Panelistas de la segunda jornada del congreso.

Las discusiones del Congreso

Resúmen de la segunda jornada del Congreso de Cultura y Desarrollo y del lanzamiento del Plan Decenal de Cultura de Bogotá

2011/11/26

Por revistaarcadia.com

Día dos

El segundo día del Congreso de Cultura y Desarrollo estuvo marcado por el debate. El primer panel, moderado por la especialista en planeación social, Clara Mónica Zapata, reunió a los secretarios de cultura de Bogotá, Catalina Ramírez; Medellín, Luis Miguel Úsuga, Cali, Carlos Alberto Rojas, Barranquilla, Diana Acosta, y Manizales, Carolina Vásquez, quienes hablaron sobre sus experiencias en gestión de políticas culturales.

Uno de los temas de discusión fue el del presupuesto de las Secretarías. Mientras que el de Bogotá llega a los 60 mil millones de pesos anuales –si de deja por fuera el área de educación y deporte–, el de Medellín alcanza los 74 mil millones, más 25 mil destinados a la construcción de Parques Bibliotecas, y el de Barranquilla entre 5 mil y 6 mil millones. “El presupuesto de Medellín es histórico –aseguró Úsuga– porque nosotros en el sector cultural nos tomamos el poder”. Los secretarios concordaron en que la inversión del sector privado es necesaria. “En Barranquilla decidimos que las fiestas públicas no deben ser financiadas por el Estado”, comentó Acosta.

El secretario de Cali habló sobre la participación ciudadana y la diversidad que es, sin duda, la base fundamental para un plan cultural. “Cali ha trabajado mucho con el tema afro y una población tan numerosa como la afro exige una política”, dijo Rojas. Justamente, otra de las discusiones de la jornada giró en torno a las acciones afirmativas frente a las minorías y grupos en condición de vulnerabilidad.

Para Ramírez, las acciones afirmativas son “medidas transitorias que buscan disminui las brechas y generar una transformación de los estereotipos sociales”. Algo distinto opinó Rojas para quien conceptos como “vulnerabilidad” y “minorías” no caben en una política cultural entendida como un ejercicio de derechos. Se trata, en cambio, de cómo la política cultural asume las particularidades de un grupo. En eso estuvo de acuerdo Acosta: “Si hablamos de inclusión no podemos encasillar”. Úsuga enfatizó en que las acciones afirmativas encuentran obstáculos para llevarse a cabo debido a la falta de un plan nacional de cultura. Para él es urgente la articulación de los planes locales en este tipo de discusiones. “Necesitamos un guión nacional que nos respalde y nos permita gestionar leyes”, concluyó.

El panel finalizó con la pregunta sobre cómo medir el impacto de los planes culturales. En este punto hubo consenso: la participación ciudadana y los indicadores son la fórmula para la medición.

El debate continuó por cuenta del psicólogo Germán Rey quien habló sobre cómo la cultura, más allá de ser una herramienta o un lujo, está empezando a ser un elemento clave para la gestión pública. “El tema cultural forma parte integral del proyecto político que un grupo de ciudadanos plantea para el proyecto de ciudad. Después de seis gobiernos, Bogotá ha podido acentuar el tema cultural y saber qué quiere la ciudad en términos de cultura”. Rey retomó uno de los asuntos tratados durante la jornada: un plan no es una camisa de fuerza, por el contrario, la cultura en una red de significados que merece ser descifrada y un plan es un intento de desciframiento. “Un plan es el producto de una discusión social. Es una conversación”, subrayó.

Muy en sintonía con lo dicho por Rey estuvieron las recomendaciones que los especialistas Carlos Villaseñor, Lucina Jiménez y Mónica Lacarrieu hicieron al Plan Decenal. Reconsiderar el sentido de territorio desde una perspectiva global, escuchar a la ciudadanía, fomentar las competencias y asumir que se está actuando desde el terreno político fueron algunas de las sugerencias de Jiménez. Lacarrieu, por su parte, señaló la importancia de los procesos y Villaseñor resaltó la importancia de haber logrado un acuerdo para los próximos diez años.

Al cierre del Congreso, la secretaría Catalina Ramírez presentó sus conclusiones: “Nos hemos escuchado, hemos disentido y hemos dialogado a partir de nuestras diferencias. Eso nos ayuda a construir una identidad como nación”. Finalmente, Ramírez recordó la necesidad de que el Plan Decenal entre en conversación con otros sectores y áreas del conocimiento. “Necesitamos buscar aliados, Necesitamos la vinculación de la sociedad civil y de los privados para encontrar esos espacios de diálogo”.

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