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La maestra

Julio Paredes reseña "El último recurso y otros relatos" de Edith Wharton. Editorial Navona.

2012/04/18

Por Julio Paredes.

Los argumentos de la presente colección de relatos “El último recurso”, “El ángel de la tumba”, “Los otros dos”, “Xingu” y “Autres temps”, tienen como protagonistas principales a mujeres calculadoras y ambiciosas, sacrificadas e inocentes, de una presunción fatua y risible o que sufren la persecución sin tregua de un pasado oscuro. En algunos casos observadas y juzgadas por la voz directa de un narrador en primera persona, las motivaciones de estas mujeres a la hora de enfrentar el mundo que las rodea, con sus espejismos y pruebas, le sirven a la norteamericana Edith Warthon (1862-1937) de material para confirmar al lector del presente su ingenio a la hora de elaborar tramas y construir personajes. Cualidades fundamentales, aún vigentes, para una perdurable propuesta de ficción breve.

Alimentadas en su mayoría por una sátira mordaz, aunque al mismo tiempo benévola, en las historias de El último recurso y otros relatos Warthon devela, por otra parte, el escenario social en el que transcurrió su vida, con sus protagonistas dispares, entre los que se contaban estas mujeres maduras pertenecientes, como la misma autora, a la sociedad blanca del este de los Estados Unidos, que se movía con naturalidad por los epicentros de ciudades como Nueva York o París, a finales del siglo XIX y comienzos del XX. Sin duda, estos relatos son muestra suficiente y esencial para acercarse y empezar a comprender la literatura de una escritora relativamente desconocida en el espectro actual, como sucede también con otros contemporáneos suyos con quienes compartió, además del lenguaje, un humor semejante. Pensemos, por ejemplo, en dos nombres imprescindibles: Saki y Evelyn Waugh o, por qué no, Henry James, con quien Warthon sostuvo una cercana amistad.

Más conocida por La edad de la inocencia, novela que le dio la fama y le otorgó el premio Pulitzer en 1921, Warthon confirma en estos cinco relatos que ya se trataba de una narradora sagaz, con la capacidad indiscutible para construir un mundo de niveles múltiples e imaginar personajes atractivos, divertidos y enigmáticos, con voces reconocibles. No sobra agregar que, como en toda buena selección de relatos, en muchos momentos de estas páginas el lector encontrará giros como este en el cuento “Xingu”: “No había nada que disgustara más a la señora Plinth como ser preguntada por su opinión sobre un libro. Los libros se escribían para leerlos; si uno los leía, ¿qué más podía pedírsele?...”

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