Foto: Zizza - Jet-set.

Luis Ospina explica por qué comienza por el fin

Durante la segunda noche del Festival de Cine de Cartagena se le rindió tributo al director de cine Luis Ospina, quien escribió esta nota exclusiva para Arcadia, acerca de su más reciente largometraje "Todo comenzó por el fin".

2016/03/03

Por Luis Ospina

A lo largo de más de cuarenta y cinco años de carrera cinematográfica he sido un reconstructor de vidas ajenas porque creo que el cine documental es el arte por excelencia de la biografía y que todo retrato es siempre la reconstrucción de una memoria. Película tras película he tenido la secreta creencia que mi obra es una permanente work in progress. He sido un retratista que intenta meterse en el lugar de sus personajes para mirar el mundo con sus ojos y hablar con sus voces. Fue así como surgió la idea de hacer el autorretrato de mis amigos del Grupo de Cali y de nuestra pasión por el cine. Un relato retrospectivo y reflexivo en el que intervienen varias voces y varias miradas en torno al cine y su tras escena, entre lo público y lo privado, entre el arduo quehacer cinematográfico y la fiesta sin fin.

Los años 70s y 80s fueron los más violentos y convulsionados de la historia de Colombia y el mundo, a su vez, iba de mal en peor. Sin embargo para nosotros fueron años de júbilo y todo era motivo de celebración. Celebrábamos porque comenzábamos un rodaje, celebrábamos porque estábamos en rodaje, celebrábamos porque terminábamos un rodaje. Y mientras nosotros nos enrumbábamos, el país se derrumbaba. No nos casamos, no tuvimos hijos. Se nos hacía una irresponsabilidad llenarnos de responsabilidades. Nos empeñamos en ser por siempre jóvenes, así termináramos con los ojos en la nuca y con el corazón destrozado. Y por supuesto, la promiscuidad, las drogas y el rock & roll ayudaron a forjar ese destino fatal.

Cuesta imaginar a alguien emprendiendo un proyecto autobiográfico sin que haya, en su fuero interno algo que reclame, de una u otra forma, la elaboración de un duelo. Es así como surge el punto de partida y el título de mi película Todo comenzó por el fin. La figura mítica de Andrés Caicedo y su suicidio a la edad de 25 años terminaría marcándome a mí y a mis amigos para siempre. Nuestra idea del suicidio cambió; dejó de ser una precoz reflexión acerca de la inutilidad de la vida y se convirtió en una evidencia contundente, palpable, física. Era más que obvio que el suicidio no era una amenaza, sino una posibilidad que rondaba a la vuelta de la esquina. Creo que hacer el duelo del suicidio de nuestro amigo ayudó a quitarnos la tortura de tener que pensar en la autodestrucción día a día, noche tras noche. Los que no fuimos capaces de suicidarnos, decidimos matarnos a largo plazo, como fue el caso de Carlos Mayolo, un adicto a conciencia, quien – entre vasos de vodka, y líneas de cocaína – finalmente sucumbió a la edad de 61 años.  

Las drogas y el alcohol estaban por todas partes y se consumían sin ningún problema. En Cali todo sabía a rumba y el narcotráfico era rey. Aunque Cali era diseñada para el fútbol, la salsa y la frivolidad, a través del cine, nos inventamos una manera de estar en la ciudad, interpretándola, sin tener que salir de ella. Esa necesidad nuestra de fijar el flujo incesante de lo real en una imagen me provocó una profunda e inquietante angustia. Angustia por el paso del tiempo, ya que los materiales de archivo de esos años locos me llevaron a creer que todo instante no captado, no convertido en imagen, es un instante no vivido, y, por lo tanto, un anuncio de la muerte.

Tan pronto comenzó el rodaje de la película me fue diagnosticado un cáncer que me condujo al borde mismo de la muerte. Esto me llevó a aumentarle al eje Caicedo y al eje Mayolo una tercera línea narrativa que no estaba prevista al inicio del proyecto. La película se tornó más autobiográfica y el tema de la mortalidad y el deterioro adquirió mayor resonancia. Saqué fuerzas de donde no tenía y seguí filmando. Gracias al cine, con su aparente inmortalidad, con su eterno presente y su perenne edad sin tiempo, el film se convirtió en el relato de un sobreviviente.

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