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Homenaje de un viajero

Joe Broderick reseña "De viaje por el mundo. Crónicas y notas sobre experiencias en 70 países", de David Sánchez Juliao. Ediciones B.

2012/04/18

Por Joe Broderick.

David Sánchez Juliao murió el año pasado. Antes de emprender ese último viaje sin retorno, entregó a sus editores esta recopilación de notas sobre sus múltiples viajes por el mundo. La foto de la portada —el autor vestido de safari con cámara colgando, chupando barriga y posando al lado de un extravagante personaje no identificado que podría ser un venerable sabio hindú o el simple portero del hotel, o tal vez un mamagallista colombiano disfrazado para una fiesta de Halloween— nos prepara para un libro light. El estilo de Sánchez Juliao, claro está, era siempre light. Si el lector espera una introducción seria a los diversos mundos y complejas culturas de los países que el autor visitó a lo largo de muchos años —que es lo que normalmente justifica un libro de viajes, de los cuales hay muchos y muy buenos— se va a defraudar. Este es fundamentalmente un viaje por las anécdotas, las conversaciones pasajeras y los chistes y las ocurrencias de momento que recuerda este simpático caribe en el curso de su vida y sus andanzas. La mayoría de los recuerdos recopilados aquí evoca encuentros e incidentes que ocurrieron en diversos y muy variados lugares del mundo. Son unas instantáneas; de hecho, “Instantáneas de América del Sur” es el título de uno de los capítulos. Son snapshots como los que un turista toma para registrar su impresión de un momento fugaz. Aquí no debemos esperar más que una especie de postal que pone feliz a quien la recibe de su amigo en el exterior.

Podemos iniciar el viaje, nos advierte, desde “cualquier punto de su geografía”. Entonces a este lector le dio por ir primero a la última sección, la que trata de Egipto. Recordaba que, en El Cairo, David vivió un tiempo como embajador de Colombia, y pensó que tendría mucho para contar sobre ese fascinante mundo árabe. Tal vez su estadía en Egipto fue demasiado breve, interrumpida abruptamente por unas circunstancias lamentables, así que estas páginas resultaron tan breves que no alcanzan a darnos el retrato pormenorizado del país que el autor hubiera querido. Abre con una comparación del clima con el de España, y esto lo menciono porque ofrece un buen ejemplo del descuido de sus editores. Todos los nombres propios (que son muchos) figuran entre comillas: el “Bar El Quijote”, la “Plaza Mayor”, la “Gan Vía”, y así por el estilo. Cosa que es no solamente un error, sino que visualmente es feo. El autor no ha sido afortunado con su llamado “corrector de estilo”. La falta de cuidado es notoria; en algunas páginas el lector se topa con más de un gazapo en el espacio de apenas dos reglones consecutivos.

David Sánchez Juliao publicó varias novelas ingeniosas, tales como Pero sigo siendo el rey y Mi sangre aunque plebeya, para mencionar solo dos. Esta colección de efímeros apuntes de viaje, aunque pueda ser entretenida, no debería tomarse como el legado más representativo de un autor cuyo aporte a la cultura del país es indiscutible. Su personaje El Flecha, por ejemplo, y el invento, en su momento, del libro cassete, marcaron toda una época y aseguraron un lugar permanente para David Sánchez Juliao en el imaginario colectivo de los colombianos.

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