| 2015/11/01

75 años a bordo de los libros

por Felipe Botero

2015/11/01

Por Felipe Botero

La historia del origen de la Librería Nacional parece más un mito macondiano que un suceso real: en 1941, siendo apenas un adolescente, Jesús María Ordoñez se fue a Cuba –meca histórica de la literatura– a buscar fortuna y la encontró convirtiéndose en librero de la célebre librería habanera “La Moderna Poesía”. Unos años después volvió a Colombia con una idea fija en la cabeza: fundar una librería que estuviera presente en la mayor parte del país y con eso en mente la llamó la Librería Nacional. Dado que volvió a Colombia por su principal puerto de aquel entonces –Barranquilla, esa ciudad de pioneros de la cual surgió la aviación y la cerveza colombiana, entre muchas otras cosas nacionales– decidió que la primera sede fuera allá y luego se expandió de la costa hacia adentro, pasando por Cartagena y Santa Marta, buscando un nuevo espacio en Cali y finalmente encontrando asiento en tierra adentro en Medellín y Bogotá. Pese a perder después su sede en Santa Marta, la Librería Nacional llegó al Eje Cafetero abriendo sus puertas en Pereira, por lo cual hoy en día está consolidada en seis ciudades del país. Y si la historia sirve de índice del futuro, sin duda alguna seguirá creciendo y llegando a más ciudades de Colombia.

 

La vida de la Librería Nacional parece marcada por la longevidad: además de contar casi con 75 años, lleva más de medio siglo con el mismo librero de cabecera, Felipe Ossa. Él, quien se define como “la joya de la librería por lo antiguo”, cumple cincuenta y tres años de trabajo entre los libros de la Nacional. Cincuenta y tres años en los que se ha sentido privilegiado por estar “viviendo el día a día de la historia humana”, ya que para él, “todo acontecimiento humano se decanta siempre en un libro”.

 

Y sin embargo, a pesar de su longevidad y su carácter nacional, la librería parece ser también el hogar de viajeros, como su fundador. Cuando le pedimos que nos recomendara un libro para leer este mes, Felipe se refirió inmediatamente a la literatura de viajes como su género literario favorito, pues según él, esta le permite al lector “viajar desde el sillón de su casa”. Su fascinación por ese género se remonta a su infancia, cuando a los nueve años se enfermó y su padre –librero de libro viejo, que por su biblioteca y por su oficio fue el principal causante de que Felipe también haya terminado siendo librero– le regaló La isla del tesoro de Stevenson para que se sintiera mejor. Según él, empezó a leer el libro a las ocho de la mañana y lo terminó a las ocho de la noche y, en ese tiempo, no estuvo en su cuarto enfermo sino recorriendo “los mares procelosos” en búsqueda de aventuras junto a Jim Hawkins y al capitán Long John Silver.

 

Además de viajar mediante los libros, Felipe también ha viajado usándolos como pretexto: una vez pasó un año entero recorriendo la península itálica con el quijotesco propósito de conocer todas las librerías de Italia.

 

No obstante, literatura de viaje no es lo único que se puede encontrar en la Nacional. Obedeciendo a su deseo de llegar a todo el público colombiano, la librería no está especializada en ninguna rama en particular sino que pretende abarcar el mayor número de temas posibles, intentando traer el mayor número de libros de tendencias diversas a sus clientes. Por ello, contrariamente a lo que mucha gente podría creer, sus ventas no se nutren mayoritariamente de best-sellers sino de libros de distinta índole. Como dice Felipe, la norma de la Nacional ha sido siempre cultivar una amplia bibliografía para satisfacer los gustos de cualquier colombiano que se acerque a sus puertas.

 

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