Los panelistas durante el debate sobre la eutanasia realizado el domingo 5 de julio / Foto: David Amado.

¿Qué significa morir dignamente?

El 5 de julio se llevó a cabo el segundo debate organizado por la revista Arcadia y la Secretaría de Cultura de Bogotá. Un médico, un filósofo y un diplomático discutieron sobre la eutanasia.

2015/07/07

La Biblioteca Pública Virgilio Barco fue el punto de encuentro entre tres panelistas que junto a Juan David Correa, director de la revista Arcadia, discutieron sobre un tema que ha cobrado vigencia en el panorama nacional durante los últimos días: la eutanasia y el derecho a morir dignamente. Gustavo Quintana, médico exjesuita que ha practicado más de 200 eutanasias; Eduardo Rueda, filósofo y director del Instituto de Bioética de la Universidad Javeriana; y Johan D’Halleweyn, cónsul de Bélgica en Colombia, país en el que se legalizó la eutanasia hace tres años, se reunieron durante casi dos horas para discutir sobre este controversial procedimiento médico. 

Un procedimiento legal
El caso de José Ovidio González, padre del caricaturista Julio César González, mejor conocido como Matador, ha estado en la primera plana de los medios nacionales durante las últimas semanas. Don Ovidio, que a sus 79 años padecía de un cáncer terminal, fue sometido a la primera eutanasia dentro del sistema de salud en el país luego de una dura batalla legal. Con esto en mente, el debate comenzó con una pregunta concreta, orientada al panorama colombiano y relacionada con la sentencia T-970 de 2014 que le ordenó al Ministerio de Salud tomar las medidas necesarias para garantizar la práctica de la eutanasia.

El doctor Quintana afirmó que desconocía que la práctica de la eutanasia fuese legal desde 1997 cuando, gracias a la sentencia T-239 de la Corte Constitucional, Carlos Gaviria consiguió que no se penalizara al médico que ayudara a fallecer a un paciente que solicitara el procedimiento. Desde entonces, explicó Quintana, la Corte Constitucional estableció tres condiciones: la existencia de un paciente terminal aquejado de dolores insoportables; que el paciente solicitara de forma consciente su deseo de morir; y que el procedimiento fuera practicado por un médico que garantizara el no sufrimiento del paciente. Quintana, que ha realizado el procedimiento durante 33 años, afirmó: “siempre consideré un deber ético acompañar a mis pacientes, aun en el momento doloroso de su agonía final y su muerte”. Además, comentó que su cercanía con la eutanasia le permite tener una visión mucho más humana de los hechos y que debe ser un proceso íntimo e inalienable entre paciente y médico y en el que el Estado no debería intervenir.


Eduardo Rueda, Johan D'Halleweyn & Gustavo Quintana / Foto: David Amado.

Por su lado, Rueda comentó que la creación de estas leyes genera problemas dentro del ámbito político y legal, y además siempre hay líos de tipo religioso y social que entran en juego. No obstante, Rueda afirmó que “la Corte no procede por capricho, sino que lo que hace es acatar las decisiones constitucionales que decidimos como ciudadanos”.  

En cuanto al tema de la legalidad, Johan D’Halleweyn comentó el caso de Bélgica, que en 2012 legalizó la eutanasia y que viene practicando el procedimiento desde entonces en varios centros médicos y hospitales. De acuerdo con el cónsul, la población belga es mucho más vieja que la colombiana, por lo que el tema es mucho más actual. Para Johan, que Bélgica tenga una ley tan clara y transparente es importante tanto para el cuerpo médico como para el paciente, pues temas tan sensibles como este requieren de un marco jurídico sólido para proteger a ambas partes y garantizar que se cumplan los requisitos éticos y legales pertinentes. Además, comentó que aunque los grupos religiosos que habitan en Bélgica están en contra del tratamiento, los centros médicos fundados por comunidades como la católica aún permiten que se realice este tipo de tratamiento ahí e incluso muchas iglesias aceptan enterrar a personas que han optado por la eutanasia.

Los cuidados paliativos
El debate continuó cuando Correa comentó que el problema en Colombia no es estar a favor o en contra de la eutanasia, sino que radica en la falta de cuidados paliativos para personas con enfermedades terminales. El doctor Quintana contestó que efectivamente lo más importante es que el Estado pueda proporcionar los cuidados paliativos, pero que es aun más importante darles a los pacientes la oportunidad de aceptarlos o no. Dentro de esta decisión, claro está, existe la posibilidad de que el enfermo muera por su deseo de no aceptar dichos procedimientos.

Eduardo Rueda adicionó que además de la importancia de estos cuidados, es fundamental distinguir entre dolor y sufrimiento, pues no siempre van de la mano. “No siempre la gente que sufre por algo tiene dolor físico…en esos casos, la gente no necesita cuidados paliativos. Lo que necesitan es morir –afirmó el filósofo–: someter a una persona a vivir bajo circunstancias en las que su vida no merece ser vivida…es una forma de tortura para esa persona”.

“El doctor de la muerte digna”

El doctor Gustavo Quintana, de formación jesuita, es probablemente el médico que más conoce sobre la eutanasia en el país. Si bien ha sido criticado por muchos, y hay quienes lo llaman “el doctor de la muerte” y lo consideran un homicida, Quintana afirma que él es un verdadero “enamorado de la vida”. “La educación ética, filosófica y humanística que recibí de los jesuitas son las bases para que yo haya decidido acompañar a mis pacientes terminales a morir” cuenta el doctor. (Lea también: "He realizado más de 230 eutanasias."


El doctor Gustavo Quintana, que ha practicado eutanasias durante 33 años /Foto: David Amado.

Aunque parezca paradójico que un amante de la vida realice este tipo de procedimientos, Quintana considera que la importancia radica en el estilo de vida que lleva una persona y no en la vida misma. Según cuenta, una persona postrada en una cama que debe alimentarse a través de tubos no vive dignamente y esto le da el derecho a elegir si quiere acabar con ella antes de que continúe el deterioro. Además, evita atar a un tercero a que lo cuide por el resto de su vida. Apelando al público, Quintana abogó por el derecho de estas personas a morir: “Acabemos con ellos. No porque queramos hacerle daño a sus familias o a ellos mismos, sino porque es más digno fallecer que permanecer como un cadáver que no tiene posibilidad de reconocerse.”

La eutanasia y la religión
En un país principalmente católico como el colombiano, la eutanasia es un tema complejo, pues va en contra de los pensamientos e ideales de dicha religión. No obstante, como en el caso de Bélgica que expuso Johan, los centros médicos auspiciados por comunidades católicas pueden llegar a practicar eutanasias a pesar de sus creencias espirituales.

Según la religión católica, la principal violación de los principios éticos es el hecho de que una persona no tiene potestad para tomar decisiones respecto a la vida de otro. Debido a esto ha surgido un debate en torno a la práctica por parte de médicos católicos de si se debe realizar o no estos procedimientos. A pesar de esto, “no hay que dejar de ser católico para tomar este tipo de decisiones”, como afirma Rueda. 

En cuanto a la objeción de consciencia (cuando el médico se rehúsa al llevar a cabo el tratamiento) y el debate sobre la religión, el doctor Quintana comentó que la decisión de la Corte le está dando a la ciudadanía una lección sobre la tolerancia, uno de los elementos más importantes para vivir en sociedad. “La tolerancia es lo que nos debe llevar a aceptar la diferencia y, al hacer esto, amarnos el uno al otro”.   


Eduardo Rueda y Johan D'Halleweyn / Foto: David Amado.

Casi dos horas más tarde, el debate finalizó con varias preguntas por parte del público que esperaba aprender más sobre las diferencias técnicas entre “suicidio”, “suicidio asistido”, “eutanasia pasiva” y “eutanasia activa”; e instituciones a las que pueden acudir si desean realizar una eutanasia. Además, se enfatizó sobre la importancia de que el paciente debe cumplir con los siguientes requerimientos: que esté consciente de su decisión, que sea mayor de edad y que se encuentre aquejado por una enfermedad terminal que no le permite vivir la vida que merece.

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