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Monstruo y prodigio

Hernán Sansone reseña "Pequeño mundo ilustrado" de Maria Negroni. Editorial Caja Negra.

2012/04/18

Por Hernán Sansone.

“Este libro es autobiográfico”, advierte al comienzo del prólogo la autora María Negroni. Y a medida que nos internamos en sus breves textos comprendemos que estamos frente a un libro inclasificable, un particular “monstruo y prodigio” cuyo verdadero contenido no se encuentra en la precisión de sus líneas sino en la contraforma de sus figuras.

Negroni arma, desarma y clasifica minuciosamente un bestiario personal de sus lecturas, de sus obsesiones y de sus recuerdos que, agazapados en el orden alfabético, nos asechan y se abalanzan, uno a uno, sobre nuestra memoria.

Los objetos, autores y personajes que Negroni nos descubre y nos recuerda, nos llevan a un viaje de asociaciones luminosas e impredecibles, un viaje en el que solo se nos da el tiquete de ida. Los saltos son vertiginosos: desde los hermanos Chapman hasta Gaetano Zumbo; del castillo de Walpole a la nueva babilonia de Constant; de Bouvard et Pecuchet a la ansiedad enciclopedica de Athannasisus Kircher; de la autómata de Villiers a las pequeñas muñecas de Balzac; del trabajo obsesivo de Henry Danger a la iconografía de Salpêtrière; del poder de síntesis de los gabinetes de curiosidades a la omnipotencia de las exposiciones universales.

Con esta colección arbitraria, Negroni crea un libro bello, íntimamente poético y emparentado con el arte de prologar de Borges. Un libro que nos ofrece “complejizar los interrogantes para acceder, si cabe, a una desorientación mas lúcida”. Al final del prólogo la rosarina Negroni, poeta, ensayista y traductora, nos confiesa: “Así lo escribí: como quien entra a un reino mágico o a un museo de las palabras para jugar con la memoria de lo que perderá”.

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