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6 memorias y novelas autobiográficas para vivir en la Feria del Libro

Una sobreviviente al Holocausto, una mujer que le informan la identidad de su padre por medio de un mensaje de texto y las memorias del geólogo Thomas Van der Hammen, son algunas de las historias que se encuentran en esta lista de recomendados.

2016/04/19

Brutalidad sin imaginación

Sobreviví al Holocausto, Nanette Blitz. Taller de Edición Rocca.

Camilo Jiménez Santofimio, editor de enfoque de Semana.

Como si no hubieran sufrido ya lo suficiente los sobrevivientes del Holocausto hace más de 70 años, tienen ahora una creciente preocupación: el olvido. Precisamente de ese temor surgen las memorias de Nanette Blitz Konig, publicadas por primera vez en Brasil, en 2015, y ahora traducidas al español. “El Holocausto está cada vez más lejos —escribe—, y aun así, debemos tenerlo siempre presente”. El breve tomo relata la historia de esta hija de padre holandés y madre sudafricana nacida en Ámsterdam en 1929, a quien los nazis y su obsesión por exterminar a los judíos de Europa le quebraron la vida.

El relato reconstruye un destino que debería dolerle a la humanidad para siempre: el de una niña judía excluida, maltratada, atemorizada, deportada al campo de concentración de Bergen-Belsen, que ve desaparecer a su familia y pasa cinco años inmersa en el miedo a la muerte. Hoy, a sus 87 años, Blitz Konig no olvida el “infierno de vivir en medio de tantos cadáveres tendidos”, de traer la piel pegada a los huesos y el cuerpo invadido por los piojos. El lector la acompaña en el tren de deportación “en un silencio que gritaba”; siente su corazón “acelerarse a la llegada de los guardias”, y vive con ella el temor de despertarse. “Y no tenías más primos (…), las personas desaparecían —personas amadas, con las que se convivía todos los días— y no había nada que hacer”.

Los editores portugueses han promocionado el tomo como “el relato de una de las últimas amigas vivas de Ana Frank”. Un gancho engañoso, pues la autora de los diarios aparece solo en anécdotas menores. Esto, sin embargo, así como la debilidad narrativa y la agotadora retórica de la autora, no le quita valor al libro. Las obras de sobrevivientes como Primo Levi y Viktor Frankl ostentan una calidad superior, pero no enfrentan el problema de Blitz Konig. “Por desgracia, no existe la tecla ‘delete’ en mi mente (…) —escribe—. Soy una prueba viva de que la brutalidad no fue fruto de la imaginación”. Los primeros testimonios del horror nazi buscaban atención, y fueron escuchados. Ella, en cambio, exige acción ante el poderoso paso del tiempo, pues en la sociedad, por desgracia, esa tecla sí existe.

En busca del padre

Mi padre y otros accidentes, Paola Guevara. Planeta.

Tatiana Andrade, guionista.

"Si este hombre resultaba no ser mi padre, ¿cómo volver a la vida de antes, a la de siempre? Porque digan lo que quieran sobre el padre, minimicen cuanto quieran su figura y desprecien su papel; digan, por ejemplo, que madre solo hay una y que padre es cualquiera, pero su presencia no es amputable”. Entrada en los 30, la periodista Paola Guevara se enfrenta a la historia de su vida: descubrir, por medio de una prueba de ADN, si aquel piloto de aviación que conoció alguna vez, de una manera cruel y precipitada, a la edad de 8 años, es su padre. Con una narración periodística que revisa la realidad con lupa y explora los sentimientos con aguda necesidad, Guevara demuestra que la realidad es más potente que la ficción. Con la ansiedad de un zorro hambriento, se apresta a demostrar que las mayores travesías están al servicio de quien tenga la valentía para atraparlas y hacerlas suyas. El relato inicia con la transcripción de un mensaje de celular, lo que se convierte, además, en el detonante de la aventura, al mejor estilo de la llamada clásica del cine de acción: “Fernando Lince vive en Cali y quiere conocerte”. De ahí en adelante se abre el panorama de vida de esta joven madre y esposa, para quien el mundo siempre se ha dividido en la gente que conoce a su padre y la gente que no. Criada por sus abuelos maternos, alejada de su madre, quien nunca la reconoció, una mujer atrapada por la demencia, Guevara inicia el viaje que la llevará a descubrir su origen, su historia, y a llenar el vacío de la orfandad; una herida que anestesió en silencio y en soledad, porque, como lo demuestra en su relato, toda paternidad sin prueba es un dogma de fe. Y aunque su abuelo colmó ese vacío y su madre le regaló la fantasía de soñar con un padre desaparecido misteriosamente, la posibilidad de que Lince sea su verdadero padre le despierta la esperanza del rescate y la conduce a soltar el control y a descubrir que tener un padre, así sea tarde, es ganar un lugar en el mundo. 

Otro limonov

Soy yo, Édichka, Eduard Limonov. Marbot.

Margarita Posada, escritora.

Supe por primera vez de este niño terrible del desmadre por boca, o mejor por pluma, de otro niño terrible, el autor francés Emmanuel Carrère. Pero el Limónov de Carrère tiene varias versiones de sí mismo, entre ellas, esta puntual que se autorretrata en: Soy yo, Édichka. El diminutivo de Eduard en ruso es la versión inmadura y diminuta de Eduard, un hombre que todavía no es la estrellita que saldrá de la indigencia para publicar todo su trasegar como inmigrante en Nueva York. Édichka todavía anda borracho por su apartamento, preparándose schi (sopa típica rusa de col) y provocando a sus vecinos por la ventana mientras les muestra el culo: “Me importa un bledo si me ven o no (…) Más bien prefiero que me vean”. 

Esta frase define quizás al personaje por descubrir que es Limónov y que va a reinventarse una y otra vez, se regenerará, se hará un escritor y rockero famoso, un político ídolo de las juventudes, incluso irá a la cárcel, pero nunca dejará de buscar eso: que lo miremos. Todo lo que sabremos por estas páginas del entrañable y detestable Limónov será tan solo la versión del Eduardito ruso encerrado en sí mismo, entregado al alcohol e irascible, un Eduardito al que lo acaba de dejar su esposa y que vive en una pocilga llamada Hotel Winslow. Sale únicamente para vagabundear y alimentar su relación nociva con el mundo, sobre todo a través de la misoginia. Quizá la única que se salve con nombre de mujer sea Nueva York, la compañera de nuestro antihéroe, que la recorre en busca de ese amor del que tanto requiere para llenar ese vacío que dice llenar con el periodismo, pero que solo llena con litros y litros de vodka. Édichka es la versión rusa de una suerte de Amy Winehouse y, al terminar estas páginas, me alegra haber leído antes a Carrère para saber que el arrollador Limónov va a reinventarse, que este no es su final y que su camaleónica manera de mutar lo llevará a otras versiones de sí mismo mucho más sinceras. Porque, digámonos la verdad: ni Limónov ni Amy fueron los personajes inmensos que fueron gracias a sus adicciones y su necesidad de autodestrucción, sino muy a pesar de ellas.

Sin rencor al pasado

New Order, Joy Division y yo, Bernard Sumner. Sexto Piso.

Jacobo Celnik, periodista musical.

¿Puede un western como El bueno, el feo y el malo y las obras del compositor Ennio Morricone esconder el secreto del éxito de una banda? Esta y otras confesiones nos entrega Bernard Sumner en su biografíaNew Order, Joy Division y yo. Dice que “la verdad es siempre una historia cien veces mejor”, así que bajo esa premisa reviven sus memorias en 22 capítulos, de la mano de estrechos vínculos con el lector, apelando a la sinceridad y una narración amena sobre su entorno, su ciudad, la familia, los amigos y la música. 

Quien se sumerja en el mundo de Sumner encontrará fascinante la fragilidad y sutileza para atacar, sin compasión, al bajista Peter Hook, compañero de mil batallas, y de paso reconocer sus debilidades y falencias como hombre, como padre y como artista. Un libro inquietante que descifra por qué alguien de Salford, el barrio más pobre que alguna vez tuvo Gran Bretaña, terminó como líder de dos de las bandas más importantes e influyentes del rock inglés, y de paso agradece a la música de T-Rex, los Sex Pistols y los Stones por darle la inspiración necesaria para no terminar como un empleado de una fábrica en Mánchester. 

El libro tiene un inmenso valor para el seguidor de su música y para el lector curioso de buenas historias, pues reconstruye el legado de toda una generación irrepetible. También apareció para equilibrar la balanza que en su momento Deborah Curtis, viuda de Ian Curtis, alteró con el libro Touching From a Distance: Ian Curtis & Joy Division, libro que mostró un solo lado de la verdad. “Joy Division sonaba como Mánchester: frío, disperso y, a veces, sombrío”, reconoce Sumner. Y por fin un libro nos entrega detalles de todo el proceso creativo que vivió una banda que se convirtió en mito gracias al suicidio de Curtis. 

Al final del libro, Sumner nos deja un regalo de valor incalculable: la transcripción de una sesión de hipnosis junto a Ian Curtis, las claves para comprender el lado más vulnerable del rock.

Crónica de un héroe con autismo

Una vida animada, Ron Suskind. Semana Libros.

Natalia Jerez, editora de Semana Libros.

Una vida animada es la historia de Owen, un niño autista que aprende a hablar, a leer y a relacionarse con los demás con las películas animadas de Disney, especialmente a través de sus canciones y de las relaciones que los héroes (los personajes principales de las películas) tienen con sus escuderos (los personajes secundarios que ayudan al héroe a cumplir su misión). Estas películas eran mucho más que una simple diversión para Owen, pues él encontró un significado muy profundo en cada una de ellas y las utilizó para sobrevivir en un mundo que, debido a su enfermedad, no podía comprender del todo.

Pero este libro también cuenta la historia de su familia, una familia “normal” que sintió que su mundo se derrumbó cuando diagnosticaron a su hijo menor con un trastorno profundo del desarrollo no especificado, lo que significaba, en otras palabras, que tenía algunas conductas de tipo autístico pero otras que no encajaban en la definición de esta enfermedad. Sin embargo, al ver el impacto que las películas animadas tenían en Owen, sus padres hallaron en estas una forma de conectarse con su pequeño hijo que parecía haberse perdido dentro de sí mismo de un día para otro. 

El autor del libro es el padre de Owen, Ron Suskind, un importante periodista estadounidense que escribe sobre temas nacionales, ganador del Premio Pulitzer. Sin embargo, este libro es totalmente diferente a los que ha escrito: es una crónica personal e íntima en la que relata detalladamente la forma en que su familia atravesó las barreras del autismo para que Owen pudiera tener una vida como la de los demás. Gracias al apoyo de los miembros del Equipo Owen —un conjunto de terapeutas, médicos y profesionales especializados en desarrollo— y, por supuesto, de las películas de Disney, Ron y su familia lograron que Owen, quien siempre se sintió como un escudero, se convirtiera en el héroe de sus vidas.

Una vida leída

Una vida vivida, Thomas van der Hammen. Instituto Caro y Cuervo, Icanh.

Ana Gutiérrez, periodista.

Geólogo, botánico, micólogo, inmigrante colombo-holandés y el mayor promotor de la reserva ecológica que además lleva su nombre: cada elemento de la vida de Thomas van der Hammen da para un libro.Una vida vivida, producido por el Instituto Caro y Cuervo y el Icanh, con el apoyo de su hija María Clara Van der Hammen, agrupa las memorias que dejó Van der Hammen, que falleció en 2010 y que no deja ninguno de los aspectos de su vida por fuera. El libro desafía la categorización simple, yendo más allá de un registro de vida, o de ciencia, a medida que la voz de Van der Hammen describe las aves que estudiaba en Holanda durante su adolescencia o los estragos de la Segunda Guerra Mundial. También habla de su evolución religiosa, musical, amorosa y lo extraño que es escribir memorias cuando la muerte está cerca. Eso es quizás el matiz más interesante del libro: la consciencia que se percibe de que el texto será el último que escriba. Un profesor toda la vida: leer el libro da la sensación de estar sentado al lado de Van der Hammen mientras cuenta su historia, divagando como en cualquier conversación. El libro es a la vez un retrato íntimo y personal de un hombre, y un registro histórico y académico de la formación de una eminencia científica, narrado todo desde cartas, postales, fotografías, poemas, artículos, diarios de campo, discursos y recuerdos, no solo de Van der Hammen. El balance entre las dos corrientes no es siempre perfecto, lo que le da un carácter desequilibrado, pero resalta por su enfoque fuera de lo común y su absoluta honestidad. Quizá no es lo que busca un lector enfocado solo en lo académico o estrictamente biográfico, pero Una vida vivida es una celebración de vida en todo su esplendor y variedad.

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