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Una mirada a lo que pasa al interior del cine iraní a través de Bahman Ghobadi

Catalina Gómez Ángel entrevistó al cineasta iraní Bahman Ghobadi, director de "Las tortugas también vuelan" y da un panorama sobre la situación del cine iraní.

2010/06/01

Por Catalina Gómez Ángel





Cuando seguía de cerca lo que estaba sucediendo estas últimas semanas con Jafar Panahi, recordé una larga entrevista que hice con otro de los grandes directores iraníes, Bahman Ghobadi, en 2008 en Teherán. Nunca me olvidare que me recibió en su productora Mij films la tarde del 10 de febrero, día que se celebraba el 29 aniversario de la Republica Islámica y miles de personas habían salido a las calles del centro de la ciudad a celebrar. Sin embargo, la pequeña calle del norte de Teherán donde nos encontramos estaba totalmente vacía este día. Nada tenía que ver con la congestión que se vive en esa parte de la ciudad en un día normal. Para entonces Ghobadi planeaba realizar su último largometraje en Irán, que luego se llamo “Nadie sabe de gatos persas” y luego irse del país. Tal como sucedió, pero bajo circunstancias diferentes. Para entonces Ghobadi era novio de la periodista iraní estadounidense Roxana Saberi que un año después fue encarcelada en Irán, acusada entre otras cosas de espía -recuerdo bien que fue Saberi quien nos sirvió de interprete en aquella ocasión-. Ghobadi, quien se mantuvo al margen de hacer declaraciones sobre su novia al comienzo, al final terminó pidiendo su liberación allí donde quisieran oírlo. Muchos lo acusaron de querer aprovecharse para hacer publicidad de su película que próximamente iba a competir en Cannes, donde al final salió vencedora. Pero todos son conjeturas, ya que no se conoce bien lo que paso. Lo único que está confirmado es que la pareja nunca volvió a estar junta después del episodio de la cárcel.
He decidido publicar esta entrevista porque creo que a través de las respuestas Ghobadi logra explicar bien que pasa dentro del cine iraní y la situación de los directores independientes como él, Panahi o Kiorostami. Por eso creo que puede interesarles. La entrevista iba a ser publicada en su momento por El Periódico de Cataluña pero nunca lo hicieron. Mejor tarde que nunca.

“A los artistas no nos valoran en Irán”.


Perfil:

Bahman Ghobadi nació en 1969 en Baneh, kurdistán iraní, cerca de la frontera con Iraq, pero en 1981, al comienzo de la guerra entre ambos países, se trasladó a la ciudad de Sanandaj donde vivió hasta terminar sus estudios. Es el director de cine kurdo iraní de mayor relevancia internacional.
‘Las Tortugas también vuelan’ su tercera película fue seleccionada a los premios Oscar en 2005 en la categoría de mejor película extranjera de “ Cuando tenía 17 años hacía pequeños cortometrajes en los que actuaba toda mi familia. Así aprendí a actuar sin actores famosos”, dice. Su ultima película “Nadie sabe sobre los gatos persas” gano el premio de la competición Una cierta mirada de Cannes en 2009. Y ‘Medialuna’, su anterior producción, ganó la Concha de Oro en el festival de cine de San Sebastián en 2006. A pesar de que estas películas se vendieron en 35 países, no puede ser exhibida en Irán. A Ghobadi se le acusa, entre otras cosas, de separatista.




Desde que Bahman Ghobadi filmó su primero largometraje “A time for drunken horses” en 2000, se convirtió en uno de los cineastas iraníes más reconocidos a nivel internacional. Los cinco largometrajes que ha realizado hasta el momento han sido protagonistas de los festivales de cine más importantes del mundo. Sin embargo, Ghobadi no tiene el mismo reconocimiento en su país donde sus películas apenas son exhibidas en dos salas de cine, cuando tiene suerte. Su penúltima película, ‘Medialuna’, fue censurada a pesar de que le hizo todas las modificaciones posibles para lograr la autorización que le permitiera exhibirla en su país. Está cansado y ha decido dejar de luchar contra el sistema, dice. Filmará una última película en Irán este otoño y se irá del país hasta que la situación cambie. Como lo hizo en su momento Mohsen Makhmalbaf, otro de los grandes protagonistas del cine iraní.

¿Porqué se va de Irán?


Es algo que vengo pensando desde hace dos o tres años, pero ya no puedo trabajar más bajo las reglas de este sistema. Con los controles de este gobierno todo se ha hecho aún más difícil. No quiero seguir haciendo trabajos pequeños, con los bajos presupuestos que se manejan en este país y con los grandes controles a los que estamos sometidos. Por eso decidí que necesito moverme, aunque eso no necesariamente significa que me vaya a ir de Irán para siempre. Volveré una o dos veces al año a visitar a mi familia pero no haré más películas, al menos por ahora. Estoy seguro que la situación va a cambiar algún día y entonces regresaré a trabajar desde aquí porque soy iraní, kurdo iraní.

Usted ha trabajado hasta ahora con temáticas relacionadas con el kurdistán iraní. ¿Piensa abandonarlas?
No, incluso creo que estaré más activo si trabajo desde afuera de Irán. La idea es trabajar desde Armenia e Irak. Allá voy a tener muchísima más libertad para hacer mis películas. Voy a filmar desde el otro lado de la frontera.


¿Lo han censurado muchas veces?


El problema en Irán es que muchas veces los cineastas no esperamos a que nos censuren, sino que nos censuramos nosotros mismos. Lo hacemos por muchas razones, entre ellas para que las películas reciban permiso para ser exhibidas en el país, o por miedo a que no nos dejen hacer la película siguiente. Algunas de mis películas tienen finales extraños y uno se podrá preguntar por qué terminan de esa manera y no de otra. En Irán los finales suelen ser finales felices porque no estamos autorizados para mostrar cosas oscuras, por ejemplo, alguien que se suicida. Yo mismo me censuré en mi última película ‘Medialuna’ con la esperanza de poder mostrarla en Irán. Me rendí ante el sistema, pero aún así no logré nada. Ahora estoy arrepentido. Muchas veces me pregunto “¿Por qué lo hice?”.

Es decir que va a filmar una película sin autorización y luego se va del país.
Ya no me importa si obtengo el permiso para hacer mi nueva película. Anteriormente el 50 por ciento de mis películas me pertenecían y el otro 50 por ciento le pertenecía a las concesiones que hacía para obtener el apoyo del sistema. De ahora en adelante el cien por cien serán mías, sin que eso signifique tener problemas con nadie, ni miedo a las consecuencias.

Pero según entiendo esta película la va a filmar en Teherán y no en Kurdistán. ¿Por qué?
En Irán todo esta controlado y la manera más fácil de controlar es no permitir que las comunidades marginales sean activas. Dicen estar muy preocupados acerca de la unidad nacional pero no dicen “Barman Ghobadi, usted debería hacer una película en Kurdistán”, todo lo enfocan en Teherán porque están temerosos de que Irán pueda ser dividido o que se quiebre en pedazos. Pero no le prestan atención a las minorías, y esto es lo que causa es que haya insatisfacción entre ellas. También es lo que hace que las figuras del mundo cultural de las regiones se vengan a Teherán y dejen de trabajar en sus regiones. De hecho, ellos no quieren que yo haga más películas en Kurdistán o en kurdo. Cómo quieren hacer que Irán se mantenga unida y que no se divida en pedazos cuando hay diferencias de trato entre un kurdo y un farsi, entre un baluchi y un teheraní. Voy a hacer esta película en Teherán porque siento que ellos no quieren que yo la haga en Kurdistán, donde nos controlarán más. Además en Teherán puedo acceder a recursos que necesito.

¿Por qué no le dejan exhibir ‘Medialuna’?


Ellos me han acusado de separatista y de que busco un Kurdistán independiente, pero lo único que no busco es eso, es en la única cosa en la que no creo, al menos por ahora. Lo podría llegar a pensar si la situación de los kurdos se vuelve peor día tras día. Pero nunca apoyaría esa idea si le dan más oportunidades a las minorías y a todos nos tratan en igualdad de condiciones. Nunca estaría de acuerdo de que ni la más pequeña región de Irán se independizara. ‘Medialuna” está basada en historias reales pero esta gente no está preparada para ver la realidad del país, o no la quiere ver. Ellos dijeron que tenía que quitarle 12 minutos si quería mostrarla y para probar que no era separatista lo hice, quite esos 12 minutos. Hice la película de una manera especial tratando con la intención de que no fuera prohibida, pero ahora estoy arrepentido de no haberla hecho de la manera que yo quería. Estoy convencido de que mi película no tiene nada de malo, pero sé que el problema por la que no la dejan mostrar es porque una mujer canta una canción, que incluso es una canción religiosa. Sin embargo, ellos no reconocen que ese sea el problema y me acusan de separatista, y no lo soy.

Pero esto es una regla general dentro de todo el Gobierno, o de algunos funcionarios
El sistema no es estúpido, pero hay algunas personas que hacen sus guerras personales e imponen sus reglas. Muchas de estas personas que están en la oficina de censura son también directores de cine que expresan sus celos a través del poder que tienen. Ellos son los que hacen que la atmósfera del mundo cultura en Irán sea difícil.

¿Cómo ha obtenido los otros permisos para hacer sus películas anteriores?

Para la primera película obtuve el permiso con la sonrisa. Siempre estaba sonriendo (en este instante hace muecas y se pone la mano en el corazón para mostrar cuál es la actitud que asume frente a los funcionarios). Ellos nunca supieron que iba a grabar en Kurdistán y tampoco que la película iba a ser en kurdo.

¿Y qué consecuencias tuvo después?

No dijeron nada, no era un mal período. Estas películas se filmaron bajo el gobierno del presidente Mohammad Jatami, quien gobernó entre 1997 y2005. Incluso me dieron permiso para mostrarla en dos cines. Las películas independientes sólo reciben permiso para ser mostradas en uno o dos cines. ‘Las tortugas también vuelan’, por ejemplo, fue proyectada en dos salas mientras una película apoyada por el gobierno, muy mala, era exhibida al mismo tiempo en 36 salas. Una semana después le dieron a esa película una sala más y yo me quedé sólo con una.

No le dijeron nada pero tampoco le dieron apoyo.


Nunca me lo han dado. No he tenido, por ejemplo, un solo segundo para publicitar mis películas en televisión. Tampoco muestran mis películas en la televisión iraní, no importa lo mucho que he luchado para lograrlo. El panorama es muy negro para los cineastas independientes como yo. Todos hacemos magia. Hacemos películas de la nada, donde el 90 por ciento de la energía se va en obtener permisos. Mi preocupación durante una mañana de rodaje es dónde nos ubicamos para mantener a la policía fuera de donde vamos a filmar y no en pensar dónde voy a poner la cámara, cómo serán los planos.

¿En cuáles otros aspectos hay controles?

Para hacer la película hay que pasar por un filtro del Gobierno que primero da o no permiso para hacer la película y luego, cuando la producción está lista, da otro permiso para mostrarla. Muchas veces se pasa el primero filtro y no el segundo. Para adquirir equipos también se necesita permiso, o para conseguir financiación en los bancos. Ahora, por ejemplo, les da miedo darme la plata si no tengo el permiso para hacer la película porque podrían recibir represalias. Incluso los del equipo de asistentes con el que trabajo, el equipo de maquillaje, por ejemplo, están temerosos de ayudarme si no tengo permiso del Ministerio de Cultura. La prensa, la revistas, también están en gran parte controladas por el gobierno y evitan meterse en problemas.


¿Quiénes reciben apoyo?


El filtro gubernamental es muy oscuro. El gobierno sólo apoya mínimamente a algunos directores, pero muchas veces ese apoyo está relacionado con el tema de la película, que tiene que ir ligado a los eslóganes que el gobierno quiere promocionar. Las películas que están respaldadas por el gobierno pueden recibir una alta financiación, por ejemplo de 1 a 5 millones de dólares, pero el resto de los directores independientes que logran obtener permiso para hacer sus película sólo llegan a recibir entre 300.000 y 500.000 dólares. Es por eso que muchos cineastas, por miedo a no tener el permiso del gobierno, deciden hacer el tipo de películas que el gobierno quiere que se hagan.

¿Qué dijo el gobierno cuando empezó a tener éxito internacional?


En Irán hay dos grupos diferentes de directores de cine. Los que reciben apoyo del gobierno y los que no. El tipo de películas que yo hago no las apoyan y no las mandan a festivales. Siempre he sido yo quien he movido todo para mandar mis películas a festivales, y ellos no me han apoyado ni para mandar la película a través del aeropuerto. Todas las películas las he sacado en mis maleta, y a ellos no les gusta eso. Cuando hice ‘Medialuna’, por ejemplo, me dijeron que no le diera ninguna información a la prensa y no lo hice, pero la prensa terminó por enterarse debido a la difusión que tuvo la película en el exterior. Pero hay otra clase de películas, muy baratas y superficiales, que ellos envían a festivales muy malos y reciben una gran resonancia en los periódicos iraníes. Lo que quiere la gente que hace esos controles es que directores independientes como yo abandonemos el país para abrirle más espacio a esos directores gubernamentales.


¿Cómo repercute esto en la calidad del cine iraní?


Desde afuera se tiene la idea que pasa por un buen nivel pues siempre hay películas de directores iraníes en los grandes festivales de cine del mundo.
El problema es que estos controles han hecho que el cine Irán se vuelva muy repetitivo. Todas las películas se hacen de la misma manera, con temas similares. Y ahora la situación está mucho peor. Tenemos que pararnos desde la mañana hasta la tarde para recibir el permiso de esa gente. Algunos funcionaron están tratando de hacer bien su trabajo pero sus manos están atadas. Yo estoy convencido de que a los artistas no nos valoran en Irán.

Pero esta situación podría cambiar en algún momento...


Esto no se va a mejorar mientras existan los controles.

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