Camilo Hoyos, columnista de Arcadia.

Lecciones gramaticales al alcance de todo el mundo

En el texto 'Gramática pura', Emilia, protagonista de la novela, se dedica a contar lo que han sido los últimos diez años de su vida tomando como eje narrativo las distintas lecciones gramaticales que ha dado como profesora. Una apuesta Juan Fernando Hincapié que reseña Camilo Hoyos para la edición número 123 de Arcadia.

2015/12/11

Por Camilo Hoyos

Por lo general, uno de los grandes problemas que el alumno de gramática enfrenta es que no le encuentra lugar dentro de su propia realidad, es decir dentro de su propia cotidianeidad. Esto hace que por lo general su aleccionamiento siempre se desprenda de frases sueltas y de ejemplos específicos contenidos en infinidad de manuales de gramática: están allí a manera de ejemplos, mas no como partes de historias o de sucesos. Darle un giro a la lección implica encontrar su rodamiento en la cotidianeidad de una historia. Esta es, posiblemente, una de las apuestas de Emilia Restrepo Williamson, protagonista y narradora de la novela. Narra una especie de memoria de sus últimos diez años que en realidad denomina manual de gramática: contar la vida y a lo largo de su relato dar zarpazos a manera de explicaciones gramaticales (es decir, la realidad puesta al alcance de la gramática, por no decir lo contrario).

La apuesta surge por hacer narrativas las propias categorías gramaticales. Emilia se dedica a contar lo que han sido los últimos diez años de su vida tomando como eje narrativo las distintas lecciones gramaticales que ha dado como profesora. Los dos primeros capítulos, como sus títulos indican, forman parte del pasado de Emilia, jugando asimismo con el sentido de su denominación: el condicional como “futuro” del pasado vivido; el pasado pretérito perfecto que los profesores recomiendan no utilizar pero que, a pesar de esto, puede resultar un pasado perfecto; el presente que en principio es el más sencillo de conjugar pero a la vez el más difícil de manejar, precisamente porque carga con la responsabilidad de la decisión tomada en la inmediatez del plano real, y por último el subjuntivo, el imperio de la subjetividad, que implica una acción que no necesariamente sucederá, pero que sin embargo se especula con que ocurriera.

Emilia es hija de una familia adinerada; es antipática, sabihonda y rígida. No contempla las variedades del uso de la lengua, sino que se fija en sus reglas normativas y en su uso prescriptivo (es decir, la lengua siempre se debe usar según sus reglas, y cualquier intento por variarla es equivocado). En la mitad de sus memorias introduce largos párrafos en los que explica frases que recién utilizó: “Antes de seguir, considero necesaria una breve nota sobre el ir por versus el ir a por”; “Tipazo quiere decir lo siguiente”; “me voy a permitir una breve explicación sobre cómo y cuándo tildar los monosílabos”, etcétera. En otros casos, vuelve sobre lo escrito para que no haya duda alguna de por qué lo conjugó de determinada manera: líneas después de haber escrito “Debió de haber sido en abril o mayo del 96”, anota: “Por otra parte, al expresióndeber de+ infinitivo es una frase verbal que significa suposición, probabilidad; o sea, yo no estoy seguro fehacientemente de la fecha, pero no pudo haber sido en otro momento…”.

A medida que vamos conociendo a Emilia, nos damos cuenta de que nosotros somos en realidad sus alumnos, y que la lectura de su historia no es más que una disculpa para entender los distintos caminos que la gramática puede ofrecer (no digo entender más y mejor, porque a veces las cuestiones gramaticales a duras penas se entienden). Terminada la novela, la regla prescriptiva impuesta (que no es una novela sino un manual) se erige como verdadera: quedamos pensando más en la gramática pura que en la historia de la vida de Emilia. La novela bien puede ser una secuencia de lecciones gramaticales. Comprendemos que todo lo que nos ha contado ha sido una disculpa para sustraer ejemplos gramaticales. La historia no cuenta con grandes altibajos ni desenlaces emocionales ni mucho menos sentimentales. Sí gramaticales, en la medida en que la historia pudo haber sido otra, mientras que la gramática siempre será la misma.

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