| 2015/11/01

La casa tomada por los libros

por Felipe Botero

2015/11/01

Por Felipe Botero

 

“Al principio hubo mucha curiosidad de los vecinos por saber qué era lo que había detrás de esta puerta”. Esta frase con la que Ana María Aragón, la librera y cofundadora de Casa Tomada, describe los primeros días de la Librería Casa Tomada en el año en que se fundó (2008), perfectamente hubiera podido ser escrita por Cortázar en el cuento que inspiró su nombre. En él, dos hermanos cuya relación se asemeja a la de un viejo matrimonio comparten una sosegada rutina al interior de una casa “espaciosa y antigua” que se ve interrumpida cuando intrusos desconocidos comienzan a “tomarse” gradualmente la casa.

 

Al revés de los protagonistas del cuento, Ana María y Fabricio Ciurlo, su esposo, con quien fundó la librería y quien diseñó todos los muebles de esta, parecen una vieja pareja de hermanos, pues llevan veintiocho años juntos y ambos se ocupan cotidianamente del quehacer en la librería. La idea se les ocurrió cuando asistieron a una charla de libreros en la Feria de Libro en 2007 y en ella un hombre que diseñó las librerías Feltrinelli de Italia hizo un repaso de las librerías más exóticas y más hermosas que hay en el mundo. Entonces decidieron adecuar la casa “espaciosa y antigua” en el barrio Palermo de Bogotá (casi se me ocurre poner Buenos Aires, pero no, es Bogotá) para convertirla en un hogar de libros y en un lugar de encuentros culturales. Curiosamente, la casa que escogieron era una de las antiguas sedes de la Cruz Roja, cuya hermana en la Zona Rosa de Bogotá fue “tomada” por un grupo de desplazados en el 2000, que venían a exigir sus derechos.

 

Encuentros culturales es lo que hay en Casa Tomada. Un vistazo a su página web muestra qué tanto Ana María y Fabricio se han esmerado para alcanzar su objetivo. Hay diez clubs de lectura –sobre poesía, ciencia ficción, vida salvaje, novela (dirigido por Hugo Chaparro Valderrama, el cerebro detrás del nombre de la librería), literatura policial, cómic, gastronomía y unos cuantos más con nombres tan llamativos como “En el Ático”, “El Fuego Secreto” y “Baobab” –, además de un Cine Club y un espacio denominado “Guitarra en Casa”, en el que por cinco mil pesos se puede oír a guitarristas graduados de la Javeriana interpretar música renacentista y barroca, música de Astor Piazzola, música del clasicismo y el romanticismo, y un sinfín de repertorios libres. Toda la programación se puede encontrar ordenadamente en la página web de Casa Tomada (http://libreriacasatomada.com/).

 

Especial atención merece el club de gastronomía, pues a diferencia de lo que uno podría pensar, no se trata de la reunión de unos cuantos chefs en torno a recetas de diversos libros de cocina, lo que ya de por sí podría resultar interesante. Se trata de un almuerzo organizado por Casa Tomada y la Casita Central de Oficios dirigida por Leandro Carvajal en el que, inspirándose en pasajes de ciertas novelas escogidas para ese propósito, se sirve un “Menú en tres tiempos”, es decir, con entrada, plato fuerte y postre, mientras se desarrolla una tertulia dirigida Juan David Giraldo en torno al libro escogido para el almuerzo. En septiembre, el turno fue de Kafka a la orilla de Haruki Murakami, en el cual se puede encontrar un fragmento que habla de “caballa asada a la sal”, “misoshiru de marisco” y “espinacas hervidas sazonadas con bonito”, además de “mochi relleno de chocolate y ciruelas”. Todo ello se sirvió en el almuerzo de Casa Tomada mientras Juan David Giraldo y Alberto Bejarano conducían la conversación en la mesa. Cada mes hay doce cupos para el almuerzo y para diciembre ya se está preparando uno en torno a El gaucho insufrible de Roberto Bolaño.

 

Como dije antes, la principal diferencia entre la casa del cuento de Cortázar y la casa de Ana María y Fabricio es que, mientras los hermanos de “La casa tomada” temen a los que vienen a tomarse su casa y en último término abandonan la casa a causa de ellos, los esposos de Casa Tomada trabajan únicamente para que cada vez más personas vayan a la librería a “tomársela” y aprovechen la amplia oferta cultural de tal manera que, como dijo Ana María, “la gente venga aquí y se sienta como en su casa”.

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