RevistaArcadia.com

4 colecciones de poemas para una tarde de feria

En esta selección está la poesía de los bogotanos Wilson Díaz, Omar Ardila y el fallecido Henry Luque Muñoz; el último libro de la sudafricana Ingrid Jonker (recién traducido al español) y el más reciente de la joven española Elvira Sastre.

2016/04/17

El comercio del fuego

Las heridas del ruido de Wilson Díaz y Luces sobre las piedras de Omar Ardila. La Valija de Fuego.

Santiago Espinosa, poeta.

Este año, la librería bogotana La Valija del Fuego ha publicado dos poemarios: La heridas del ruido, de Wilson Díaz, y Luces sobre las piedras, de Omar Ardila. Aunque con intereses y tonos distintos, ambos poetas parecen venir de estéticas concomitantes. Los dos, a su manera y desde sus propias obsesiones, han buscado su rostro en una palabra oscura.

En tiempos de discursos y de masas, lo hermético fue en Europa una manera de salvar un territorio íntimo. Así muchos prefiramos una poesía más transparente y directa, que encuentre las palabras precisas para nombrar el mundo, sorprende que encontremos estas búsquedas en los jóvenes de América Latina. Como si la oscuridad, más que una aventura individual, fuera la posibilidad de un espacio común, una expresión compartida y misteriosa que no quiere comunicar sino escapar a otro horizonte. 

Con Las heridas del ruido, Wilson Díaz naufraga en la memoria para buscar esos primeros vestigios del dolor. Nos dice que “los sonidos en la boca/son ríos secos”, habla de encuentros clandestinos con los poetas muertos. Sus poemas hablan de gritos, desgarramientos al interior de la conciencia. Omar Ardila, con un registro más simbólico y reflexivo, cercano a la atmósfera del sueño, nos cuenta de “aldeas derrumbadas” y de mendigos; la palabra imagina un reverso al otro lado del silencio, menos violento y predecible. 

La fuerza de la voz

Humo y ocre, Ingrid Jonker. Editorial Universidad de Antioquia.

María Gómez Lara, poeta.

Mi palabra, pequeño granito inerte

Humo y ocre, de la poeta sudafricana Ingrid Jonker (1933-1965), el último libro que publicó y su obra más importante, aparece ahora traducido al español y en edición bilingüe. El libro está lleno de tonos distintos, de imágenes sobrepuestas para nombrar el sufrimiento, el amor, la violencia; para rodear el silencio con palabras. Lo que prevalece es el canto. La voluntad de alzar la voz ante la injusticia. La voz, ese granito de arena, es una forma radical de resistencia. Una poesía política en el mejor sentido: abre los ojos frente al dolor del otro. Jonker tuvo la valentía de hablar por los negros en pleno apartheid. En “El niño matado de un tiro por los soldados en Nyanga” dice: “El niño no está muerto / el niño levanta el puño contra su madre / que grita África”. El niño no muere porque Jonker le da su canto fúnebre que no se resigna, que encarna y grita las muertes.

Jonker apuesta por el poder de la poesia para transformar el mundo. Descubre fuerza en la precariedad: sabe que podemos rompernos como muñecos de trapo, que podemos quebrarnos y por eso cantamos. En un tono menor, cotidiano, habla de la tragedia colectiva desde una perspectiva individual. Una mamá le canta a su hija una nana contra el racismo: “Y ¿cómo se llama, mamita? / Se llama Chiss / Se llama Duérmete / Señor Olvídate / del país del Sueño / Su nombre es Cálmate / se llama, mi corderito / Cálmate, el hombre negro es”. Una poesía que denuncia tanto con lo que dice como con lo que calla. Su voz llena de sutilezas nos hace audibles los tonos de las silenciadas, en su silencio oímos los gritos desoídos. Su poesía es tan conmovedora por su forma de cantar. Cantar a pesar de todo. Ese fue su granito de arena. Su granito inmenso. Una obra que responde a su contexto y lo trasciende: no pierde vigencia, al contrario. El dolor humano sigue siempre: el de aquí, el de allá, el de todos. La poesía nos recuerda lo frágiles que somos.

Tanto tiempo reunido

La risa del ahorcado (antología poética), Henry Luque Muñoz. Editorial Pontificia Universidad Javeriana.

Federico Díaz-Granados, poeta.

En 1968, en casa de Juan Gustavo Cobo Borda, se tomó aquella legendaria foto que daría nacimiento a la llamada Generación sin nombre, ese grupo de poetas que irrumpirían en la escena literaria nacional después del auge del nadaísmo. Aparecían en aquella foto Darío Jaramillo Agudelo, David Bonells Rovira, José Luis Díaz-Granados, Juan Gustavo Cobo Borda, Henry Luque Muñoz, Álvaro Miranda y Augusto Pinilla. 

Henry Luque Muñoz (Bogotá, 1944-2005) fue uno de los promotores más entusiastas de este grupo y uno de los autores que con mayor generosidad difundieron la poesía colombiana en el exterior a través de antologías, como la ya célebre Tambor en la sombra, publicada en 1996.

Entre la colección de poesía de Editorial Pontificia Universidad Javeriana se incluye como un acto de justicia La risa del ahorcado (antología poética), en la que se compilan algunos de los poemas más representativos de Luque desde su primer libro Sol cuello cortado (1973) hasta algunos textos inéditos al momento de su muerte. 

Este volumen da cuenta de lo riguroso que fue siempre Luque con su escritura y cómo su verso preciso y medido lograba revelar un mundo muy personal y hondo donde la cultura universal convivió con todas las emociones humanas, con los recuerdos de la infancia, con los testimonios de viajes y sus autores tutelares.

Hay en muchos de sus poemas una mirada a una época, a un tiempo detenido que busca recobrarse a través de la poesía. Es grato encontrarse en esta impecable antología con poemas memorables y que hicieron su camino en el contexto de la poesía escrita en español entre los años setenta y noventa, como Un avión, Página de infancia, Ganges, Bumerán, Tinta hechizada y Padre mío, entre otros. 

Once años después de la muerte del poeta, la Editorial Pontificia Universidad Javeriana nos recobra y trae a nuestros días la obra de un autor que vale la pena releer.

Sensibilidad y transgresión

Ya nadie baila, Elvira Sastre. Valparaíso.

Ángel Castaño Guzmán, crítico literario.

Próximos a la lírica de la canción pop, los textos de Elvira Sastre condensan las luces y sombras de Acción Poética, un movimiento juvenil que en las redes sociales hace de las suyas repartiendo a diestra y siniestra altas dosis de sensiblería mezcladas con unas cuantas gotas de transgresión. Sastre —sin cruzar el umbral de los 25 años— es el rostro de un fenómeno mediático cuya finalidad es proveer a los chicos y a las chicas versos de fácil consumo, impregnados casi todos con el olor de los amores contrariados y de una rebeldía hasta cierto punto encomiable. Ya nadie baila reúne poemas de los dos libros publicados por la española, más 13 inéditos. En él, el lector encuentra pasajes interesantes —en los que la autora no teme decir en voz alta la naturaleza sáfica de suspasiones— seguidos de tremendos ¡plops! Quizás en la pared de cualquier urbe o en la carta de un colegial a la Julieta de turno, las líneas de Sastre —“Quisiera explicarte de una forma sencilla / que desde ti / todo lo malo se ha dado la vuelta / y qué bonito es el optimismo, joder (…) Hay cosas que no pueden terminarse / porque nunca han comenzado (…) Has de saber / que una persona está hecha de otras / y tú ocupas todo mi cuerpo”— saldrían a pedir de boca. No así en el poemario de una autora calificada por Fernando Valverde, prologuista del volumen, como una de las esperanzas de la poesía de España, patria que en el siglo XX vio florecer las obras de Jiménez, Machado, Lorca, Alberti, Cernuda, Caballero Bonald, Gil de Biedma, Barral, González.

Una de las virtudes de la poesía, según Rita Dove, es convertir el Lenguaje —en mayúsculas académicas— en el lenguaje del día a día. Sastre deja jirones de alma, salpica de sangre y lágrimas cada estrofa, pero a menudo olvida a Perogrullo: los instintos del corazón no son el único ingrediente del coctel; también se requieren la cadencia, la música de alas, la plasticidad de las palabras que al tiempo son puñal y herida. 

Este contenido hace parte de la edición impresa. Para leerlo, debe iniciar sesión:

Les informamos a todos nuestros lectores que el contenido de nuestra revista impresa en nuestro sitio web será exclusivo para suscriptores.

Queremos conocerlo un poco,
cuéntenos acerca de usted:

Maria,

Gracias por registrarse en ARCADIA Para finalizar el proceso, por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Maria,

su cuenta aun no ha sido activada para poder leer el contenido de la edición impresa. Por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Para verificar su suscripción por favor ingrese la siguiente información:

No tiene suscripción. ¡Adquierala ya!

Si usted tiene algún inconveniente por favor comuniquese con nosotros en Bogotá al 7421340 o a la línea nacional gratuita 018000-911100 (Lunes a Viernes de 7:00 am a 8:00 pm, Sábados de 09:00 am a 12:00 m).

Su código de suscripción no se encuentra activo para esta publicación