Jorge Carrión, columnista de Arcadia.

La exitosa serie de HBO sin misterio

The Leftovers es una serie de televisión estadounidense creada por Damon Lindelof y Tom Perrotta para el canal HBO. Una historia que parte de una desaparición masiva de la población mundial que nadie sabe explicar. Jorge Carrión hace una reseña sobre esta producción en la edición 123 de Arcadia.

2015/12/11

Por Jorge Carrión

El recurso más habitual para contar un mundo nuevo es introducir en él a un personaje ajeno. Alguien que tenga que aprender, a medida que lo hace el espectador, las reglas, los códigos, la historia, las sutilezas. La apuesta radical de The Leftovers es la renuncia a esa figura de intermediación. En su mundo no hay un traductor, no hay un pedagogo, no hay un cicerone. Un 14 de octubre, sin que se sepa por qué, desaparecen 140 millones de personas, el 2 % de la población mundial. Tu bebé, tu pareja, dos hijos, un primo, tres vecinos. El fenómeno es global. No hay explicación: no es una epidemia ni un rapto alienígena ni una brecha interdimensional. Es, simplemente, una desaparición absoluta. Inexplicable. Por eso los protagonistas, tres años después de los hechos, no serán investigadores que traten de resolver el misterio (es un misterio, según parece, irresoluble, es un antimisterio, un agujero negro devorador de materia narrativa), sino víctimas. No unas víctimas particulares: simplemente víctimas. Como todos. Porque la metáfora es evidente: después del 11-S, del 11-M, del 13-N, del 11-O, todos los occidentales somos seres dolientes, traumatizados por un horror difuso, que difícilmente podemos comprender. Y no hay detectives que puedan paliar nuestra desorientación.

Sin intérpretes, por tanto, The Leftovers avanza a ciegas, pero avanza. La familia Garvey y sus allegados, todos ellos partidos por el rayo de lo que ha dado en llamarse la Ascensión, no hacen más que sobrevivir en un mundo que —nos vamos dando cuenta paulatinamente— ha quedado desquiciado. Han proliferado algunas sectas, se han articulado algunas formas de memoria y duelo público, hay un departamento oficial de gestión de las desapariciones; pero todo parece seguir más o menos igual. Sin embargo, en cada una de las conciencias de los que se han quedado, de esas “sobras” a las que alude el título, la herida es profundísima y se parece demasiado a la locura.

El misterio de The Leftovers es cómo sustenta nuestra atención pese a carecer de misterio. La respuesta es, una vez más: mediante personajes magnéticos. Los dos mejores capítulos de esta segunda temporada han tenido como protagonistas a los mismos personajes que ya centraron los tres mejores episodios de la primera: el reverendo Matt Jamison y su hermana Nora Durst. En una estructura simétrica, esos tres episodios fueron los número 3, 6 y 9, y tuvieron la autonomía de cuentos perfectos dentro de una novela mayor. La segunda temporada, en cambio, comienza casi de cero. Lo hace mediante un simbólico parto prehistórico: una mujer indígena tiene a su bebé frente a nuestros ojos (como ya ocurrió en Sense8). Las reglas del juego, parece decirnos Damon Lindelof, han cambiado. Nos trasladamos a Miracle, un pueblo donde no hubo desaparecidos. Y los mejores capítulos llegan en otro orden: el número 5 (de nuevo el gran Matt Jamison) y, sobre todo, el número 6 (“Lentes”, uno de los mejores de la historia de la televisión), con una antológica y electrizante conversación final entre Nora y su vecina. De la novela original de Tom Perrotta, por tanto, nos transportamos a una reformulación de la propia telenovela que estamos viendo.

No es una paradoja que los protagonistas nos interesen menos que los secundarios, es una consecuencia de la lógica serial. Cuando una serie decide su casting, se la juega al todo o nada con la cara del actor o actriz principal. Ni este ni su personaje están siempre a la altura. Hay que mantenerlo por inercia, porque aunque muchas de las mejores series de la historia sean corales (Hill Street Blues, The West Wing, The Wire, Lost, Game of Thrones), la industria no se atreve a emanciparse de un carisma unipersonal. De hecho, a Kevin Garvey, el protagonista de The Leftovers, pobremente interpretado por Justin Theroux, lo matan en esta temporada. Pero enseguida, ni siquiera pasan tres días, es resucitado.

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