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El aullido de las masas

Felipe Restrepo Pombo reseña "Cultura mainstream" de Frédéric Martel. Editorial Taurus.

2012/04/18

Por Felipe Restrepo Pombo.

Los franceses miran con un respetuoso desdén los productos culturales extranjeros. Sobre todo si vienen de Estados Unidos y, todavía más, si son “comerciales”. Esa actitud —muy respetable— no es nueva: en Francia, en general, nunca ha sido bien visto leer best sellers o ver cine hecho en Hollywood. Esto explica, por un lado, su abundante y extensa producción cultural. Pero también es la razón por la cual la cultura francesa parece enfrascada en un círculo vicioso.

Por eso el riguroso ejercicio de observación de Frédéric Martel en su libro Cultura mainstream (2011) es tan valioso. Este doctor en sociología —nacido en 1967— ha tenido una brillante carrera académica: ha sido investigador y profesor del prestigioso Instituto de Estudios Políticos de París, de Harvard y de NYU. También ha tenido una destacada trayectoria en el sector público como consejero de los ministerios de Cultura y Educación y agregado cultural en Washington. Ha publicado varios libros: Le Rose et le noir (2000) —una historia del homosexualismo en Francia durante la segunda mitad del siglo XX—, Theater (2006) —un estudio sobre el declive del teatro— y, a principios de este año, J’aime pas le Sarkozysme culturel —un demoledor ensayo sobre la frivolidad de la era Sarkozy-Bruni—, entre otros. Como si fuera poco, es un respetado periodista: colabora con varias revistas y diarios, dirige el portal nonfiction.fr y presenta Soft power, un programa de televisión semanal.

Martel, evidentemente, es un investigador meticuloso. “Tengo una gran admiración por la sociología estadounidense, por el valor que atribuye a la observación rigurosa del terreno y a las entrevistas”, dice. Y, hay que reconocerlo, su trabajo de campo es deslumbrante. Para escribir Cultura mainstream viajó alrededor del mundo y entrevistó a más de mil personas involucradas en la industria del espectáculo. Habló, en Los Ángeles y Tokio, con los directivos de Disney, Pixar y Sony; en México, con los creadores de telenovelas en Televisa; con los dueños del pop asiático en Corea y del reggaetón latino en Miami; con los programadores de Al Yazira en Qatar, los productores de Bollywood y los editores de Condé Nast en Manhattan. Martel quería demostrar que los productos masivos no son golpes de suerte. Su conclusión es otra: Justin Bieber, Avatar, Oprah, American Idol, El rey león, por mencionar algunos, responden a una estrategia de negocios calculada milimétricamente por algunas de las empresas más ricas del planeta. Y que la cultura, a diferencia de lo que creen algunos, es una mina de oro.

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