Foto: Daniel Reina

Simon Schama: el sueño del historiador

El historiador inglés habla de arte, de política, de religión y hasta de comida, y no limita su particular estilo de narrar a los libros, sino que se ha convertido en un creador de documentales. El último, ‘La Historia de los judíos’, lo volvió una leyenda viva en Gran Bretaña.

2016/01/30

La historia contada por Simon Schama suena diferente. A veces se lee como una novela negra, a ratos como una historia de amor o como una saga familiar. Lo cierto es que nunca es aburrida, porque este hombre ha hecho que lo que escribe, que va desde la revolución francesa hasta los pintores holandeses, pasando por la historia de los judíos o la historia de Inglaterra, siempre sea un texto fascinante, lleno de humor, de anécdotas y de pequeños detalles que enriquecen la narración.

“No hay nada en mis libros que no esté basado en una profunda evidencia de archivos. Lo que ocurre es que para escribirlos me inspiro en las grandes novelas históricas, como la Guerra y la Paz, o como la Historia de dos Ciudades, de Dickens, que es maravillosa. Creo que lo esencial es que los lectores tengan la sensación de que están viviendo esa época”, dice Schama.

Su particular estilo, que ha tenido detractores en la academia, le ha ganado en cambio una fama mundial, no solo como narrador de buenas historias sino como realizador de documentales para la BBC.

Sus trabajos en la televisión incluyen La historia de Gran Bretaña, El poder del arte y más recientemente, La historia de los judíos, tres de las series más exitosas en la televisión inglesa.

Según Schama, él no se limita a escribir los libros que acompañan las series. “Cuando hice La historia de Gran Bretaña, le dije al productor que yo no era el tipo de personas que escribía un libro y se lo daba al director y al camarógrafo para que hicieran un documental. Tengo mucho respeto por los documentales, así que me propuse aprender cómo se hacían. Ese fue un reto que asumí cuando ya me encontraba en la mediana edad y que aún me sigue gustando. A veces edito algo, o trabajo en la música. Y si bien es cierto que a ratos es un alivio regresar a la libertad que da el texto escrito, sé que con un buen programa de televisión se llega a millones de personas, mientras que con un libro se alcanzan miles nada más”.

Además de escribir, editar y estar pendiente de la producción, Schama es el presentador de sus documentales, y lo hace con una audacia y un carisma que lo han convertido en una estrella. Él se ríe de ello y afirma que quisiera hacerlo mejor cada día, pero que en realidad lo que hace, en el fondo, es mezclar las evidencias con la capacidad de ser un narrador de historias.

“Los escritores que toman su vocación en serio, están interesados en la condición humana. En ese sentido, lo que yo hago intenta producir el mismo tipo de sensación, pero con medios diferentes. Si usted le pregunta a un historiador qué busca con sus libros, puede que le diga que le interesa ver cómo funciona la economía, o por qué los Estados van a la guerra, cosas así. A mí no me interesa tanto eso. Me veo a mí mismo como un investigador de las peculiaridades de la condición humana. Lo que ocurre es que, a diferencia de otros escritores, me sumerjo en el pasado para encontrar esas peculiaridades”.

Esa característica ha sido la columna vertebral del trabajo de Schama, desde su primer libro, y la misma búsqueda lo ha llevado, veinte libros más adelante, a tratar una enorme cantidad de temas. Porque, a diferencia de muchos historiadores especializados, Schama pareciera saberlo todo, o mejor dicho, no tener miedo de enfrentarse a ningún aspecto de la historia: la riqueza, el arte, la política, las revoluciones y hasta la comida, han sido parte de sus investigaciones.

Esto no es algo que haga a propósito. Según explica, medio en chiste y medio en serio, “Con frecuencia es el resultado de errores. Mi primer libro, llamado Patriotas y liberadores, que es la historia de la revolución en Holanda, lo escribí porque era un joven historiador y quería saber cómo había repercutido la revolución francesa en otros países, así que quería tomar como ejemplo otro país republicano. Pero los holandeses se convirtieron en un tema muy interesante por derecho propio, y un día, pensando en que ese primer libro había resultado un poco más trágico de lo que necesariamente era la realidad, pensé en hacer un libro donde comprendiera lo que significaba haber vivido en esa edad dorada de Holanda. Eso me llevó a otro libro llamado La vergüenza de la riqueza. Y entonces después me di cuenta de que Holanda tenía mucha evidencia visual para los historiadores del arte, no solo en las pinturas sino en todo lo que tenía imágenes: cerámicas, vidrios grabados, libros… Y de ahí salió otro libro. Lo que quiero decir es que son eventos en cadena. Cada libro que escribo me da pie para el siguiente”.

Lo que sí es claro es que su último y –hasta ahora– más exitoso trabajo, La historia de los judíos, fue el único que no llegó como un evento encadenado sino más bien por su condición de judío y sus frecuentes coqueteos con la historia de su pueblo. “Durante la mayor parte de mi carrera escribí sobre gentes y culturas que no eran como yo, y siempre escuché este canto de sirena que venía desde estos asuntos profundos y conflictivos sobre la sociedad judía. Pero fue la BBC la que sugirió que hiciera una serie de televisión al respecto, y esa fue la excusa para hacer también el libro”.

Schama decidió que no quería, sin embargo, hacer un libro sobre la Biblia, que fueron personajes mitológicos creados siglos después de la historia real, sino algo más tangible y que tuviera una evidencia en los archivos de la historia. “Dije que nunca quería mostrar camellos atravesando el desierto, así que comencé con los judíos de Elefantina, una isla en el Nilo, porque son los primeros documentos que se tienen en los que se ven interactuar, con nombres y con historias cotidianas, como unos padres que están preocupados por su hijo. Quería traer a la vida a los judíos de verdad, no a los personajes fantásticos de la Biblia”.

Schama no salió intacto de su experiencia. Ha dicho que este libro lo ayudó a reencontrarse con su religión y con su historia personal. Pero la historia de los judíos no es solo la de un pueblo, sino la de la humanidad, y esa lección también la aprenden quienes han leído el libro. “A veces, seguir adelante después de una tragedia es muy difícil. Pero creo que hay que tener una historia de lo que fue el pasado para librarse de sus implicaciones y tener una vida en el futuro. De lo contrario, no se puede seguir adelante”.

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