Debates en paz

¿Qué significa morir dignamente?

Este 5 de julio, la Secretaría de Cultura de Bogotá, y Arcadia, realizarán el segundo debate de una serie de seis conversaciones públicas sobre asuntos culturales y sociales para demostrar que es posible el disenso en tiempos de reconciliación. En esta ocasión el tema elegido es el derecho o no que tienen los seres humanos a morir dignamente.

2015/06/30

Por RevistaArcadia.com

Hace solo unas semanas, el artista colombo-holandés Michel Cardená, decidió someterse a una eutanasia asistida en Holanda, país en el que residía desde hacía cuatro décadas. Cardená, nacido Cárdenas, fue uno de los artistas más incómodos en un país que, en su momento, no respetó sus elecciones sexuales. Como homosexual, la sociedad de los años sesenta lo cercó, hasta hacerlo emigrar en pos de sus búsquedas estéticas que, con el tiempo, se convirtieron en verdaderas posturas sobre el arte queer. El caso de Cardená, quien murió el pasado 4 de julio, pone de presente, una vez más la discusión en Colombia sobre el derecho a elegir una muerte digna en medio de circunstancias complejas, como el Parkinson degenerativo que sufría el artista. Al igual que Cardená, personajes públicos como el científico Stephen Hawking, han manifestado su idea de no descartar someterse a un suicidio asistido si sintiera que es una carga para la sociedad y no pudiera aportar nada más al mundo o si padeciese de un gran dolor.

La eutanasia ha sido un tema que ha recorrido la cultura de occidente. Si para los griegos era fundamental defender la idea de una “buena muerte”, en la Edad Media se produjo un cambio radical, atacando la idea de que era posible reemplazar a Dios como dador de vida, y en consecuencia, de muerte. La religión católica se opuso con firmeza a plantear la muerte asistida como posibilidad en medio de la enfermedad o el dolor. Sin pretender hacer un recorrido siquiera obtuso sobre las discusiones que se dieron desde entonces, habría que decir que la modernidad produjo, con el avance de la ciencia y la puesta en cuestión de la evolución de la vida, un debate intenso que se ha mantenido en diversos lugares del orbe. Basta dar hoy una mirada a casos como el reciente deceso de Arua Shanbaug, en la India, a causa de una neumonía después de pasar cuarenta y dos años en estado vegetativo después de una agresión. El hecho desató un gran debate por considerar que se trata de un caso emblemático sobre la eutanasia.

 En Francia la discusión acapara la atención de los medios desde que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, avaló la decisión de la justicia francesa de retirar la alimentación y la hidratación artificial que mantienen vivo a el enfermero Vincent Lambert, de 38 años, que quedó en estado vegetativo hace casi siete años tras accidentarse en su moto. El caso ha llegado hasta los jueces europeos de Estrasburgo por la apelación presentada por los padres del señor Lambert, de convicciones profundamente católicas que se oponen al resto de la familia y a los médicos. Los jueces del Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo nunca se habían expresado antes sobre el fondo de un asunto que concierne  la prolongación artificial de la vida.

En Chile, Valentina Maureira, una niña de 14 años, enferma de fibrosis quística que había pedido a la presidenta Michelle Bachelet que se le aplicara la eutanasia, falleció en Santiago de Chile tras una insuficiencia respiratoria producto de la propia enfermedad. El video que ella misma subió a su página de Facebook y que tuvo una amplia difusión en las redes, abrió con fuerza el debate sobre la regulación de la muerte digna, prohibida en Chile. “Soy Valentina Maureira, tengo 14 años, sufro de fibrosis quística y solicito hablar urgentemente con la presidenta, porque estoy cansada de vivir con esta enfermedad y ella me puede autorizar la inyección para quedarme dormida para siempre”, decía desde su cama de hospital.

Todos esos casos han destapado cuestiones fundamentales sobre aquello que consideramos o no legítimo dentro de nuestra cultura.

¿Cómo dibujar una frontera entre la vida y la muerte? ¿Cómo trazar los límites entre lo que podría considerarse aceptable para el ser humano dentro el ámbito de la ciencia y la eutanasia como posibilidad? ¿Es legítimo dejar morir o precipitar la muerte cuando ha llegado el momento? ¿Y cuál ese ese momento?¿Quién puede decidirlo?

En ese sentido, este 5 de julio, a las 10:00 de la mañana en la Biblioteca Pública Virgilio Barco, Claudia Agamez, médica especialista en dolor y cuidados paliativos; Gustavo Quintana, médico, exjesuita; Eduardo Barrera, filósofo y director del Instituto de Bioética de la Universidad Javeriana, y Johan D’Halleweyn, cónsul de Bélgica en Colombia —país en donde está legalizada la eutanasia— harán parte de un debate que busca ver desde todos los ángulos posibles las implicaciones médicas, éticas, filosóficas y culturales que tendríamos que considerar como sociedad.

Hoy en día, por sus progresos, la medicina más apta a curar o a estabilizar las enfermedades, ha borrado las fronteras con la muerte. La medicina se volvió tan eficaz que muchas veces se muere muy tarde… Aparece entonces la pregunta sobre los dispositivos sociales, culturales como terapéuticos del acompañamiento del final de la vida. En muchos países los médicos pueden hoy en día renunciar a los tratamientos que se saben vanos.  Algunos países van mucho más allá y han reglamentado la eutanasia activa como Holanda (desde 2001), Bélgica desde (2002), Luxemburgo (desde 2009). Bélgica es también el primer país que autorizó la eutanasia de los menores de edad desde febrero del 2014. En Estados Unidos, los Estados de Oregón (desde 1997), Washington (desde 2009), Vermont (desde 2013) autorizan por su parte el suicidio asistido. En Suiza esta asistencia al suicido es tolerada y organizada por asociaciones.

Pero el tema, no es solo un problema legislativo sino cultural y concierne toda la sociedad. Pues, la concepción de la muerte también determina el sentido de la vida.

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