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5 libros de cuentos para leer en Corferias

En esta lista está el ganador del Premio Hispanoamericano de Cuento Gabriel García Márquez. Además del trabajo de una serie de autoras rusas, está el libro de cuentos de Carolina Sanín, otro de Tomás González y uno de la uruguaya Fernanda Trías.

2016/04/17

Las guerras domésticas

La composición de la sal, Magela Baudoin. Icono.

Joaquín Mattos Omar, periodista.

Arriesgo de entrada un juicio de valor: una obra como La composición de la sal, de la boliviana Magela Baudoin (1973), justifica la creación del Premio Hispanoamericano de Cuento Gabriel García Márquez, que algunos estimaron oneroso e innecesario, y cuya segunda edición fue ganada por este libro. La justifica porque este libro merece la atención de la crítica y, sobre todo, una mayor audiencia.

Con una escritura sobria, eficaz, más cerca del registro coloquial que de la prosa cincelada, pero no exenta de sutiles irrupciones de poesía, los cuentos de Baudoin exploran el mundo de la cotidianidad doméstica, en la que, como ella misma ha dicho, “se libran grandes guerras, por lo general invisibles”. Eso se aprecia, por ejemplo, en Sueño vertical, en el que un personaje, desde su casa (aislado, atrapado a su vez en su propia batalla), observa, a través de las ventanas de los edificios vecinos, “las minucias cotidianas, como si se tratase de épicas: homéricas y coloridas épicas”; igualmente, en Gourmet, en el que una tormenta (incubada por varios factores, “el trabajo, no haber querido hijos, los años de éxodo”) está a punto de estallar en el seno de un matrimonio, y de la que este se pone a salvo por la llegada a último momento de los invitados a una cena: “Al menos por esa noche”.

Pero además de urdir buenos cuentos con pequeños fragmentos de la vida cotidiana, Magela Baudoin muestra con solvencia su don para crear magníficos argumentos (el argumento, ese elemento tan justamente defendido por Borges y Bioy Casares), lo que se evidencia en tres piezas antológicas: La cinta roja, Moebia y, sobre todo, La noche del estreno, que es sencillamente magistral.

Formado con materiales diversos (el amor y su más humana encarnación, la relación de pareja; motivos psicológicos; asuntos policiales; la literatura misma), La composición de la sal tiene asimismo la virtud de la elipsis: da los datos apenas necesarios de cada historia, y a veces incluso oculta los definitivos. 

Cuatro escritoras 

Nueva literatura rusa: prosa femenina, AA.VV. Poklonka.

Este libro es una antología de seis textos de cuatro escritoras rusas contemporáneas que constituye un rico muestrario del abanico de géneros y de temas que hoy habitan el panorama literario ruso. Según Poklonka Editores, que ya cuenta con varios títulos rusos en su catálogo, la selección de estas autoras fue motivada “fundamentalmente por su luz que brilla con un talento auténtico y una particular apreciación artística del mundo”.

Pequeñas reflexiones

El expreso del Sol, Tomás González. Planeta.

Luis Fernando Afanador, crítico de libros de Semana.

El género del cuento moderno, como es sabido, lo inventó Edgar Allan Poe con La carta robada. Un cuento policiaco en el que el final, imprevisto, tiene una gran importancia. El clímax, la resolución y la intensidad crearon una tradición y una manera de escribir y de leer cuentos. Hasta que apareció Antón Chéjov con sus historias anticlimáticas y sus finales tenues, ambiguos. Por cierto, uno de los mejores discípulos del maestro ruso, Raymond Carver, en su cuento Tres rosas amarillas, cuyo tema es la muerte de Chéjov, habla de una botella de champaña que este pidió antes de morir y que no alcanzó a beber. Ya muerto Chéjov, el corcho de la botella se dispara. Un sonido que, pleno de significados, sigue resonando en la mente del lector y resulta la mejor explicación de la estética chejoviana. Pues bien, para entender y disfrutar cabalmente los diez cuentos de El expreso del Sol, de Tomás González, no hay que leerlos a la manera de Poe sino a la manera de Chéjov. 

¿Qué pasó con la tía Angélica? ¿Cuál fue la impresión de la mujer al visitar por primera vez la tumba de su hermano asesinado hace muchos años? ¿Pilar abandonará a Antonio? Los narradores de estos cuentos de Tomás González son demasiado parcos en la información que nos dan y, sin embargo, sus dramas nos siguen acompañando —y haciendo preguntas— una vez concluida la lectura, incluso —el nivel no es parejo— en los cuentos menos logrados. La ventaja de leer a un gran escritor: en los cuentos más débiles —Perros; Brisas, fores; La playa silente— siempre hay un diálogo, una reflexión, un apunte: algo valioso.  Y en todos, eficaces comienzos que desde el primer párrafo ya plantean una situación o unos personajes. 

La vejez, el duelo, la locura, el alcoholismo, el amor equivocado y la marginalidad son los temas de estas narraciones que confirman, también, la marca del autor. Y no falta acá el gran cuento, el “cuentazo”, el gol de otro partido: El expreso del Sol, el de mayor extensión y el que, con todos los méritos, le da título al libro.

Entre autobiografía y ficción

Ponqué y otros cuentos, Carolina Sanín. Laguna Libros.

La autora de Todo está en otra parte y Yosoyu, entre otros, presenta una versión revisada y corregida de Ponqué y otros cuentos, originalmente publicado en 2010 en la editorial Norma. Una joven que se entera de la muerte de su prima Carolina y una pareja que viaja en tren a Armero son algunos de los personajes que habitan estos siete cuentos escritos con una prosa limpia y sobria en los que Sanín, haciendo convivir autobiografía y ficción, explora temas como la soledad, el duelo y la escritura.

Cuentos y olores

No soñarás flores, Fernanda Trías. Laguna Libros.

Julia Alegre, periodista de Semana Educación.

Olor a pesadumbre, a vidas desgastadas. Olor a muerte, a roído, a amores que se evaporan. Olor a café recién hecho, a naranjas podridas, a cotidianidad. En No soñarás flores, la última compilación de cuentos de Fernanda Trías, los olores lo impregnan todo: “Ella también huele, pensé”. 

Irónicamente son las flores las únicas que no inundan con su embriagante tufo —ni colorido o belleza— las páginas de este libro. Pero su presencia deliberadamente accesoria, calculada y cargada de simbolismo es el nexo que une estos relatos cortos que se regocijan en lo ordinario del ser humano, en sus miserias y vulnerabilidades. 

En No soñarás flores aparece una joven que arrastra la muerte repentina de su padre y la adicción por el fracaso. Una escritora frustrada necesita con desespero que las hojas en blanco le den tregua para escribir un cuento que nunca va a terminar. Teresa vive llena de culpas por haber antepuesto su libertad al cuidado de su hija. Un último verano que marchitó la amistad de Emma y su amiga de la infancia por exceso de sinceridad o quizá desgaste de paciencia. 

Un mundo de mujeres en el que se cuela un sepulturero que, todo indica, responde a las iniciales de W.I., y que, con toda certeza, acabará en un hueco similar a aquellos que cava para enterrar a otros. La muerte es lo único que nos iguala, insinúa Trías en este y otros pasajes con una prosa mordaz. 

“Sos una vagabunda”, le dijo en algún momento antes de morir el gran genio de las letras Mario Levrero a Trías. Con estas palabras, quizá sin quererlo, el escritor y editor uruguayo profetizó lo que sería la obra de su discípula: una amplitud de miradas extraídas de la cotidianidad humana que la autora emplaza con lucidez en cada ciudad en la que forjó su propia memoria autobiográfica: Marnay, Montevideo, Buenos Aires, Nueva York. Todo para que el lector ingenuo se rinda ante el cuestionamiento de su existencia —¿de su mediocridad?

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