Nicolás Morales, columnista de Arcadia.

Los sopores del año

Este año, como todos, y a pesar de lo bueno, uno se llenó de pena ajena y de ganas de darles un coscorrón a algunos. Como es usual, van aquí los sopores del año a cargo de Nicolás Morales, columnista de Arcadia.

2015/12/11

Por Nicolás Morales

Este año se fue Don Arnoldo Palacios, dejándonos Las estrellas son negras muy alto en el firmamento. Fue un año de buen cine colombiano, con serpientes, sombras y con un documental juicioso de Gerrit Stollbrock sobre el cemento La Siberia que conmovió a más de uno. Salió el esperado Atlas Subjetivo de Colombia; Daniel Ferreira (por fin) fue editado en Colombia, y el politólogo Guillén Martínez fue relanzado. Fue el año en que Pablo Adarme juergueó con globos muy bonitos y en el que Cerati no resucitó, pese a mis rezos. Este año, como todos, y a pesar de lo bueno, uno se llenó de pena ajena y de ganas de darles un coscorrón a algunos. Como es usual, van aquí los sopores del año, cada vez más tiernos e inofensivos, como este servidor.

MissTIC. En un arrebato de sentido patrio el MinTIC decide ofrecerle, en agradecimiento a nuestra última Miss Universo, una linda estampilla con su cuerpo. Como si estuviéramos en las épocas del Frente Nacional, este ministerio peló el cobre con sus ideas políticas y estéticas sobre lo que debe ser, en pleno siglo XIX, digo, XXI, una mujer en Colombia. Y Paulina Vega Dieppa parece representar a la perfección ese modelo. Aquí a nadie le gustan las líderes sociales, las mujeres sufragistas, las que ejercen resistencia a la debacle medioambiental. Todas esas se ven gordas en las estampillas. Reinas, eso es lo que debe dar la tierra.

Cali Book Fair Disaster. Convencidos de que hacía falta una gran feria del libro internacional en el Occidente colombiano, se organizó la Feria Internacional del Libro y las Culturas, Filca. Claro, nadie esperaba una réplica de la Feria de Frankfurt, pero, señores, se les fue la mano: un ventorrillo de libros queriendo mantenerse en pie entre inundaciones, vientos huracanados, salas vacías, señalización y publicidad de perros y una programación cultural organizada por cuidapalos. Eso sí, manjar blanco, manjar blanco.

Cosas y cositas del premio GGM. Se entregó el premio literario 2015 hispanoamericano de cuento. Bravo por Magela Baudoin, su ganadora. Con mucho vuelo seguimos celebrando este gran galardón, muy internacional, bien curado y todo. Pero empiezo a preguntarme: ¿quién leyó el premio discernido justo el año pasado? Muy poco se habló en medios o revistas de Felicidad repulsiva, el libro de Guillermo Martínez. ¿Dónde están las reseñas de la obra? ¿Por qué casi no había libros en librerías? ¿Aprovechó Planeta como se debía al ganador? Preguntitas todas que, perdón, empiezan a agrietar este premio pomposo. ¿De qué nos sirve premiar libros y autores con un dineral si a nadie le interesa que los contribuyentes los podamos leer?

Milonga por Samudio. Los desastres de la distribución del canon literario colombiano se acumulan. Mi listado, propuesto hace algunos años, gana más títulos. Caminé mucho tratando de conseguir la edición crítica que se hizo recientemente de Álvaro Cepeda Samudio en la Colección archivos. Pues bien, lo siento por nosotros. La hizo una editorial argentina y es inconseguible en la Nueva Granada. Así de porteño es Samudio, tan porteño como nuestro patrimonio.

El espectro de (la) Gilberto Alzate. Petro decidió continuar la tradición autoritaria de esta cada vez más extraña Fundación, ahora rebautizada Fuga y disfrazada hoy de queer, etno, tecno, trans, multitodo, pero siempre fomentada desde el Concejo por el ala más recalcitrante de la godarria alzatista. Dicen que ni Clarisa pudo contrarrestar las decisiones de alcalde, Concejo y una tal Mejía, que en últimas solo siguieron favoreciendo a los Alzate de tercera generación. Mientras tanto, la Galería Santa Fe, tuqui tuqui. A propósito, ¿qué hizo Artes en el Idartes aparte de dejarse quitar en silencio todo lo que había?

Cultura, sin presupuesto. Es un hecho que al Ministerio de Cultura lo desplumarán en presupuesto: el año entrante, hasta los tres huevitos que tenía en los tiempos de la no prosperidad caerán. Pareciera que en Colombia, posconflicto y desarrollo significan muerte a la cultura. Me pregunto por qué tan tímidos en pelear por unos recursos que tomó décadas conseguir y cuyo cuidado debería ser una vocación fundamental. Y la comunidad de intelectuales, escritores, músicos, artístas y etcétera, todos calladitos. Nadie ha dicho nada, pero los veremos sollozar el año entrante cuando los premios y estímulos culturales sean cosa del pasado y cuando el Ministerio de Defensa lance su Premio Nacional de Poesía Militar para la Paz y la Reconciliación.

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