Toda auténtica obra de arte es, por supuesto, universal. Pero hacer énfasis en su contenido homoerótico constituye un aporte a la historia de la visibilización de un grupo que ha sido (y en muchas instancias sigue siendo) violentamente juzgado por la sociedad.

La virgen de los sicarios
1

David

Miguel Ángel Rojas - Fotografía, 2004

En el 2005 Miguel Ángel Rojas expone entre los escombros del Hotel Hilton de Bogotá una docena de soberbias fotografías en blanco y negro, de gran formato, que muestran el cuerpo desnudo de un joven soldado que imita la postura de El David de Miguel Ángel Buonarroti; pero a diferencia de la escultura renacentista, a este otro David le falta el pie izquierdo y parte de su pierna, que ha perdido a causa de la explosión de una mina antipersona: la copia está incompleta, destrozada de antemano. Así, Rojas, agudamente, señala la ruina de la guerra en Colombia y nuestra enfermiza dependencia histórica frente a modelos políticos o artísticos extranjeros, mientras pregunta: ¿por qué? Rojas añade: “David es el guerrero contemporáneo esta vez no exitoso, víctima de la confrontación con ese Goliat no del todo tangible, que al final son las diferencias entre gentes que tienen mucho en común”.

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2

La virgen de los sicarios

Fernando Vallejo - Novela, 1994

La virgen de los sicarios es muy probablemente la novela más conocida de Fernando Vallejo. Aquí, el autor se representa como un anciano homosexual que, después un largo exilio, regresa a su Medellín natal para esperar la muerte. Sin duda, junto con El desbarrancadero, esta novela forma parte fundamental del canon literario en español. Uno de los momentos más impresionantes y conmovedores de la novela ocurre cuando el sicario amante del narrador es asesinado por otro sicario: “Cuando mi niño cayó en la acera me seguía mirando desde su abismo insondable con los ojos abiertos. Traté de cerrárselos pero los párpados se le volvían a abrir... Ojos verdes, incomparables los de mi niño, de un verde milagroso que no igualarán jamás ni siquiera las más puras esmeraldas de Colombia”.

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3

Afiche de Luis Caballero

Luis Caballero - Galería Garcés Velásquez, 1986

La formidable obra de Luis Caballero fue usada socialmente de manera simultánea por el mundo del arte y por la comunidad homosexual para movilizar sus respectivas agendas. Mientras la crítica validaba su pertenencia a la historia del arte universal y destacaba su aproximación al erotismo, en abstracto, los hombres homosexuales veían expresada su condición sexual y tramitaban a través de la obra de Caballero su compleja dimensión social y política. El afiche de la exposición individual que realizó Luis Caballero en la Galería Garcés Velázquez en 1986 se convirtió para muchos en la única manera de poseer una imagen de la obra económicamente inaccesible, y funcionó como un poderoso código cultural para señalar la pertenencia a la comunidad gay.

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4

Elegía platónica

Porfirio Barba Jacob - Poema, 1932

Amo a un joven de insólita pureza,
todo de lumbre cándida investido:
la vida en él un nuevo dios empieza,
y ella en él cobra número y sentido.

Él, en su cotidiano movimiento
por ámbitos de bruma y gnomo y hada,
circunscribe las flámulas del viento
y el oro ufano en la espiga enarcada.

Ora fulgen los lagos por la estría…
Él es paz en el alba nemorosa.
Es canción en lo cóncavo del día.
Es lucero en el agua tenebrosa…

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5

Sementerio

Wilson Díaz - Semen humano sobre cartulina, 1996

Sementerio es un proyecto construido a partir de donaciones de semen recogidas entre el público. Se inició en marzo de 1995 y surgió a partir de una obra que el artista hizo en 1986, realizada con tinta y semen en el papel. El profundo impacto que causó la obra tiene mucho que ver con el hecho de que Díaz trabajó con lo real y no con lo representacional. No son fotografías de semen: él pintó con semen. Además, a una materia que es sinónimo de vida, le puso un título que juega con el lugar que acoge la muerte. Con ello, hace referencia a la muerte por el sida (la muerte a partir de la eyaculación), y también a la soledad. “Aquí está la prueba de la presencia total del cuerpo y, a la vez, la de su ausencia. Es un juego de paradojas”, dijo el artista.

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6

Serie Torero

Ruvén Afanador - Fotografía, 2002

En la portentosa obra de Ruvén Afanador el cuerpo masculino es el vehículo del deseo y del silencio, tiernos y violentos a la vez. En esta serie, del año 2002, el lenguaje visual descubre a los ojos del espectador la belleza al mismo tiempo erótica y nostálgica de los toreros. El fotógrafo bumangués, aplaudido en el mundo entero por su fotografía de moda y sus retratos, explora la íntima y callada belleza del matador, así como su vulnerabilidad frente a la sombra de la muerte. En un recorrido por Colombia, México, Perú y España, sus fotografías en blanco y negro de cuerpos desnudos que se entrelazan, capas y banderillas, abanicos, chaquetillas, cornamentas y fajas logran capturar toda la pasmosa sensualidad de los protagonistas de un ritual milenario.

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7

Nuestra película

Luis Ospina - Documental sobre Lorenzo Jaramillo, 1993

Nuestra película surge a partir cuatro sesiones de entrevistas del pintor Lorenzo Jaramillo, poco antes de su muerte a causa del sida. Más que una conversación es un monólogo donde el artista desenreda los hilos de una vida que se le escapa. Con entereza, Jaramillo enfrenta la oscuridad y la muerte, sin llamarse a engaños sobre nada, sin ceder a ninguna tentación mística. No es un documental sobre la muerte sino una celebración de la vida y la creación artística, abiertas e impredecibles. Testimonio de amigos y fragmentos de filmes ayudan a componer esta elegía de los sentidos, esta “canción de cuna para un moribundo”, como la llamó Sandro Romero.

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8

Fotografías de los teatros Faenza y Mogador

Miguel Ángel Rojas - Fotografía, 1978

En 1978 Rojas documentó los encuentros gays que tenían lugar en el Teatro Mogador y en El Faenza. Comenzó fotografiándolos por un agujero en la puerta de un baño. Lo que obtuvo fue una colección de instantáneas de un submundo marginado, forzado a citarse en la oscuridad de salas de cine venidas a menos. Rojas presentó parte de esos registros en La Vía Láctea: una serie de fotos circulares de un centímetro de diámetro ubicadas a cuatro metros del piso de la Garcés Velázquez. Al separarlas de los ojos del espectador, al repetir en la galería la distancia “para ser y estar” que la sociedad impuso al homosexual, Rojas dejó en claro lo irreconciliable entre estos dos mundos. Sin ser vistas, sus fotografías se volvieron míticas. De esta misma colección surgió Tres en platea, aquí reproducida.

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9

Príapo en la hamaca

Raúl Gómez Jattin - Poema, c.1985.

Cuando te conocí venía de estar muerto
Muerto y amortajado en mis propios recuerdos
Venía de esconderme en una grave locura
que tomaba mi vida y se la ofrecía al viento
para que él la llevara a un lugar ciego lejos
libre de aquellas cosas que parecen la vida
y que la ocultan a costas de nuestra lozanía
Libre de la desdicha de ser amargo y solo
Cuando te conocí hasta el sol era enemigo
Las palabras habían huido de mi voz
Llevaba tantas noches sin tomar una mano
que era de dolor y hielo el hueso de las mías
Hoy estás allí en la intimidad de mi hamaca
tendiendo como un fauno priápico y soñoliento
el cuerpo de tu virginidad entregada
No te amo demasiado pero te necesito más que al poema

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10

¡Ay! ¡Días Chiqui!

José Manuel Freidel - Monólogo teatral, 1987

En septiembre de 1990, Freidel salió de un bar y subió a un carro desconocido. Horas después lo encontraron muerto. Nadie se atribuyó el crimen. En la prolífica obra teatral de este dramaturgo antioqueño, esa muerte estaba prefigurada. ¡Ay! ¡Días Chiqui! es el monólogo de un travesti que teme salir de noche: intuye que puede ser objeto de la limpieza social. Pero el señuelo del amor lo lleva a la cita ineludible con su destino. Esta pieza es teatro urgente, denuncia por la muerte de más de doscientos travestis en la Medellín de los años ochenta. La obra ha seguido vigente con nuevos montajes, y el odio y la violencia también.

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11

La tregua

David Stivel - Adaptación para televisión, 1980

En 1980, David Stivel dirigió La tregua, un dramatizado inspirado en la novela homónima de Mario Benedetti en el cual apareció el primer personaje homosexual, no caricatural, en la historia de la televisión nacional. Pepe Sánchez la protagonizó junto a Celmira Luzardo. Mario Ruiz interpretó el papel del hijo homosexual y su papel causó un gran impacto en la comunidad gay, que pericibió los guiños sin que el gran público identificara el argumento de la telenovela como explícitamente homosexual.

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12

San Sebastián

Álvaro Barrios - Fotografía,1977

A raíz de la lectura de Confesiones de una máscara, de Yukio Mishima, Álvaro Barrios realizó una serie de piezas sobre la iconografía de San Sebastián, en donde exploró las fantasías de identificación con el cuerpo masculino y, en particular, su desnudez. En 1977 se apropió del San Sebastián de Botticelli, para proyectar una dimensión sexualizada del cuerpo en su disposición al martirio. En la Edad Media la imagen de San Sebastián fue vista como prueba de fe, pero en el contexto humanista en donde vivió Boticelli se transformó en el símbolo del carácter indisoluble del placer y el displacer, y se convirtió progresivamente en un ícono de la homosexualidad masculina ya a comienzos del siglo XX.

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13

El fuego secreto

Fernando Vallejo - Novela,1985

Los días azules, la primera de las cinco novelas que conforman El río del tiempo, ciclo autobiográfico de Fernando Vallejo, termina con la imagen de un globo rojo “yendo hacia lo alto, rumbo a la vastedad azul sin límites, rojo él y palpitando, encendido su rojo corazón”. Esa incandescencia brota, no ya del globo sino del propio Vallejo, en El fuego secreto, la segunda parte de su famosa pentalogía. Para el crítico belga Jacques Joset, esta obra es una crónica de los “ligues homosexuales escandalosos en el Medellín de la adolescencia y juventud” de Vallejo y de su hermano Darío, este último el protagonista agonizante de El desbarrancadero.

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14

Bent

Montaje de Gustavo Londoño - Montaje teatral, 1985

Bent, escrita por Martin Sherman en 1979 y adaptada y dirigida en 1985 por Gustavo Londoño en el Teatro Nacional, produjo tal conmoción que permaneció como un hito de la apertura frente al tema homosexual en Colombia. La persecución a los homosexuales durante el Tercer Reich a partir de los testimonios del superviviente Hans Heger, parecía un problema lejano para el público colombiano, pero el montaje con actores como Jorge Emilio Salazar, Humberto Dorado, Carlos Alberto Jiménez y Yúldor Gutiérrez, entre otros, impactó profundamente a varias generaciones como una suerte de revelación. Y todos aquellos homosexuales que se sentían atrapados en un país encerrado, autoritario y conservador como era la Colombia de los años ochenta, respiraron un poco a través de las historias de estos hombres del triángulo rosa. En el 2011 el grupo teatral La Barraca hizo una nueva adaptación más experimental.

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15

Yo no soy esa

Colectivo Yo no soy esa - Galería Santa Fe, 2006

La exposición Yo no soy esa, del 2006, formó parte de una trilogía de exposiciones que se realizaron en la Galería Santa Fe con el fin revisar los usos sociales del arte en relación con la sexualidad y el silencio que ha mantenido la historia del arte al respecto. La trilogía comenzó con la exposición Un caballero no se sienta así, que se realizó en el 2003, y concluyó con Yo soy mi propia mujer, que tuvo lugar en el 2010. El nombre de la muestra surgió de una pieza sonora de Catalina Rodríguez, que alteraba la voz de la cantante española Mari Trini para hacerla parecer de hombre.

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Roby Nelson

Bernardo Arias Trujillo - Poema, c.1932

Lo conocí una noche estando yo borracho de copas de champaña y sorbos de heroína;
era un pobre pilluelo, era un lindo muchacho
del hampa libertina.

Ardía Buenos Aires en danza de faroles;
sobre el espejo móvil del Río de la Plata
fosforecían las barcas como pequeños soles
o pupilas de ágata.

En el asfalto móvil de la amplia costanera
el arrabal volcaba sus luces de colores:
poetas, pederastas, muchachas milongueras,
apaches, morfinómanos, artistas y pintores.
Los pecados ladraban como perros sin dueño
entre la bulliciosa cosmópolis del bar;
los marinos iban en góndolas de ensueño
sobre las aguas líricas del mar.

En un ángulo turbio miro desde mi mesa
a un pálido chiquillo que sonríe y me mira
y a través de las gotas rubias de la cerveza
mi lujuria conspira.

Tiene catorce años y en sus hondas pupilas
cercadas por paréntesis lívidos de violeta,
ojeras prematuras del vicio, ojeras lilas
de onanista o asceta.

¿Quién eres tú?, le dije,
rozando sus cabellos ondulantes de eslavo.
¡Yo! soy un niño triste…
Roby Nelson me llamo.
Roby Nelson… lindo nombre de golosina,
nombre que suena a dulces tonadas de ocarina,
nombre que tiene dóciles inflexiones de amor
y una delicadeza enfermiza de flor.

Y pienso: Este muchacho
es un retoño de hombre que errará por el mundo,
en sus pupilas grises hay un dolor profundo,
es hijo de inmigrantes venidos de lejanos países
y en su cuerpo errabundo
se ha cruzado la sangre de dos razas tristes.
Se llama Roby Nelson, flor del barrio,
que va de muelle en muelle, de vapor en vapor,
este chico vicioso de cabellos de eslavo
vende cocaína y amor.

Es hijo de la noche y huésped del suburbio,
hoja de Buenos Aires que el viento arrebató,
desperdicio del vicio, pobre pétalo turbio
que un arroyo se llevó.

Tal vez en un hospicio su cuna se meció
y es hijo de prostituta y de ladrón.
¿Quieres estar conmigo esta noche pilluelo?
Y sus ojos piratas me dijeron que sí.
Mi sangre trepidaba entre llamas de anhelo
y naufragué en un tibio frenesí.

Besé entonces los lirios ignotos de sus manos,
la fresa de su boca congelada de frío;
nos fuimos vagabundos por los diques lejanos
y en esa noche griega fue sabiamente mío.
¿Qué quiere usted que hagamos?
Me dice con la gracia de una odalisca rusa;
y se quita la blusa, se desnuda
y me ofrece su cuerpo como si fuese un ramo.

Desnudo entre los rojos cojines y las sedas
sobre la cama asiática me brinda sus primicias;
sus manos galopaban en pos de mis monedas,
las mías galopaban en pos de sus caricias.

Y besando su cuerpo de palidez divina
que tenía la eucarística anemia de las rosas
le dije tembloroso en un dulce clamor:
Te pido solamente que me vendas dos cosas:
un gramo de heroína y dos gramos de amor.

¡Roby Nelson! ¿Dónde estarás ahora?,
¿Nueva York, Río de Janeiro, Filipinas, Balsora,
Panamá, Liverpool?
¿Dónde estás Roby Nelson de cabellos de eslavo
con tus hondas ojeras, tu chaqueta de esclavo
y tu raída gorra azul?
¿Por qué turbios caminos empañados de ausencia
van tus zapatos viejos robados a Chaplín?

Quizá la droga trágica que embriaga de demencia
como una diosa pálida amortajó tu esplín.
Muchachito bohemio, príncipe de tus vicios,
exquisito y perverso, frágil como una flor.
En mis noches paganas de crisis voluptuosas,
en los hondos naufragios de mi fe y mi dolor,
te pido como antes que me vendas dos cosas:
un gramo de heroína y dos gramos de amor.

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Al diablo la maldita primavera

Alonso Sánchez Baute - Novela, 2003

El protagonista de esta novela, Edwin Rodríguez Buelvas, es uno de los personajes más punzantes, divertidos y entrañables de la ficción colombiana reciente. Mezclando un discurso por momentos frívolo y por momentos culto, con un tono a veces tierno y a veces irónico (siempre desolador y desamparado) y valiéndose de un lenguaje oral y literario, Edwin recorre una Bogotá nocturna, marginal, en su esmero por ser la drag queen más famosa de Colombia. A pesar de su amplia circulación, Al diablo la maldita primavera sigue siendo una obra transgresora porque critica duramente los códigos sociales heredados.

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18

Eat me

Jaime Ávila - Fotografía, 2006

Jaime Ávila tiene algo de atravesado, de gamín. Sus documentos fotográficos son a la vez profundamente masculinos y chauvinistas, directos, cargados de un sentido del humor que podría llegar a ser considerado basto y primitivo. Sin embargo, su fuerte contenido político (por ejemplo, la bandera de Cuba en Eat me), antiimperialista, sublevado ante el desequilibrio norte-sur, le otorga a su obra una gran contundencia ideológica. “En La Habana los grupos clandestinos están conformados por un cartel de prostitución y decenas de jóvenes se ofrecen acicalados con ropa Calvin Klein y Versace. El salario mínimo mensual es de sesenta dólares y sin embargo un almuerzo para dos turistas cuesta cincuenta”, dice refiriéndose a la vida de la isla. El deseo va en doble vía y no es tan evidente: los cubanos quieren ser capitalistas, pero los capitalistas quieren devorarse a los cubanos. Aquí la ironía deja de ser un juego de niños.

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19

Te quiero mucho poquito nada

Félix Ángel - Novela, 1975

Te quiero mucho poquito nada. Historieta es una novela de formación y una declaración de amor y odio. Amor a Pipe Vallejo: “Hombrecito-niña-niño-cacorro… Monstruo entero niñomediobello”. Odio a Medellín y su gazmoñería. Se publicó en 1975, ilustrada con dibujos del propio Félix Ángel y con un tiraje de mil ejemplares firmados por el autor. Por escandalosa, fue retirada de todas las librerías de la Villa, menos de la Librería Aguirre. Desapacible, experimental, armada a retazos y con un narrador que prueba todos los puntos de vista, la novelita de Ángel se atrevió, de forma pionera, a nombrar un deseo que no tenía voz.

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20

Un beso de Dick

Fernando Molano Vargas - Novela, 1992

Un beso de Dick es, desde hace más de veinte años, una novela de culto: transcurre en la Medellín de los años ochenta entre partidos de fútbol, duchas, camerinos, clases en el colegio y fiestas caseras de fin de semana. La obra está atravesada por la muerte, el despertar sexual y el enamoramiento, entendiendo el enamoramiento como propone el mismo Molano: “Un sentirse más hermoso”. Recordamos muy especialmente a Leonardo, uno de los adolescentes protagonistas de esta novela, a quien le preocupa que la gente interprete la relación entre dos hombres solo como una historia de maricas y no como una historia de amor.

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21

Pura sangre

Luis Ospina - Largometraje de ficción, 1982

Un magnate azucarero padece una enfermedad indefinible. Para mantenerla a raya, requiere la sangre de varones blancos. Para obtenerla, un trío macabro (Florencia, Ever y Perfecto) recorre los márgenes de Cali engañando y capturando a jovencitos que son desangrados y después violados. “No sé qué gusto le sacan ustedes a eso”, pregunta Florencia. “Nadie es perfecto”, responde uno de los hombres. Muchas referencias cinéfilas no impiden que Pura sangre construya también una metáfora sobre una forma de producción económica, la del blanquísimo azúcar, que explotó la mano de obra negra. Detrás de la obsesión por la pureza racial permanece agazapado, entre otros, el pánico homosexual.

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Bert topping to Ernie

William Cruz - Fotografías, 2002

Bert topping to Ernie, del antioqueño William Cruz, es recordada por el extrañamiento que causó al exhibirse en la Sala Alterna de la Galería Santa Fe en el 2002. Se trataba de una muestra de fotografías realizadas a partir de una maqueta arquitectónica que representaba diferentes escenas sexuales usando figuras hechas en cerámica de los personajes de Beto y Enrique de la mítica serie Plaza Sésamo. Las imágenes de un paparazzi, husmeando en la intimidad de estos personajes de ficción, más allá de desenmascarar de una vez por todas la relación secreta que existía entre los dos, nos habla de cuando la homosexualidad se convierte en un secreto a voces que se queda reservado para la intimidad de una habitación con una muy buena cerradura y una gran ventana.

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Los putos castos

Gonzalo García Valdivieso - Memorias, 2011

Cinco años duró Gonzalo García Valdivieso escribiendo un relato sobre su infancia y juventud en el seno de una familia tradicional de Santander. Conocido por haber mantenido una polémica columna hace algunos años en el diario El Tiempo, este antropólogo logra escribir y editar un impresionante libro etnográfico homosexual en clave autobiográfica, cuya gran virtud —más bien escasa en este tipo de trabajos— es el ímpetu de su escritura, la crudeza del relato y la aguda reflexión irónica sobre la homofobia. El autor proclamó que siempre quiso hacer de este libro una investigación sobre la doble moral de la sociedad colombiana; pues bien, no solo lo logró con creces sino que dio vida a un texto singular y poderoso publicado en el 2011.

La virgen de los sicarios
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Del otro lado del jardín

Carlos Framb - Autobiografía, 2007

Al asistir la muerte de su madre a finales del 2007 y fracasar luego en su intento de suicido, Carlos Framb protagonizó uno de los debates intelectuales más intensos de nuestra historia reciente. El antioqueño escribió Del otro lado del jardín durante el posterior proceso penal al que fue sometido por homicidio agravado. Cuando la obra fue publicada, el crítico y poeta Luis Fernando Afanador recordó las relaciones intensas de un hijo homosexual con su madre: “Tal es el trasfondo de esta narración: la imposibilidad de abandonar a la madre, el ‘matrimonio’ indisoluble e incestuoso que, ante el inminente deterioro físico, intenta perpetuarse en la muerte”.

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Acento

Dirigida por Fernando Toledo - Revista, noviembre de 1997 a junio de 1998

El apasionado y audaz proyecto editorial que Fernando Toledo inició en noviembre de 1997, terminó, ocho ediciones después, en junio del 98, con una revista completamente negra. Desde el comienzo su director había pensado que la sociedad colombiana estaba lista para una revista dirigida exclusivamente al público gay. Sin embargo, a pesar de que la respuesta del público fue más que entusiasta, y de que a la revista le fue bien en ventas y suscripciones, la publicidad, fuente fundamental de ingresos, resultó, con los meses, escasa. De ahí que el último número, de una pulcritud y belleza memorables, se convirtiera en un signo de luto y protesta.