistas en Irán porque no reciben el permiso correspondiente (ver al final la carta abierta de Kierostami al gobierno iraní).

Y es que los directores independientes tienen un camino bastante difícil en Irán. Panahi mismo ha confesado a la prensa que durante algunos interrogatorios pasados le habían preguntado que porqué no se iba del país a hacer su cine. Esta confesión de Panahi me recordó algunas conversaciones que tuve con artistas y activistas mientras viví en Irán. Entonces me aseguraban que les había pasado lo mismo. “Lo que pretenden es que todos los artistas y personas que tenemos que decir nos vayamos, creen que una vez estemos afuera nadie nos va a querer oír”, me dijo alguna vez un director que todavía vive en Irán y por lo tanto no digo su nombre.

Pero si la vida de Panahi era complicada, después del surgimiento del movimiento verde lo fue más. Primero fue detenido en julio pasado cuando asistió a una de las marchas en las que se conmemoraba la muerte de Neda Soltani, la joven que murió durante una protesta en Teherán después de que la alcanzara una bala que, según versiones de testigos, fue disparada por un hombre de civil que pertenecería a las milicias basiyis. Entonces fue liberado rápidamente e incluso pudo mostrar su apoyo al movimiento verde en el festival de cine de Toronto donde apareció con una bufanda verde.

Esta fue la última vez que pudo salir del país. La siguiente vez que intentó hacerlo, le quitaron el pasaporte en el aeropuerto como se suele hacer en Irán con frecuencia. Pero su vida seguía normal hasta que el grupo de agentes civiles llegó hasta su casa y se lo llevaron.

Desde entonces ha permanecido sólo en una celda y su familia ha tenido muy pocas oportunidades de verlo. De nada ha servido la presión internacional para que sea liberado. Mientras tanto, su silla permanece vacía en Cannes.

Carta abierta de Abbas Kiorastami a las autoridades iraníes después de la captura de Panahi. Publicada en inglés por el Lede del periódico The New York Times

I don’t quite know to whom I am addressing this letter, but I do know why I’m writing it and I believe that under the circumstances it is both critical and inevitable because two Iranian filmmakers, both of whom are vital to the Iranian wave of independent cinema, have been incarcerated.

As a filmmaker of the same independent cinema, it has been years since I lost hope of ever screening my films in my country. By making my own low-budget and personal films, it has also been years since I lost all hope of receiving any kind of aid or assistance from the Ministry of Guidance and Islamic culture, the custodian of Iranian cinema.

In order to make a living, I have turned to photography and use that income to make short and low-budget films. I don’t even object to their illegal reproduction and distribution because that is my only means of communicating with my own people. For years now I have not even objected to this lack of attention from the ministry and cinema+tic authorities,.

Even if we choose to disregard the fact that for years now, the cinematic administrators of the country, who constitute the main cultural body of the government, have differentiated between their own filmmakers (insiders) and independent filmmakers (outsiders), I am still of the opinion that they are oblivious of Iranian independent cinema. Filmmaking is not a crime. It is our sole means of making a living and thus not a choice, but a vital necessity.

I have found my own solutions to the problem. Independent of the conventional and customary support granted to the cinematic community at large, I make my own short and independent films with hopes of gaining some credit for the people I love and a name for the country I come from. Sometimes the necessity to work calls for the making of films beyond the borders of my country, which is ultimately not out of personal choice or taste.

However, others, like Jafar Panahi, have for years tried to summon official government support, exploring the same frustrating path, only to be confronted with the same closed doors. He too has for years held hopes of obtaining public screenings for his films and receiving official aid and assistance from the relevant governmental bodies. He still believes that based on the merits of his films and the acclaim they have brought the country, he can seek legal solutions to the problem. The Ministry of Guidance and Islamic culture is directly responsible for what is happening to Jafar Panahi and his like. Any wrongdoing on his part, if there is any at all, is a direct result of the mismanagement of officials at the cinematic department of the Ministry of Guidance and it’s inadequate policies which in no way leave any choice for the filmmaker other than to resort to means that jeopardize his situation as a filmmaker. He too makes a living through cinema.

For him too, filmmaking is a vital necessity. He needs to make himself heard and has the right to expect cinematic officials to facilitate the process, rather than become the major obstacles themselves. Perhaps the officials at the ministry can not at present be of help in solving Jafar Panahi’s dilemma, but they need to know that they are and have been responsible all these years, for the dreadful consequences and unpleasant and anti-cultural reflections of such policies in the world media.

I may not be an advocate of Jafar Panahi’s radical and sensational methods but I do know that the cause for his plight is not a result of choice but an inevitable [compulsion].He is paying for the conduct of officials who have for years closed all doors on him, leaving open small passages and dead end paths.Jafar Panahi’s problem will eventually be solved but there are numerous young people who have chosen the art of cinema as their means of expression and careers.

This is where the duty of the government and the Ministry of Guidance and Islamic Culture, as the government’s main cultural body, becomes even more critical, for they face a large group of Iranian youth who aim to work independently and away from complicated official procedures and existing prejudices.

Jafar Panahi and Mahmoud Rasoulof are two filmmakers of the Iranian independent cinema, a cinema that for the past quarter of a century has served as an essential cultural element in expanding the name of this country across the globe. They belong to an expanded world culture, and are a part of international cinematic culture. I wish for their immediate release from prison knowing that the impossible is possible. My heartfelt wish is that artists no longer be imprisoned in this country because of their art and that the independent and young Iranian cinema no longer faces obstacles, lack of support, attention and prejudice.

This is your responsibility and the ultimate definition of your existence.

Abbas Kiarostami / 1388.12.18 [March 9, 2010] / Tehra

 

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