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Consumado y consumido

Mauricio Loza reseña "El hombre ventilador" de William Kotzwinkle. Editorial Capitán Swing.

2012/04/18

Por Mauricio Loza.

Solo para empezar con el pie izquierdo. El listón con el que venden el libro es mentira, William Kotzwinkle no escribió el “genial guión” de E.T. el extraterrestre o de Pesadilla sin fin. Como establece la presentación del libro, Kotzwinkle escribió la novelización del guión de E.T., el guión original de Pesadilla sin fin IV y la novelización de Superman III, lo que muestra que el autor no estaba tan conectado en Hollywood como los editores nos hacen pensar.

Ahora, el pie derecho, al tema. El hombre ventilador echa viento sin ir a ninguna parte; no podríamos decir que el libro es descarrilado porque no tiene carriles. Lo que a primera vista parecería una historia contada en primera persona por un lascivo y febril niño-hombre que tiene un serio trastorno por déficit de atención con hiperactividad y que, no contento con su condición, dedica gran parte de su tiempo a exacerbarla con todo tipo de sustancias (algas, hongos caseros, todo muy vegetariano en todo caso…), todo esto colapsa y se consume en sus propias posibilidades, como un demiurgo que aburrido de su creación cambia constantemente de rumbo, obligándose a divagar para encontrar sentido en la realización de ser un punto y no de moverse en una línea.

¿Pero cómo se sosteniene una narración bajo estas condiciones? El truco de Kotzwinkle radica en ensillar y montar descaradamente a su personaje, y así, campante, sobre el lomo de su personaje principal Horse Bardoties, da forma a intenciones que la mayoría de autores no se atreverían a articular por querer expresar un mensaje ulterior, el corazón de su obra. Donde William S. Burroughs y Hunter S. Thompson utilizan el flujo de conciencia como un instrumento retórico, Kotzwinkle sigue adelante, sobre el lomo de su particular personaje, en su empeño de describir un mundo que se sostiene entre la saturación y el delirio, concretando una sonora masa aforme perfectamente hermética.

Pero El hombre ventilador no pertenece del todo a la raza quijotesca de Ignatius Reilly, el absolutamente desquiciante narrador de La conjura de los necios de John Kennedy Toole. Horse Bardoties siempre tiene un inesperado rodeo que abordar a cabalidad para poder seguir su desaforado camino. Y justo cuando parece que este tren bola de nieve va a dar al traste con cualquier lógica de principio-desarrollo-desenlace, aparecen un par de rieles, finísimos, que igual se llevan la estación por delante.

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