| 2015/09/25

El recinto con más películas de Colombia

2015/09/25

La idea empezó con un cine club, luego sus promotores se aventuraron con el rodaje de una película y el resultado es el único archivo fílmico del país.

El librero catalán Luís Vicens fundó en 1949 el Cine Club de Colombia en compañía de un grupo de cinéfilos. Entre ellos se encontraban Alejandro Obregón, Álvaro Mutis, Otto de Greiff y Hernando Salcedo Silva. Se reunían a hablar de la actualidad del arte y de los lanzamientos cinematográficos que se tardaban en llegar a Colombia. Allí proyectaron, entre otros, al francés Marcel Carné, al japonés Akira Kurosawa, al estadounidense Arnold Laven y pronto sintieron la necesidad de hacer cine y acceder a más películas.

En 1954, Luís Vicens, Gabriel García Márquez, Álvaro Cepeda Samudio y Enrique Grau estrenaron La langosta azul. El recientemente fallecido Nereo López estuvo a cargo de la dirección de fotografía. Paralelo a su realización, el grupo se las arregló para convertir el cine club en la Cinemateca Colombiana. Desde entonces, la organización ha cambiado un par de veces su razón social hasta convertirse en la Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano, fundada en 1986. En general, el propósito ha sido siempre el mismo: preservar y conservar el patrimonio audiovisual colombiano y propiciar el acceso a este.

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Alexandra Falla, directora de la Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano, aclara porqué hay un enfoque en el carácter audiovisual: “En un comienzo la fundación tuvo un énfasis importante en materia fílmica, y de allí precisamente deriva su nombre, pero hay que reconocer que hoy, cada día con más fuerza, se desdibujan las fronteras entre los medios de comunicación y casi que uno no separa el cine y la televisión, sino que habla más bien de las producciones audiovisuales”.

Además, los primeros noticieros del país se grababan en cintas de 35 milímetros y muchas personas iban a verlos a cine. De modo que, por el formato y la forma de exposición sería difícil separar este material del estrictamente cinematográfico.

Actualidad Panamericana, por ejemplo, fue un noticiero que se realizó desde 1956 hasta 1972 bajo la dirección de Álvaro Escallón Villa. La Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano conserva todos los registros de este material y constituye una de las colecciones más grandes del archivo. A diario, los técnicos de la entidad atienden las peticiones de investigadores, realizadores y curiosos que consultan las bases de datos y solicitan la digitalización de algunos fragmentos. Las imágenes de este informativo están entre las más requeridas.

Pero la tarea de la Fundación no se puede quedar ahí. El archivo tiene cerca de 160 mil soportes físicos que albergan alrededor de 200 mil cintas (muchas veces puede haber más de una cinta en el mismo carrete). Y en la entidad calculan que solo el cinco por ciento de este material está digitalizado. Pero si se digitalizara únicamente lo que van a pedir los usuarios, ese porcentaje sería inferior.

La parte del objetivo de la fundación que habla de “propiciar el acceso al patrimonio audiovisual” se materializa en proyectos. Este año, por ejemplo, sacaron al público una colección de la obra de Carlos Mayolo que contiene dos largometrajes del caleño, una serie de cortos y un libro en inglés y español con la contextualización de su obra. “Y es importante saber qué precedió a esa colección que hoy está disponible al público”, aclara Falla.

“Para hacer esto posible fue necesario que por 20 años aquí se tuvieran los negativos de esas películas, conservados de manera idónea, con las condiciones bioclimáticas adecuadas. Y que luego de todos esos años de preservación de ese material, se lograran contar los recursos que permitieran todo el trabajo posterior de digitalización en los distintos formatos”. A lo anterior, añade Falla, hay que sumarle la distribución de 500 ejemplares en algunas librerías del país.

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Colecciones como esta, además de apoyar la divulgación, ayudan a financiar una entidad que cuenta con un presupuesto anual de cerca de 2 mil millones de pesos. Cerca del 30 por ciento de estos recursos provienen del programa de fortalecimiento del Fondo de Desarrollo Cinematográfico y el resto corresponde a la venta de servicios por parte de la Fundación y el desarrollo de proyectos como el de Mayolo.

Pero no es suficiente. De las cinco bóvedas que se encuentran en la carrera 45 con avenida 26, una está destinada exclusivamente al almacenamiento de las cintas que tienen hongos o vinagre. Son como enfermedades. Por más de que un carrete esté sellado, puede “infectar” a la cinta que se encuentra en el carrete contiguo. Los técnicos le aplican un gel a las cintas para detener el impacto de estos agentes pero no los pueden quitar del todo.

Eso sin contar con la restauración de las cintas que se encuentran desgastadas, con manchas o rayones. Los laboratorios para recuperar ese material no existen en Colombia y muchas veces tienen que enviarlo a México o Portugal, entre otros destinos. En la Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano calculan que restaurar un minuto de celuloide y digitalizarlo puede costar alrededor de 4 millones de pesos, dependiendo del estado de la cinta y la resolución del proceso, ya sea HD, 2k o 4k.

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Pero la fundación no solo lidia con asuntos del pasado. Solo de 2000 a la actualidad han agregado a su colección cerca de 180 largometrajes. Y hay asuntos administrativos y legales para los que se están preparando. Todavía deben buscar muchos derechos de autor, montar una plataforma en línea que facilite el acceso a las bases de datos y agilizar los trámites para entregar el material a los que lo requieran. Así lo plantea Falla: “Hoy estamos trabajando en las políticas que permitan el archivo digital que será la memoria histórica y audiovisual del mañana”.