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El mandato de la piedra

Rodrigo Restrepo Ángel reseña "Has de cambiar tu vida" de Peter Sloterdijk. Editorial Pre-textos.

2012/04/18

Por Rodrigo Restrepo Ángel.

“Has de cambiar tu vida” es el verso final de uno de los más hermosos sonetos de Rilke. En un paseo por el Louvre el poeta se encuentra con el torso casi destruido de Apolo, imagina su cabeza inaudita y siente el estallido de todos sus bordes. Y de repente le llega la iluminación imperativa, la revelación mística: “No hay ahí sitio alguno que no te mire a ti / Has de cambiar tu vida”.

Rilke, dice Sloterdijk, consigue escuchar en el mandato de una piedra la llamada de toda religión, de toda ética y de toda ascesis, esa tensión vertical, esa tracción ascendente que obliga al hombre, como decía Sócrates, a superarse a sí mismo. Pues el hombre bien podría definirse como “el animal de tendencias ascendentes”. Es ese mismo llamado el que, como un fantasma, ronda el mundo occidental en nuestros días, tras dos siglos de un excesivo pragmatismo elemental y casi uno entero de un preocupado ser-en-el-mundo. Es el fantasma de la religión y del retorno de los dioses.

Pero cuidado, advierte Sloterdijk: lo que regresa no es la religión, pues en sentido estricto “no hay ninguna religión”. Tal como Marx y Engels escribieron su Manifiesto comunista a fin de aclarar el vago rumor de un fantasma que rondaba Europa, Sloterdijk —heredero de Nietszche, Heidegger y Wittgenstein— se da a la tarea de criticar la leyenda del retorno de la religión y de poner en orden los conceptos. Lo único que hay, sostiene, son “sistemas, malentendidos, de prácticas espirituales”. Lo que retorna, entonces, es el reconocimiento de lo inmunitario en el ser humano, si entendemos lo inmunitario como una serie de sistemas simbólicos y rituales, un conjunto de ejercicios físicos y mentales para enfrentar “los vagos riesgos de la vida y las agudas certezas de la muerte”.

Sloterdijk emprende un voluminoso recorrido por las “formas modernas de ejercicio de formación del sujeto”: desde los talleres renacentistas de artistas y artesanos, los estudios de los eruditos y los secretarios del Renacimiento, hasta las galerías de arte, los centros de fitness y los laboratorios de tecnología genética. De San Francisco de Asís a Wittgenstein, Foucault y la cienciología; del gurú indio al apóstol cristiano, el escritor moderno o el trainer de gimnasio, Sloterdijk rememora, examina y traduce a nuestro confuso entendimiento de la era del entretenimiento, las formas de vida de aquellos ejercitantes espirituales, “que no cesan de liberar energías salutógenas”.

Ante la crisis global y la amenaza de catástrofe, y ya exentos de una idea emotiva de Dios y del mismo superhombre, hemos —como el único imperativo ético de nuestro tiempo— de cambiar nuestra vida. Hemos de reconstruir, atendiendo al llamado del último Nietzsche, la doctrina de una vida basada en la ejercitación y asumir el mandato de la piedra: la ineludible tensión humana de la verticalidad. Hemos de examinar esas antiguas formas de ejercicio, liberadas ya de sus exageraciones metafísicas, para encontrar a través de ellas otras formas nuevas. No se trata más de salir del mundo, ni de situarnos en la cínica actitud deconstruccionista del intelectual contemporáneo. Se trata de salir, de una buena vez, de la apatía, el atascamiento y, ante todo, de la banalidad.

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