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Historia sin fin

Mario Niño reseña "Víctima de la globalización. La historia de cómo el narcotrafico destruyó la paz en Colombia" de James D. Henderson. Editorial Siglo del Hombre.

2012/04/18

Por Mario Niño.

Pocos saben que a mediados de 1920 la cocaína se vendía libremente en farmacias norteamericanas. Solo hasta 1960 las drogas llegaron a Colombia, cuando los capos gringos sembraron cultivos de la marihuana conocida como Colombian Golden en la Sierra Nevada de Santa Marta. Los primeros narcos encontraron una sociedad precaria y una élite política proclive a la corrupción. Años después, la marihuana y la cocaína llegaron a ser el principal motor de la economía y, a su vez, una fuente inagotable de dinero para mafiosos y guerrilleros que pudieron financiar una guerra a muerte con el Estado colombiano. Víctima de la globalización explica al detalle esta tragedia.

El académico norteamericano James D. Henderson analiza las implicaciones económicas del narcotráfico para Colombia y las ambigüedades en la política antidrogas de Colombia y Estados Unidos. Así, el libro se proyecta como un abrebocas al debate actual que busca un cambio en la política prohibicionista impuesta por Estados Unidos. El estudio también aporta una mirada fundamental a la responsabilidad compartida que tienen los países consumidores y productores con las miles de víctimas de la violencia del narcotráfico. Un compromiso que va más allá de la cooperación militar y que se enfoca en el apoyo internacional a la reducción de la desigualdad social y la promoción de la modernización de la Colombia rural por medio del desarrollo del campo y la restitución de tierras.

Es un estudio valioso pues recopila cincuenta años de la historia del narcotráfico, con cifras actualizadas y referencias a otros estudios serios. Con simplicidad y sensibilidad, Henderson da sentido a historias que vivieron los colombianos en los años en que el terror se apoderó de campos y ciudades. Y si bien los años más duros pasaron, el negocio se mantiene. “Es posible que Colombia nunca ponga fin a su industria ilegal de droga, al menos mientras los consumidores estén dispuestos a pagar grandes sumas de dinero por la cocaína”, dice Henderson.

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