El 'JKE', fundador de la Crew Peligrosos.

Los sonidos que me hicieron músico

Henry Arteaga cuenta cómo encontró en el hip-hop una alternativa de vida y un metodo de transformación para su comunidad.

2015/09/16

Por Henry Arteaga (El JKE)

De niño creo que las primeras canciones que escuché no fueron infantiles. Creo que la TV no ofrecía programas como ahora, con canciones que generan ídolos para los niños. Yo crecí escuchando los tangos de Gardel, la música de Julio Jaramillo, la salsa de Héctor Lavoe o La Fania, los Carrangueros de Jorge Velosa, Lucho Bermúdez  y Octavio Mesa. Esa era  la música de personas mortales, alcanzables, y era la que recorría mis oídos en la esquina donde vivía. Don José, mi vecino a dos casas, cada fin de semana invitaba a sus amigos músicos a interpretar canciones de antaño. Su colección de cientos de discos en vinilo decoraban su estudio como un gran museo. Allí yo jugaba a las escondidas con sus hijos y memorizábamos cada letra y armonía.

En casa se sintonizaba A.M. Mucha noticia de cómo iba Medellín, hasta que llegaba la hora de las radionovelas, como Kaliman, donde mi cerebro podía recrear una versión propia de lo que escuchaba. Se sentía miedo y vértigo en cada narración. Era una experiencia más chimba que el cine. Luego yo mismo empecé a explorar frecuencias: llegué a 98.9, Veracruz Estereo, y escuché la tan famosa y nombrada música americana como Poison, Bon Jovi, Michael Jackson y Elton John. La TV me acercó a los videos aún en blanco y negro –en un tv de perillas que dañé jugando– y así fue como Michael Jackson y su baile me conectaron con lo que sucedía en los patios del colegio Gilberto Alzate Avendaño, donde unos chicos hacían unas acrobacias impresionantes con el sonido más impactante que jamás había entrado a mis tímpanos: Planet Rock de Sound Sony Forge, la banda sonora de la calle.

El Hip-Hop estaba en Medellín. Los chicos danzaban por horas en diferentes espacios de la ciudad: la Cámara de Comercio de la Avenida Oriental, la Biblioteca Pública Piloto, y los barrios que más recuerdo: La Milagrosa o Buenos Aires, Aranjuez y Guayabal.

Más tarde se dispararon las rumbas en el barrio Aranjuez. En 1999 nacen los Crew Peligrosos, danzantes del Hip-Hop, y durante casi 10 años, hasta 2008, hicimos exploración de sonidos colombianos y latinos que nos llevaran a tener una identidad sonora. Empezamos a rapear en los parches de Break que organizamos para darnos fogueo, empezamos a tener solidez en las letras y en el color, y seguimos la búsqueda con los samplers de Totó la Momposina, Los Gaiteros de San Jacinto, Petrona Martínez, tambores y acordeones, y lo más nuevo, como Herencia de Timbiquí y Puerto Candelaria;  música que nunca escuché de niño y que no sonaba en el barrio, pero que relataba historias como si fueran de fantasía. Ese sabor nos conectaba con lo que buscábamos siempre, y a mí con mis orígenes: de dónde soy y a qué pertenezco.

Nuestro primer álbum, llamado Medayork, es una recopilación de todo lo que habíamos aprendido. Pero queríamos más de Colombia y con Redbull recorrimos 27.000 kilómetros por el Norte de nuestro país. Recopilamos historias y sonidos que dieron origen a MarcaPasos y un gran concierto con la Orquesta Sinfónica de Colombia, músicos y cantantes tradicionales de Palenque, Cartagena, Timbiquí, Valledupar y el Sinú, bajo la dirección y arreglos de Juancho Valencia.

Hoy la música del Crew, con un nuevo álbum llamado los Madafunkies, es un universo de sonidos con colaboraciones del padre del Hip- Hop, Afrika Bambaataa; la leyenda Latina del freestyle, McKlopedia de Venezuela,  y el talentoso rapero Mcida de Brasil. Además, es un proyecto que reúne la diversidad de Medellín: fue producido por los chicos de 4ESkuela, en Aranjuez, más Rat Race y Hunter, algunos beat de Key Dee y los arreglos de nuestra banda: Coe, Candelo y Dani. Las letras son de JKE Y P Flavor. Todo lo que he escuchado desde que era un niño me ha conducido hasta acá.

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