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Kafka dibuja

Guillermo Sánchez Cervantes reseña "Franz Kafka: Dibujos", editorial Sexto Piso

2012/04/18

Por Guillermo Sánchez Cervantes.

Todo indica que el mito de Franz Kafka nunca se agotará. El mito de aquel abogado checo que murió en 1924 siendo un completo desconocido para la crítica y el mundo editorial; pero cuya obra recorrió el mundo casi en contra de su voluntad, cuando su albacea y amigo Max Brod no cumplió con las órdenes de quemar todos sus manuscritos al día de su muerte. Hoy Kafka es una de las plumas más emblemáticas en la historia de la literatura del siglo XX. La editorial Sexto Piso, a modo de retrospectiva, trae al mercado hispanoamericano una faceta suya poco conocida: la del Kafka dibujante.

Todos hemos leído algún libro de este judío de apariencia frágil, que creció en una familia burguesa de Praga, que perdió a sus hermanas en el Holocausto y que no le gustaba su nombre, mucho menos la letra “K” del apellido que inmortalizaría sus escritos, como la novela El proceso, donde un gerente bancario es aprendido y nunca llega a saber el motivo de su condena a muerte, o La metamorfosis, la historia de un viajante de comercio que va transformándose en escarabajo.

Franz Kafka: dibujos reúne cuarenta dibujos y bocetos en blanco y negro, que rescatan los editores Niel Bokhove y Marijke van Dorst. La gran mayoría de estas piezas fueron extraídas de cuadernos, diarios, apuntes y cartas escritas a sus más íntimos: Felice Bauer, Robert Klopstock o el mismísimo Max Brod. Se trata de un libro que revela su temprana vocación por las artes plásticas, y algunos datan de fechas en que Kafka todavía no se involucraba por completo con su escritura.

Por ejemplo, poco se sabía de sus clases de dibujo a cargo de una “pintora frustrada” (cuyo nombre nunca reveló en sus escritos), o que tenía un particular interés por el arte japonés, o que fue cercano al grupo artístico de Praga, “Los ocho”.

Esta retrospectiva reúne las famosas seis marionetas negras que con frecuencia se emplean como ilustraciones en las ediciones que se han hecho del mítico Kafka. Un par de “pintarrajos”, como él los llamaba, hombrecillos estilizados con tintes expresionistas y que poseen rasgos del mundo fantástico que terminaría por detonar en su producción literaria. Cada dibujo está ordenado según diferentes ejes temáticos (retratos, impresiones de viajes, la caricatura o la abstracción). Cada uno viene acompañado de un texto escrito por el mismo Kafka que explica el “pintarrajo”, aunque en otras partes se recurrió a pasajes de sus libros que, de alguna manera, reflejaran la cosmovisión del autor.

Tan inclasificables como su literatura, estos dibujos inmortalizan la genialidad artística de aquel hombre vestido de frac y rostro pálido, que va desdibujándose en formas gráficas estridentes, como sus seis marionetas negras. Este es un descubrimiento que bien vale la pena conseguir.

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