| 2015/12/01

Un mundo para un niño

por Felipe Botero

2015/12/01

Por Felipe Botero

 

La Hora del Cuento surgió de la estrecha relación entre dos hermanas: la mayor, Estela Gómez, la fundó en 1997 con otra socia y la menor, Elvira, se quedó con ella después de que a Estela le ofrecieron un trabajo como editora de literatura infantil en la Editorial Norma. Elvira fue convocada por su hermana a la librería cuando Estela todavía se ocupaba de ella para que la ayudara a administrarla, pues Elvira estudió Ingeniería de Sistemas en el Politécnico Gran Colombiano. Sin embargo, para sorpresa de ambas, Elvira se terminó enamorando del trabajo con los libros y los niños y decidió comprarle la librería a Estela cuando la vida la llamó a proseguir su carrera como educadora en la Editorial Norma.

 

La misión de La Hora del Cuento, según Elvira, es y ha sido siempre “formar mejores seres humanos” para aportar un granito de arena en la construcción de una sociedad más culta y más justa. Y cuando se observa la variedad y el tipo de libros que habitan los estantes de La Hora del Cuento se comprende con cuánta seriedad Estela y Elvira asumieron su labor. En La Hora del Cuento no sólo se encuentran relatos tiernos y chistosos como El pequeño topo que quería saber quién se había hecho en su cabeza, que literalmente trata de un topo a quien le hicieron popó en la cabeza y sale a buscar quién lo hizo, sino libros ilustrados de la Declaración Universal de Derechos Humanos, biografías de personajes históricos como el líder africano Nelson Mandela hechas con dibujos para niños y para jóvenes o recuentos de cuentos clásicos en las que se da un nuevo giro a las historias y se descubren facetas insospechadas de viejos personajes como, por ejemplo, Una caperucita roja, en el que Caperucita vence al lobo engañándolo al ofrecerle una menta envenenada luego de criticar su mal aliento. Además se puede encontrar una colección muy bonita de la editorial Océano Travesía en la que se intenta acercar conceptos tan complejos y difíciles como el “El bien y el mal”, “La cuestión de Dios” o “¿Contrarios? Un libro para ejercitar el arte de pensar” a los niños. Y también la colección  Poesía e Infancia de la editorial SM, en la que poetas tan herméticos y misteriosos como Fernando Pessoa y Sor Juana Inés de la Cruz son llevados al público infantil y juvenil. Y cómo no referirse a los libros sobre artistas, entre los cuales se destacan ¿Dónde está la ranita? Claude Monet en Gyverny, El sonido de los colores sobre las experiencias sinestésicas de Kandinsky, y un libro interactivo y lúdico que trata de explicar a fondo y muy ampliamente el Pop Art y la obra de Andy Warhol a los niños

 

Y estos libros de alto contenido intelectual y cultural no son sólo para el público infantil que ya aprendió a leer: por ejemplo, hay un lindísimo libro-rompecabezas con imágenes de Charlie Chaplin en las distintas poses cómicas que nos hicieron reír en sus películas. O también Las (¡verdaderas!) historias del arte en el que mediante un ejercicio muy ingenioso de la imaginación, los autores proponen situaciones divertidas que antecedieron a obras maestras de la historia del arte, como las páginas dedicadas a El grito de Edvard Munch, que muestra a un hombre sonriente sobre un puente al que se le vuela la peluca y termina haciendo la mueca de desolación existencial que todos conocemos. Y el “José Tomillo” del célebre autor colombiano de literatura infantil Ivar da Coll, en el que se propone un primer contacto a los niños con los colores a partir de la sonoridad de los versos.

 

 Por último, cabría destacar los distintos libros acerca de la amistad y las relaciones personales con los que cuenta La Hora del Cuento. Entre ellos, hay uno en particular que me conmovió no sólo por su historia, que invita a aceptar y abrazar las diferencias que todos tenemos respecto a los otros, sino también por sus dibujos y por la inscripción con la que se cierra, aludiendo a su pequeña difusión: se trata del libro Emma y Juan de Amalia Satizábal editado por la editorial independiente colombiana Gato Malo. La persona que llegue al final de esta bella historia encontrará en la última página la siguiente inscripción: “Los mil ejemplares de este libro se terminaron de imprimir en abril del 2015, luego de que Emma y Juan hubieron bailado una última danza juntos. Ahora, cada uno de ellos baila una nueva melodía, con diferente ritmo y a un compás que les llena el alma. En GatoMalo bailamos siempre con los ojos cerrados, nuestros bigotes y nariz dirigidos al cielo”.

 

No obstante, la labor de formar “mejores seres humanos” de La Hora del Cuento no se encuentra sólo en sus libros y en sus talleres gratuitos organizados para niños los domingos cada quince días. También se encuentra en su disposición para albergar y apoyar las diversas iniciativas de Idartes o de diversas instituciones para promover la lectura infantil en Colombia. Dos de ellas llaman mucho la atención: la iniciativa Libros al viento en la que, después de anotarse en una planilla de La Hora del Cuento, se puede llevar uno un libro gratuitamente de un estante dispuesto específicamente para ello y dejar, si así lo desea, otro libro en su lugar. Y la de “Regalar un libro es mi cuento” mediante la cual se puede hacer llegar un libro de La Hora del Cuento a niños en diversas regiones del país con una dedicatoria para que ese niño pueda después ponerse en contacto con la persona que le regaló el libro.

 

“Quien lee no está haciendo algo, se está haciendo alguien”: esta frase de Pedro Laín que la dueña de La Hora del Cuento escribió en un tablero en medio de la librería resume muy bien la labor con los libros y los niños que llevan a cabo las hermanas Estela y Elvira Gómez desde la creación de la librería. Mediante sus libros no sólo pretenden inculcar el gusto por la lectura a los pequeños sino acercarles el mundo que los aguarda y, de esa manera, intentar prepararlos y enriquecerlos para que ellos contribuyan a hacerlo un mejor lugar para vivir cuando crezcan.

 

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