Patricio Pron Foto: Daniel Mordzinski.

Un café con Patricio Pron: “Escribir en otro país es como caminar de espaldas"

La revista Granta lo incluyó entre los 22 mejores escritores jóvenes de su generación. Aunque es argentino, vive en Madrid, donde ejerce como periodista, novelista y ensayista. Pron, doctor en filología románica, no se somete a las fronteras físicas ni a los géneros literarios.

2016/01/30

Va de un género a otro sin el menor pudor, consciente de que la posmodernidad no conoce límites ni etiquetas. No hay mejor ejemplo que sus dos últimos libros. Una novela que en realidad es la versión corregida y ampliada de Una puta mierda (2007), su visión cómica de la Guerra de las Malvinas, que “fue una victoria secreta porque trajo a nuestras vidas [las de los escritores de su generación] la mentira y el engaño, que son las únicas herramientas de un escritor”, y un ensayo en el que la literatura y la escritura son puestas bajo la mirada de un hombre que no olvida que antes que un escritor, es un lector.

Si le preguntan en qué género se siente más a gusto, responde con palabras prestadas: “Juan Villoro dijo alguna vez algo realmente magnífico. Afirmó que cada género literario es como un medicamento, y que a veces él se levantaba con algo de fiebre y escribía un relato y en otras ocasiones le dolía la espalda y escribía un ensayo. No se me ocurre mejor forma de explicarlo que esa”.

Nació en Argentina pero vive en Europa hace 15 años y, como suele pasar, la condición de emigrante ha terminado por marcarlo. “Escribir fuera es como caminar de espaldas: avanzas pero siempre estás mirando lo que has dejado atrás, y eso es bueno tanto para ti y la tradición literaria a la que perteneces como para el país en el que te encuentras”, dice.

Escribe por las mañanas, corrige a mano y prefiere las palabras largas a las cortas. Sabe que los relojes suelen ser despiadados con los escritores. “A veces no es difícil saber qué escribir, sino más bien cuándo hacerlo, entre todas las tareas pendientes”, dice. Aun así, ve el lado bueno de que el tiempo apremie: “Pero lo interesante de ello es que lo fuerza a uno a escribir sólo lo que le parece valioso, lo que pide a gritos a su autor que lo escriba”.

Rememora el descubrimiento de su vocación como un proceso casi colectivo. No recuerda haber decidido nunca ser escritor, pero sí recuerda que comenzó a escribir y que algunas personas que leyeron lo que escribía le dijeron que era un escritor.  “A veces, los comienzos son así, el resultado de que gente muy generosa vea en ti algo que ni tú mismo veías”.  Con esa misma modestia responde a la pregunta ¿Puede nombrar tres autores imprescindibles?: “Naturalmente, pero déjame hacerlo con tres autores de mi país, y vivos: Alan Pauls, César Aira y Sergio Chejfec”.

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