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Mierda y sexo otra vez

Manuel Kalmanovitz reseña "La revolución electrónica" de William S. Burroughs. Caja Negra Editora.

2012/04/18

Por Manuel Kalmanovitz.

Este texto de William Burroughs, editado originalmente en 1970, es al mismo tiempo un manifiesto y un panfleto. Es un texto apocalíptico que se deleita con la idea del caos y la violencia por venir, sin explicar muy bien qué tiene de bueno o de interesante.

Es también un texto profundamente adolescente, no importa que Burroughs tuviera cincuenta y seis años cuando se publicó. Vuelve una y otra vez a la sagrada trinidad de las inquietudes adolescentes (sexo, violencia y mierda), y lo hace de una manera adolescente, es decir, no para pensar en cada uno de ellos sino buscando escandalizar y causar repugnancia.

Hay dos ensayos en este libro. En el primero Burroughs reflexiona sobre la idea de que el lenguaje es un virus que infectó a los humanos, cambiando a la especie de formas profundas e insospechadas. Habla de simios que, infectados por este nuevo virus, morían eyaculando, preñando a las hembras que, mejor adaptadas, producían hijos más resistentes al virus y capaces del lenguaje. Sexo y violencia, ¡y además entre simios!

La segunda parte tiene una idea igualmente provocadora: que la tecnología puede ser utilizada para manipular a la gente de una forma radical. Habla de grupos de jóvenes que graban audio e imágenes de eventos que, al reproducirse, vuelven a causar lo registrado. Así, graban gente yendo al baño y al reproducir estos sonidos e imágenes, los espectadores se sienten irresistiblemente obligados a ir al baño. Como es de esperarse, el ejemplo lo pone con mierda, sexo y violencia (específicamente con multitudes enfrentándose a la policía).

Pero después de leer estos textos lo más perturbador es la concepción tan excesivamente simple de los humanos que hay detrás de su teoría.

Pensaba que es sorprendente que la vanguardia que encarna Burroughs y el establecimiento (por ejemplo, quienes creen fervientemente en la teoría de la maximización de la utilidad) comparta la misma visión empobrecida de los individuos, que son, según esto, seres ciegos, fácilmente conducibles a un destino elegido, sin inteligencia, sin consciencia, sin esperanza ni autonomía.

La discusión entre esta versión de la vanguardia y el establecimiento es hacia donde se deben conducir estos autómatas tan fácilmente manipulables, porque en lo otro están de acuerdo. Lo que es, claro, extremadamente deprimente.

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