Un panel del libro, con el autoretrato de Abirached.

“Quería encontrar una manera de dibujar la música"

La novelista gráfica Zeina Abirached viene a la Feria Internacional del Libro de Bogotá para presentar su libro ‘El piano oriental’, una meditación en blanco y negro sobre la música, la cultura y la identidad. Hablamos con la escritora franco-libanesa antes de su llegada a la capital colombiana.

2017/05/04

Por Ana Gutiérrez

Narrado en blanco y negro, El piano oriental de Zeina Abirached es una novela gráfica muy musical ambientada en el Beirut de los años sesenta centrada sobre su bisabuelo y su búsqueda por crear un piano “bilingüe”, es decir una versión del instrumento occidental que pueda tocar los cuartos de tono de las melodías orientales.

A la vez novelado y autobiográfico, el libro es en el fondo una exploración de la identidad, del cruce de culturas y la manera en se va formando una persona. Mientras ahonda en la fascinante vida y obra de su bisabuelo, Abirached  va trazando su propio trayecto entre el Líbano y Francia. Con lucidez, humor y ternura reflexiona sobre su familia y tanto los encuentros como los desencuentros culturales entre Oriente y Occidente.

Además, dado el tema, el trabajo visual es altamente sonoro, utilizando el crujir de los zapatos, el cantar de las aves y los acentos en varios idiomas para acompañar al lector desde paneles innovadores que no se sujetan a los límites tradicionales.

La artista y escritora franco-libanesa habló con nosotros desde París, donde reside, sobre su obra antes de su viaje a Bogotá para participar en la edición número 30 de la Feria Internacional del Libro de la capital colombiana.

La autora nació en 1981. Crédito: Christoph Rieger.

¿Cómo surge la idea del libro?

Lo llevaba pensando mucho tiempo, desde niña. El piano de la historia todavía existe, lo tiene mi familia en Beirut y mi abuelo me contó varias veces la historia. Entonces la conocía pero fue solo hace unos años que fui capaz de entenderla de verdad. Me senté a hablar con él y me explicó todo, no solo sobre el piano sino lo que se vivió en la ciudad durante los años sesenta. Me di cuenta lo único y especial que es el instrumento, lo que significa que sea “bilingüe”. Era una manera de narrar lo que es estar entre dos idiomas, entre dos culturas.

Además, fuera de la historia que quise contar, quería encontrar una manera de dibujar la música. Los libros no tienen sonido, entonces me puse a descubrir cómo traerle esa sonoridad al lector.

Esa musicalidad es una de las cosas que más se destaca del libro. ¿Cómo lo logró?

Me tomó mucho tiempo, porque quería que fuera tan auditivo como visual, quería que el sonido estuviera en todo, no solo cuando hablaba de la música como tal sino en los ruidos cotidianos: los zapatos, la ciudad, los pájaros y así. Lo diseñé para que todas las páginas parecieran partituras y tienen detalles que recuerdan notas, claves y ritmo.

Fue casi como crear un lenguaje nuevo con los dibujos, es un código gráfico para que los lectores puedan no solo ‘oír‘ la música sino distinguir cuando cambia entre sonidos Occidentales y sonidos Orientales. Me enfoqué en hacerlo en blanco y negro, porque los lectores lo leen con un ritmo distinto y al poner algo blanco sobre negro, o al revés, era más fácil entender el cambio.

Hablemos un poco del aspecto autobiográfico del libro...

Es un ejercicio interesante. No es la primera vez que escribo un libro autobiográfico y no contiene toda mi vida. Lo que quise contar acá todo es en relación a mi bisabuelo, al piano y la metáfora que representa.

Nací en Beirut y luego me mudé a Francia, hace 12 o 13 años, y si no lo hubiera hecho no hubiera podido contar esta historia. Hasta que uno no salga de su país, uno no entiende lo diferente que puede ser la cultura, los hábitos, la manera de pensar. Uno entiende mejor quién es y de donde viene.

Fue interesante hacer este libro y reflexionar sobre mi relación con mi ciudad natal, con mis dos lenguas maternas, el árabe y el francés. No solo quería entenderlo mejor, también quería que fuera algo más universal y accesible. Todos se pueden ver en esta historia porque todos hemos pensando sobre nuestra identidad.

Es interesante notar que viene a la Feria del Libro de Bogotá como parte de la propuesta de Francia, el país invitado.

La verdad me sentí muy feliz cuando me invitaron. Si me siento una escritora franco-libanesa y escribo en francés. Me alegra mucho poder llevar mi libro a Colombia, y que esté en español, porque es sobre unir culturas y es una historia con la que todos se pueden identificar.

También me emocionó mucho como novelista gráfica porque significa que se está reconociendo como un campo válido dentro de la literatura.

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