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Un recorrido literario por Medellín

A propósito del final de la Fiesta del Libro, Arcadia retoma su serie de mapas literarios para mostrar como autores de distintas épocas han retratado la geografía, tugurios, barrios y edificios de la capital antioqueña.

2015/09/22

Por RevistaArcadia.com

Vagabundos (1914), Tomás Carrasquilla

Estación del Ferrocarril de Antioquia

“Como no ha conseguido para cama y no se acuesta en la acera, amanece en ‘El Blumen’, de pie y silencioso. Nadie le ha ofrecido un vaso de chicha; nadie, un cigarrillo: los conocidos le desconocen, los extraños no le notan. Mas al pasar las gentes para misa primera, entra un camarada: trago, chicharrón y café. Queda solo. Trasiega por ahí. Pregunta por ‘El Zarzo’. Nadie le ha visto. Los trenes pitan, braman. Vase a la estación del ‘Ferrocarril de Antioquia’”.

Publicado por primera vez el 8 de agosto de 1914 en el diario El Espectador, Vagabundos se centra en un mendigo de 35 años, en “una figura insignificante” proveniente de una familia adinerada a quien “la miseria lo ha hecho tímido”. En el cuento de apenas siete páginas, el personaje, invisible ante los ojos de la sociedad, deambula por las calles de Medellín en busca de un amigo. Así, durante su recorrido nos presenta a una Medellín hoy inexistente: la de los barrios populares copados de artesanos y bares a donde se amontonaban los estudiantes para combatir sus guayabos a punta de chicha. Se trata de uno de los muchos cuentos de Carrasquilla (1858-1940) que transcurren en la capital antioqueña.

Una mujer de 4 en conducta (1930?) – Jaime Sanín Echeverri

Catedral Metropolitana de Medellín

- “Y a usted señorita Helena, ¿le gustó Medellín? – dije con sincera cortesía.

- “A mí me encanta Medellín, doctor. Conozco todo el centro. Aquí me paso los días y las noches viendo esa extensión de ciudad y pensando en todas las maravillas que hay en ella: la catedral y tantísimas iglesias, las fábricas tan admiradas, los colegios y la universidad, los parques y las avenidas, esos edificios tan altos y esas casas primorosas… ¡Qué dicha tener plata y poder vivir en Medellín! Lo malo es que a los medellinenses les debemos dar mucha risa las montañeras.”

La catedral de Villanueva es el principal templo de la Arquidiócesis de Medellín y sede del Arzobispo. Está ubicada en el costado norte del céntrico Parque Bolívar y algunos afirman que es la iglesia más grande del mundo construida en ladrillo cocido. En el libro Una mujer de 4 en conducta es mencionada ocasionalmente por los protagonistas el “Doctor García” y Helena. Uno de los primeros ejemplos de novela urbana en Medellín, la obra narra la historia de una campesinita de Santa Elena que llega a Medellín. Asombrada por la gran ciudad termina siendo víctima la estratificación social, los vicios, el acoso sexual y la ignorancia.

Aire de tango (1973) - Manuel Mejía Vallejo

Barrio Guayaquil

“¿No conocían este Guayaquil? Así se llama el barrio porque fue pantanero de zancudos, rumbaban las fiebres como un tiempo esa ciudá de Los Ecuadores. Letrao, ¿no? Aquí estuvo Gardel, vino al Circo España, después tumbaron el circo. A Gardel lo trajo el Negro Marroquín Mora, el de Margarita Gotié. Perdón, el Negro todavía no había venido con sus chistes y su bandonión cobiajo en las noches pa que no se resfriara. Lo trajo…”

Este antiguo barrio de Medellín identificó culturalmente a sus habitantes a finales del siglo XIX. Los cafés, los bares y las cantinas eran los lugares de encuentro donde antioqueños de todas las clases sociales acudían para divertirse. El tango, la milonga, la ranchera y los corridos se escuchaban a lo largo y ancho del barrio que muchos consideraron por años “el más espontáneo de Medellín”. En Aire de tango Manuel Mejía Vallejo describe de manera magistral la vida nocturna del barrio a través de Jairo, el protagonista, quien recorre ese mundo de música, homosexuales, meseros de enganche y cafés populares. Lugares como la estación de San Lorenzo, los talleres mecánicos, la plaza de mercado, entre otros, constituyeron a Guayaquil como uno de los barrios más modernos y comerciales de Medellín hasta 1920.

Los días azules (1987), Fernando Vallejo

Envigado

“Envigado tenía una iglesia blanca, de torres redondas. Era un pueblo de cantinas, de borrachos, de serenatas. Con palomares y palomas. El que matara una con el carro pagaba cinco pesos, o cinco días de cárcel por orden del acalde. Cosa que a papi le tenía si cuidado, “porque el alcalde de este pueblo es conservador”. Y bajando de tumbo en tumbo, de bache en bache, enrumbábamos hacia Sabaneta”.

Los días azules, publicada en México en 1985, se concentra en la infancia de su autor, desde su crianza en el barrio Boston hasta los días que pasaba en la finca de sus abuelos en Santa Anita, en las inmediaciones de Envigado. La obra, la primera entrega de un ciclo de novelas autobiográficas titulado El río del tiempo, deja entrever una Medellín previa a la desaborada urbanización de la segunda mitad del siglo XX, a una Medellín anterior a las oleadas del narcotráfico, en la que Envigado y Sabaneta eran pueblos a las afueras de la urbe. Al mismo tiempo, la novela de Vallejo funciona como una radiografía cruda y demoledora de las creencias y las costumbres de la sociedad colombiana.

En la 45, las palomas sí quieren al che Gardel (1990), Reinaldo Spitaletta

La carrera 45

“La estatua más fea del mundo está en la carrera 45, en el corazón del barrio Manrique de Medellín. Representa al cantor de tangos Carlos Gardel, que está de pie, con su cabeza de bronce levemente inclinada hacia la izquierda, huérfana de su sombrero borsalino. Sobre ella, un farolito nostálgico recuerda alguna canción inmortalizada por el Zorzal Criollo. Esa es, tal vez, la única estatua de orbe que, misteriosamente, las palomas no cagan".

Una de las crónicas que componen Las plumas de Gardel y otras tanguerías, libro publicado por la Alcaldia de Medellín hace unos meses para conmemorar los ochenta años de la muerte del músico argentino. La obra recopila una serie de artículos de Spitaletta en los que se homenajea el legado de Gardel en Medellín y se evoca la figura de un hombre que “se pasea por baldíos y poblados, en noches de pena y de romance. Camina aquí, salta allá, como Pierrot, como funámbulo, como fantasma gozón”.

Rosario tijeras (1999) – Jorge Franco