Irma Boom nació en Lochem, Holanda, en 1960. Foto: Teo Krijgsman.
  • El SHV Think Book (22. 5 x 17 x 11 cm), de 2.136 páginas, volvió famosa a Boom a mediados de los noventa.

"El libro es un objeto vital": Irma Boom

Una holandesa reinventó el tradicional oficio de hacer libros y es hoy una de las diseñadoras editoriales más reconocidas en el mundo. Con ocasión de la FILBo, estará en Bogotá. 'Arcadia' habló con ella.

2016/04/17

Por Francisco Giraldo Jaramillo*

Existe una eterna rivalidad entre los alemanes y los holandeses. Los primeros afirman que Johannes Gutemberg inventó la imprenta alrededor del año 1440. Los segundos sostienen que el auténtico “inventor del arte de la impresión con letras móviles fundidas en metal” fue Laurens Janszoon Coster, quien cuenta hoy con una estatua en su honor en la plaza principal de Haarlem, su ciudad natal. Sea cual sea la verdad, en Holanda existe una de las tradiciones más antiguas en el oficio de hacer libros, y en los últimos 30 años esta se ha visto revolucionada por las versátiles manos de una persona: Irma Boom.

Para ella, su trabajo no consiste en una transgresión de los límites habituales del diseño. Más bien lo comprende como una exploración al interior de estos límites: “Respeto el libro clásico y sigo las reglas sobre cómo hacer un libro. Pero al mismo tiempo trato de mantener el libro como un objeto vital, como un objeto que carga en sí mismo con un significado”.

La historia de esta mujer comienza cuando estudiaba Arte y Diseño Gráfico en la AKI Art Academy de Enschede en Holanda. Aunque Boom amaba el arte, sus convicciones estéticas y su destreza técnica no se hallaban cómodas. Luego de varios meses de dudas (contempló la posibilidad de cursar Arquitectura o Fotografía), se encontró de frente con su pasión. Inscribió por casualidad la clase de Abe Kuipers, un pintor que consagraba su curso a los libros: todas las semanas llegaba a clase con dos pesadas maletas atiborradas de obras, y se dedicaba durante horas a hablar con sus estudiantes sobre la relevancia de la tipografía, sobre por qué el peso y el tamaño del libro son fundamentales.

Boom quedó fascinada con la sensibilidad de su profesor y con la manera en que comprendía estos objetos: no los veía como unas letras impresas en papel, sino como un objeto vivo en el que el contenido y la forma entraban en perfecta comunión. Fue gracias a la casualidad de este encuentro con Kuipers que Boom decidió que su lugar se encontraba en el universo de la construcción de los libros.

En 1991 abrió su propia oficina, y desde entonces no ha diseñado un solo libro que no le haga justicia a su estilo de trabajo. Cuando le pregunté sobre el secreto para hacer un buen libro, su respuesta fue categórica: el tiempo. Y es que la manera en que trabaja así lo exige. Jamás ha comenzado un proyecto en la pantalla de un computador; para ella es fundamental tocar y sentir las páginas que va a utilizar, crear modelos en distintos tamaños para ver cuál se ajusta mejor a la historia que se quiere contar, ordenar y reordenar las páginas de manera que el contenido del libro se potencie en su forma concreta. Pero a pesar de la calidad estética de sus libros y de la hermosa precisión con que escoge cada detalle —y a pesar de que varias de sus creaciones están expuestas permanentemente en el MoMA de Nueva York—, Boom no considera que sus libros sean obras de arte.

El libro es el resultado de un trabajo técnico motivado por una cierta idea de la belleza, pero su finalidad es distinta a la del arte. Un libro no se contempla: se lee, se usa, se toca, se manipula. Es una herramienta que nace de un trabajo colaborativo. Es por esto que Boom no tiene “clientes”, sino “comisionadores”. Para ella es imposible emprender un proyecto si está gobernado por una relación jerárquica en la que quien paga le exige cómo hacer su trabajo. Así, lo primero que Boom mira es que la relación entre el “comisionador” y ella esté cobijada por la confianza y la libertad.

“Hoy en día todo está sujeto a cambio, todo es volátil”, dice Boom, sin tono pesimista, explicando el valor que el objeto-libro aún conserva (“y conservará por siempre”, añade sonriente): todos los contenidos online son actualizados permanentemente, y la tecnología digital avanza con desenfreno. A propósito de SHV Think Book, el libro que le otorgó renombre mundial a mediados de los noventa, me dice: “Si ese libro hubiera sido un CD-Rom (posibilidad que en algún momento se contempló), hoy no estaríamos hablando de él”. Para Boom, los libros jamás serán reemplazados por los PDF; un libro es esencialmente “pasar hojas”, un objeto tridimensional que ocupa un espacio, que tiene peso, tamaño y textura. Pretender convertirlo en una filmina es despojarlo de su materialidad y violentar la experiencia de lo que lo hace libro: “pasar hojas”.

Y es ahí donde radica, para esta diseñadora holandesa, el valor del libro como objeto físico: un libro se alza como una historia que ya no puede ser modificada, como una secuencia de imágenes y textos que constituye una idea inmortalizada. Y es a este oficio al que Boom decidió consagrar su vida.

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