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Dilemas periodísticos

César Molinares reseña "El caso Klein" de Olga Behar y Carolina Ardila. Icono Editorial.

2012/04/18

Por César Molinares.

El caso Klein de Olga Behar tiene un gancho y es el de entrevistar a un protagonista de la violencia en Colombia. Un mercenario que entrenó a tropas paramilitares en el Magdalena Medio a finales de los años ochenta, desencadenando lo peor del conflicto armado. Klein se defiende diciendo que fue contratado por personas a las que creía honorables y con una causa justa para defender lo suyo contra la plaga de la guerrilla.

Este libro tiene los testimonios del mercenario y de uno de sus colaboradores, Amatzia Shuali, quienes con una naturalidad pasmosa justifican su presencia en Colombia y ofrecen su visión del nacimiento del paramilitarismo. Según ellos, son mercenarios israelíes que fueron contratados bajo el visto bueno de su gobierno para instruir a unos civiles en una guerra ajena.

El libro le permite a este mercenario justificar lo que hizo en Colombia porque contaba con la aprobación de los gobiernos colombiano e israelí. Para él todo era un negocio legal como lo hizo después en Panamá, Guatemala y Sierra Leona, en donde se vio involucrado en golpes de Estado y conspiraciones para importar armas.

Pero no es suficiente con tener un gran protagonista ni una entrevista exclusiva para garantizar un buen libro. De allí en adelante hay que confrontar al entrevistado y chequear datos para no quedar a merced de las ocurrencias de Klein, que es lo que ocurre al final. Klein dice lo que quiere y nadie lo ataja.

Hace falta esa rigurosidad y distancia —esa habilidad— del periodista para enfrentar al entrevistado, para establecer una posición crítica y hacerlo caer en cuenta de sus contradicciones y hacer las preguntas incómodas. Si el periodista sabe que está enfrentando a un criminal que no tiene ética ni está dispuesto a reconocer sus crímenes, la conducción de la entrevista puede tener un resultado más interesante.

Lo que queda con el libro de Behar es que pareciera que se dejó seducir por el protagonismo de Klein y dejó en sus manos la construcción de la historia. Citando al mismo mercenario se trataba de contar la verdad, pero quedó reducida a “su verdad” de los hechos en donde él se dedica a exculparse y a señalar a los que considera que fueron los responsables del nacimiento del paramilitarismo en Colombia. Algo muy parecido sucede a diario cuando los periodistas arman grandes notas basadas únicamente en la versión de los victimarios, una práctica que ha tratado de corregirse en el camino de Justicia y Paz.

El libro deja ver a un par de periodistas que tienen una valiosa oportunidad de desentrañar un capítulo oscuro en la historia del paramilitarismo, pero en él se evidencian las costuras de la entrevista, de la que no se hizo un ejercicio de edición ni de contextualización. Al final el lector queda con la impresión de que no hay una postura crítica y analítica de lo que dice un hombre oscuro que fue el tutor de los peores criminales de la historia de Colombia.

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