| 2015/10/04

El cine colombiano antes de la Segunda Guerra Mundial

2015/10/04

La guerra empezó en Leticia el primero de septiembre de 1932, pero el video-camarógrafo Álvaro Acevedo no llegó al lugar de los hechos sino hasta el año siguiente, a mediados de febrero.

Un grupo de civiles peruanos invadió el puerto colombiano, su mandatario los respaldó y el presidente Enrique Olaya Herrera respondió con una dosis de patriotismo nacional que avivó las pasiones: donó sus alianzas matrimoniales para financiar la causa.

Para llegar hasta el extremo sur del país, la Armada colombiana tuvo que remontar el río Amazonas desde su desembocadura en Brasil. Con ellos viajaba Álvaro Acevedo. Los primeros enfrentamientos ocurrieron en febrero de 1933 pero la diplomacia ganó el 25 de mayo de ese mismo año.

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Además del tránsito de algunos barcos camuflados entre los ríos, la cotidianidad de los soldados, el entierro de sus muertos y la izada de la bandera colombiana tras la victoria, Acevedo registró poco del conflicto. Eso es lo que cuentan Luis González y Jorge Nieto en el documental Archivo histórico cinematográfico colombiano de los Acevedo (1987). Y, sin embargo, Álvaro y su hermano Gonzalo lograron mucho: recrearon la última batalla internacional en la que Colombia se enfrentó a uno de sus vecinos.

Colombia victoriosa se estrenó en 1933 y fue un éxito en el Teatro Olympia de Bogotá. Con ayuda de imágenes de la Primera Guerra Mundial y la grabación de algunas dramatizaciones cerca de la capital, los hermanos Acevedo completaron las batallas que Álvaro no había podido registrar en el Amazonas.

Aquí puede ver uno de los primeros ensayos de cine sonoro en Colombia.

Si esas imágenes no reposaran en la Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano, poco se podría decir de la apariencia de un soldado colombiano en la primera mitad del siglo XX, de cómo se veía la Leticia de entonces, o cómo aterrizaban los aviones colombianos que acuatizaban en el Amazonas. Más allá de la fidelidad de los hechos, el de los hermanos Acevedo es el registro de una época.

Y es que para contar la historia colombiana, pocas veces han sobrado los recursos. A pesar de ser historias contadas en forma de ficción, todavía hoy muchos citan a Gabriel García Márquez para hablar de la masacre de las Bananeras, o hablan de La Vorágine de José Eustasio Rivera para recordar el drama de los caucheros en el sur del país. El arte es una herramienta para la memoria.

Y el cine no es la excepción. En el archivo de la Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano reposa buena parte de la historia del país. Las películas Aura o las violetas (1924), Bajo el cielo antioqueño (1925), Alma provinciana (1926) y Garras de oro (1926) encabezan la lista de las primeras películas del cine silente colombiano que se empezaron a restaurar y digitalizar a mediados de la década de los noventa. Allí reposa el registro de una serie de costumbres, códigos sociales, vestuarios y tradiciones de las que antes solo existía registro escrito y fotográfico.

El video que se reproduce en el encabezado de este artículo es un ejemplo de otro tipo de registro que se cuida en la Fundación. Esa campaña de prevención vial hace parte de las cerca de 30 horas de imágenes de la colección de los Hermanos Acevedo.

Además, hay que resaltar otras colecciones destacadas como las emisiones desde 1956 hasta 1978 del noticiero Actualidad Panamericana, que se proyectaba semanalmente en los cines, antes de las películas. Hay registros de obras completas o fragmentos  de los pioneros del cine colombiano como los hermanos Di Doménico; Pedro Moreno Garzón, quien se inició como ayudante de estos últimos y dirigió películas como Aura o las violetas y Como los muertos (1925); o Máximo Calvo, director de la adaptación cinematográfica de la novela de Jorge Isaacs María, de la cual solo se conservan 25 segundos. También se conserva el trabajo de reconocidos directores y productoras  como Marco Tulio Lizarazo,  Luis Moya Sarmiento, Roberto Saa Silva, Patria Films, Ducran Films, Colombian National Film C.N.F.,  entre otro centenar de registros.

“Todo este material llega de distintas maneras, hay productores independientes que deciden donar su archivo a Patrimonio Fílmico. Hay una donación muy importante de la Exxon Mobil, que fue benefactor de esta entidad, que tuvo que ver con el archivo de los Acevedo. Y así han llegado otro tipo de materiales”, explica Alexandra Falla, directora de la Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano.

Falla resalta que todo este trabajo de recuperación, almacenamiento, digitalización y difusión sería imposible sin la cooperación y el trabajo interinstitucional con otras entidades. Entre estas se encuentra el Instituto Distrital de las Artes (IDARTES), el Ministerio de Cultura, el Sistema de Medios Públicos RTVC, el Cine Club de Colombia o Cine Colombia, entre otras.

La Fundación tiene un convenio con el Ministerio de Cultura, por ejemplo, para conservar algunos registros que le pertenecen a la nación. Lo mismo ocurre con otros trabajos que reposan en las bóvedas de la Fundación, pero los derechos de visualización, difusión o alteración todavía están en mano de sus dueños. Pero más allá de estas excepciones, existen cientos de horas de historia nacional que se guardan en forma de cine, sonido y video.

La directora de la fundación cuenta que “hay un conocimiento general del material que se encuentra en custodia. Pero claramente yo creería que nos falta trabajar en la sistematización de esa base de datos para que esté lo más depurada posible”. El sueño de Falla es que en el futuro exista una plataforma que no solo facilite la búsqueda del material, sino que además sirva para que las personas puedan visualizar los registros y hacer los trámites para pedir fragmentos y licencias por internet.