Vocalista del grupo Providencia.

Organizarse paga

La internacionalización de los sonidos locales está ligada a la profesionalización de la cadena artística y a la participación activa en los mercados culturales.

2015/09/16

Por Manuela Lopera

La Secretaría de Cultura Ciudadana y mercados como Circulart han contribuido desde hace unos años a encauzar el talento de cientos de músicos de una ciudad que cuenta con una infraestructura para la cadena productiva de la industria. Agrupaciones como Puerto Candelaria y Crew Peligrosos tienen una trayectoria que ha encontrado lugar en los diversos escenarios del mundo. “La internacionalización coincide con una obvia calidad de las bandas locales”, asegura Octavio Arbeláez, director de Circulart y RedLat, y agrega que Medellín ha consolidado un mercado fuerte y una oferta cultural de peso global. Pero no se trata solamente de talento. En el proceso de dar el salto, la gestión articulada es clave: “Se debe a agrupaciones que tienen sistematizados sus procesos y que han fortalecido una cadena de valor que apuesta profesionalmente por ese objetivo”, afirma.

Uno de los casos modelo es el de Merlín Producciones, una empresa que nació al mismo tiempo que Puerto Candelaria, hace 15 años, con el fin de apalancar la producción y comercialización de la agrupación. “Desde el inicio entendimos que teníamos que profesionalizarnos. Así mismo, asumimos la dirección artística de nuestros festivales, y eso nos ha posicionado para tener contacto con productores y mánagers alrededor del mundo”, dice Juan Felipe Arango, gerente general de la compañía y productor ejecutivo de artistas como Maite Hontelé y su orquesta Trópico Big Band, y Puerto Candelaria. Esta última, muy consolidada en el proceso de internacionalización; su despegue comenzó hace diez años y desde entonces han hecho más de 50 giras por casi todo el mundo.

Arbeláez reconoce, además, que el aprovechamiento de los mercados es estratégico. “Los grupos que más viajan nunca han menospreciado a ninguno, les apuestan a todos”. Juan Felipe Arango lo explica así: “Hemos seguido visitando mercados culturales en Estados Unidos, México, Argentina, Brasil, Chile, Colombia, España, y siempre intentamos reunirnos con los promotores de festivales, teatros y grandes BTL en el mundo”. A pesar de que hay un terreno ganado, todavía queda mucho por hacer. Arbeláez propone la creación de una institución que sistematice y gestione este proceso en las diferentes agrupaciones locales.

En ese fenómeno, el boom de los nuevos sonidos colombianos es protagonista. En la actualidad hay cerca de 30 bandas nacionales que mezclan cumbias, porros, salsa y vallenato con jazz, funk y rock, dando como resultado un sonido único. “Eso catapultó a muchos grupos en la escena mundial”, asegura Arbeláez, y explica que algunas propuestas se van quedando relegadas porque no innovan. “Lo convencional no es atractivo”.

Providencia es una agrupación de reggae que ya cumple 13 años. En 2012 se disparó su agenda internacional con la participación en el South by Southwest (SXSW), uno de los más reputados festivales de música independiente, que se realiza en Austin, Texas. Luego estuvieron en el Victoria Ska Fest, en Canadá, y en el festival FFF, en Guayaquil, Ecuador. Todo esto, con el impulso de participaciones en mercados culturales colombianos que les han servido “como laboratorio para aprender a ofrecer la banda a los programadores y conseguir alianzas en otras latitudes”, dice Juan Camilo Gómez, vocalista y líder de la banda.

La Toma es otra agrupación que arrancó el 2013 pisando fuerte. Con dos discos llenos de sonidos latinos y una base rockera, esta agrupación se consolidó haciendo énfasis en lo instrumental y en letras llenas de mensajes. Luego de un showcase en Circulart, fueron invitados al Festival Internacional de las Artes (FIA), en San José de Costa Rica. Ese mismo año hicieron una gira de dos meses por México, esa sí, como ellos dicen, “autogestionada y muy punkera”.

Por su parte, Maite Hontelé es la apuesta internacional del momento. Acompañada de su orquesta, ha llevado su particular enfoque salsero a Brasil, México, Estados Unidos y España, donde ya tiene un nombre: “Es una propuesta atractiva porque se trata de una holandesa que toca trompeta. Sin duda capturó la atención de promotores y programadores”, dice el mánager.

En la escena local, en la que el talento se da por descontado, la diferencia a la hora de salir al exterior está marcada por la profesionalización de los procesos, la participación en los mercados y la persistencia en el tiempo. “Lo difícil no es crear un proyecto musical; lo complejo es mantenerlo a lo largo de los años”, asegura Juan Felipe. Ese es el reto más fuerte. Un buen número de agrupaciones, que siguen activas después de cinco años, no se dan por vencidas en el sueño de conquistar escenarios internacionales.

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