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Mucho ruido, pocas letras

En uno de los momentos más intensos de la escena musical en Colombia los impresos de música no circulan como antes y casi todos los contenidos periodísticos migraron a la red.

2017/08/03

Por Chucky García* Bogotá

Entre las novedades que trajo la última edición del festival Rock al Parque estuvo el lanzamiento del primer número impreso de Metal Live Magazine, una revista de pequeño formato pero cargada de información, noticias, reseñas de discos y crónicas de shows de la escena nacional del rock duro. Pero a estas alturas, ¿qué tiene de novedoso sacar una revista de música y ver a sus dos entusiastas promotores, Janine Verano y Sergio Zuluaga, con un morral lleno de copias y ofreciéndoselas al público en persona?

 De novedoso tiene que es algo que ya no se ve, y que en comparación con lo que pasaba hace 20 años –en un país con bajos índices de lectura, en todo caso, con poca tradición de revistas musicales independientes y en donde hasta las franquicias de editoriales multinacionales como Rolling Stone han tenido que hacer un gran esfuerzo para costear el impreso– es un esfuerzo que se redujo de manera significativa. En los noventa eran muchos más los medios en papel que circulaban y cubrían la escena local, y sumando las secciones de música de algunos periódicos y revistas de tiraje nacional, el inventario arrojaba un saldo a favor.

Hoy, cuando la industria musical de Latinoamérica nos ve como el país con la producción más interesante de la región y localmente tenemos la sensación de que muchas cosas están pasando en materia de música, solo un puñado de tercos y románticos están interesados en que los melómanos puedan tener entre sus manos una revista de este tipo; que la puedan oler, palpar y finalmente conservar, rompiendo de paso con la hegemonía de los contenidos digitales en la red, un canal donde reina un periodismo homogéneo y, en opinión de algunos, parco y sumiso.

“Hay un montón de medios online pero vemos que muchos tienen un ‘medio’ para ir a eventos”, dice Adolfo Lemos, quien lleva ocho años al frente de Music Machine Magazine, revista con 27 números a la fecha y que en 2017 llega a la edición impresa número 30. “No hay crítica u opinión seria para no perder la acreditación. Nadie dice nada comprometedor, nadie investiga o pone el dedo en la llaga por miedo a ser vetado”. Music Machine Magazine, que se financia con pautas publicitarias de empresas privadas o públicas del sector cultural y musical, reparte 5.000 ejemplares gratuitos por edición, económicamente ha tenido unos años malos y otros buenos, y su mayor constante es justamente lo que Lemos llama “la terquedad de luchar ante la homogeneidad mediática del digital. El valor de tener un medio físico nos diferencia sobre los demás medios alternativos locales”.

¿Cuáles son esos? Hay varios, casi todos en línea y algunos de vieja data, como Zona Girante, autoproclamado como un cyberfanzine de música contemporánea especializado en América Latina que desde 1999 ha venido promocionando “el mejor ruido en todo el continente”. Al frente de su cruzada está y siempre ha estado José Gandour, quien coincide con que en materia de contenidos digitales “muchos hacen periodismo para portarse bien con los organizadores de grandes conciertos, y en sus labores se confunden las líneas divisorias entre información y publirreportajes”.

Sobre los medios en línea, continúa Gandour, “la verdad es que no sé si todos están haciendo la tarea como es debido. Yo tengo claro que para que un medio destaque y llene la necesidad de los lectores debe tener periodistas que comprendan que su función es ser cronistas de su tiempo y de su espacio. No sirve de a mucho que un medio colombiano se dedique a reescribir las reseñas hechas por NME o Pitchfork, o que concentre su energía en comentar exclusivamente la movida en el primer mundo. Creo que muchos de los periodistas musicales de este país miran con cierto desprecio la escena local y solo se percatan de su existencia cuando hacen referencia a alguien que ya está en las grandes ligas. Eso sí, por suerte existen excepciones y hay gente que, sin caer en la rabia innecesaria, hace un buen trabajo y saca notas interesantes. A esos es a los que vale la pena leer”.

Rockaxis, por ejemplo, es un medio chileno que tras muchos años de posicionarse como revista impresa en su país llegó a Colombia y abrió una plataforma web que por igual da cabida al rock de tendencia mayoritaria y al nacional de nicho, con ediciones descargables dedicadas a eventos locales, como el propio Rock al Parque de Bogotá, o información sobre conciertos en otros lugares de la geografía colombiana, como el Chicora Fest de Garzón (Huila).

Una apuesta en digital que de antemano y con otras miradas, contenidos y voces han hecho otros medios que a estas alturas ya son viejos conocidos y refrendadores de la escena musical colombiana como Shock, Bacánika, Cartel Urbano y Rolling Stone, de la cual hay que decir que en nuestro país primero circuló en papel con una serie de portadas y crónicas dedicadas a figuras de todos los géneros: imposible olvidar la de marzo de 2004, que bajo el título de Joe Arroyo: El último cimarrón, le valió un Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar a su biógrafo Mauricio Silva.

Con menos tiempo en línea, Noisey, El Parlante Amarillo o The Music Pimp también manejan y originan diferentes tipos de contenidos sobre los artistas o los fenómenos locales, incluso adentrándose en las trasescenas de fenómenos muy particulares como la música tropical experimental bogotana, el ultra metal paisa o el mode up sanandresano (como en el caso de Noisey).

En cuanto al segundo, Liliana Andrade, quien además de El Parlante Amarillo está realizando notas para MTV News, apuesta por escudriñar y cubrir lo nacional más allá del show business y de lo que sucede en un fin de semana, poniendo en pantalla a los talentos locales que no solo tienen mucho por decir en cuanto a la música que hacen, sino también sobre su modo de vida y lo que piensan: “La música no es un tema farandulero, es una expresión cultural que habla de una sociedad, de un país, de sus sueños y anhelos; y de lo que siente, lo que no le gusta, lo que propone y lo que quiere un sector muy importante de ciudadanos”, dice Andrade.

Finalmente, según ella, “es importante decir también que dentro de los medios que cubren estos contenidos hay gente muy buena, muy pila, fotógrafos retalentosos y periodistas ingeniosos. Sin embargo, también creo que falta calidad en muchos de los cubrimientos que se hacen: hay muchos lugares comunes, grabaciones en video de muy mala calidad y poco seguimiento a las bandas”.

Es un trabajo que visto desde afuera luce desordenado, y frente al que el público también debe tener mucha más conciencia, como lo cree Alejandro Marín. Él, junto a su hermana Laura, se encargan de montar los contenidos de The Music Pimp, un blog que ha crecido al nivel de una plataforma y del que hacen parte varios tipos de contenidos locales, incluyendo playlists y podcasts que alcanzan hasta las 10.000 descargas en promedio. “Los contenidos locales no tienen mucha tracción más allá de las comunidades en las que se mueven”, dice Marín desde la experticia no solo que ha sumado en el tema digital, sino como alguien con trayectoria en radio. “Pero es indiscutible la importancia que tiene estos temas locales, porque en cualquier momento un artista emergente de estos puede estallar y convertirse en el nuevo boom”.

“Para la cantidad de cosas que están pasando hay muy poco ruido”, en todo caso concluye Marín: “Se ha dejado de escribir mucho sobre el tema local, sobre todo en cuanto a las propuestas alternativas, entendiendo lo alternativo como todo, desde un Herencia de Timbiquí hasta un Oh’laville. Se ha dejado de hacer mucha reportería y se ha perdido mucho terreno en los espacios tradicionales de promoción como la radio en FM, porque la música se globalizó, y como se globalizó no hay cómo competir con productos pequeños las posibilidades de promoción”.

 Para Janine Verano y Sergio Zuluaga de Metal Live Magazine, sin embargo, es un buen momento porque en los últimos años las personas han readquirido “el valor de las cosas tangibles”, y por eso imprimieron 1.000 copias de su revista, a la espera de que les sirvan no solo a los músicos, promotores y fans sino de que terminen haciendo parte de lo que Adolfo Lemos llama “un registro histórico del acontecer musical independiente” que décadas más adelante será leído para buscar referencias de cuáles eran, cómo se movían o en qué consistían las problemáticas de las bandas y los artistas colombianos de este momento.

Conozca el resto del especial del rock colombiano aquí.

*Periodista. Curador del festival Rock al Parque.

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